• Fr. Anselmo Maliaño Téllez, OFM.

De la autenticidad de la llamada a la fecundidad de la misión


La vocación es la experiencia del don que Dios nos concede para ejercitarnos en el servicio y la entrega generosa desde un camino de fe que, requiere una total renunc

ia de todo para asumir el gozo del Evangelio.

Nos llama y nos envía a la misión (Mc 3, 13-14). La respuesta es una tarea de identificarnos con la misión de Jesús (el conflicto que asumió). Es decir, es la disponibilidad de asumir el seguimiento al estilo de Francisco y Clara, de un Jesús pobre y crucificado.

Participar de la cruz de Jesús y de los mártires es cuidar nuestra identidad irrenunciable de minoridad “Nada de ustedes retengan para ustedes, a fin de que puedan ser recibidos totalmente por Aquel que se entregó del todo” (CtaO 29).

Es necesario una actitud de continua conversión para ser testigos eficaces de su amor y en las circunstancias actuales vivenciar los valores del Reino de Dios, en otras palabras, es la convicción de que el camino de servicio al Reino pasa por el conflicto (escándalo), dado por el estilo profético: denunciar y desenmascarar toda idolatría (antireino)[1].

Acoger la formación como un proceso permanente que implica vencer las resistencias y dificultades, y dejarse transformar por el Espíritu que actúa y se manifiesta en los hermanos y hermanas que desde el discernimiento acompañan la historia y el caminar de fe.

Aprender a mirar y asumir la vida franciscana desde la acción transformadora del Espíritu. Es decir, dejarnos interpelar por los pobres, pero saliendo siempre a su encuentro, como bien lo afirma el Papa Francisco: “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo…” (EG 49); promoviendo con coraje el cuido de la casa común tan depredada y en crisis…

Promover y vivir una comunión de vida en fraternidad. Todo nuestro ser y quehacer tiene que estar al servicio de la fraternidad, en donde cada hermano y hermana se relaciona con un corazón humilde y sincero. En realidad para lograr todo esto es necesario hacer un mayor esfuerzo para superar nuestro individualismo, muchos hermanos están más preocupados por sus proyectos personales, llámese colegio, parroquia, clínica, santuario, asilo, apartándose y aislándose poco a poco de la vivencia fraterna cotidiana.

Es muy necesario cuidar la vida de fraternidad, vivir en amor auténtico, es decir, ser constructores de fraternidad y no consumidores de fraternidad… porque la vida de fraternidad es el primer mensaje de anuncio y la calidad de nuestro testimonio evangélico, de ahí la exigencia de crear una comunión fraterna más profunda y de tener un Proyecto de vida y misión.

En la vivencia fraterna se fortalece la vocación y misión a través, de la vivencia del don del Evangelio, de la lectura orante de la Palabra de Dios, la oración, la liturgia y la vivencia sacramental. Todo esto posibilita la apertura hacia lo nuevo, a las personas, a los lugares, al redimensionamiento de nuestras vidas. Sin embargo, hace falta un mayor compromiso social, que incluya en realidad a las personas más pobres, a los desamparados, y hoy en día a los migrantes que tiene que huir hacia otros lugares por la violencia y por la represión ejercida por las autoridades de sus países en crisis.

La fraternidad es la fuerza animadora para crecer en la fe y la entrega, ir a las periferias (dimensión social del Evangelio/Iglesia) y proclamar el amor de Dios y transformar el mundo. El documento de Aparecida señala la urgencia de una planificación pastoral: “La acción pastoral planificada es la respuesta específica, consciente e intencional a las necesidades de una evangelización” (DA 371). En realidad este aspecto sigue siendo un desafío grande en la actualidad, sobre todo por la falta de un Plan Pastoral, son pocas las parroquias que cuentan con este trabajo.

En efecto, ésta dificultad define a grandes rasgos dos incoherencias, una es el clericalismo tan criticado por el Papa Francisco ya que los compromisos están vinculados a una persona y no a la fraternidad como tal; es decir, no evangelizamos desde la fraternidad. En efecto, hay muchos hermanos que tienen una claridad teórica, sobre todo en los temas del subsidio “Enviados a evangelizar en fraternidad y minoridad en la parroquia”, pero en la práctica somos bastante incoherentes.

Y segundo, aunque en la Provincia se haya hecho grandes esfuerzos para promover parroquias pilotos en donde la elaboración metodológica de un Plan Pastoral sea una prioridad para salir al encuentro del hermano y para anunciar la paz y la reconciliación, es como una utopía.

Un análisis más a fondo nos indica que es un modelo de una Pastoral conservadora, más devocional y sacramental, más acomodada y autoreferencial, lo que hace más difícil hacer una renovación pastoral que brinde oportunidades de una experiencia misionera hacia las periferias…

¿A nivel provincial y regional qué propuestas concretas podemos preparar para impulsar esta renovación pastoral en nuestras presencias franciscanas?

¿Mirando y analizando los desafíos parroquiales y sobre todo la propuesta de la misión evangelizadora, que respuestas podemos ofrecer desde la fraternidad?

¿En realidad nos estamos cuestionando más profundamente acerca de lo que significa evangelizar desde la fraternidad?

Soy llamado y enviado para recrear la espiritualidad (carisma) “Ve y repara mi Iglesia”... en este itinerario eclesial de confianza y gozo de que en la dificultad para realizar esta misión, Dios transforma radicalmente nuestras vidas, por eso es necesario el “ardor” misionero para seguir escrutando los signos de los tiempos:

Descubrir en los leprosos de hoy el sentido de seguir abrazándolos y sirviéndoles con todo el corazón. Francisco se lanzó a esta aventura humana y espiritual, como hombre de fe, sabe escuchar la voz del crucificado de San Damián y se abre con toda confianza a su amor.

Vivir con los pobres o entre los más pobres como lo hizo Francisco es asumir el riesgo de una fe comprometida, una fe comunitaria –fraterna- que es vivir profundamente el seguimiento de Jesús hasta sus últimas consecuencias. Es abrazar la cruz como una dinámica del anuncio del Evangelio y del testimonio de dar la vida al estilo de Jesús, de los Apóstoles y de los mártires de todos los tiempos.

La fe es arriesgarse y ponerse en camino, es abrazar la misión no como un conjunto de acciones apostólicas que realizamos, sino como una experiencia de que evangelizamos con nuestra vida, con nuestro testimonio, somos portadores del don del Evangelio. Nuestra vida consagrada es misionera por excelencia, y por ello, debemos salir siempre al encuentro del otro, es decir, emprender el camino con fidelidad y audacia hacia los “claustros olvidados”, sabiendo que debemos actuar movidos por un profundo sentido eclesial, al estilo de Francisco y Clara.

Si reconocemos que es el Espíritu Santo el protagonista de la misión, estaremos dispuestos a reconocer las grandes manifestaciones del Espíritu en la vida de muchos misioneros que se entregaron totalmente a la tarea evangelizadora (recuperar la memoria histórica).

Esto nos llevará a asumir con valentía evangélica (profética):

Una visión ecológica, que aprendamos a escuchar el “grito de la tierra” y denunciemos toda agresión realizada hacia la naturaleza, porque la tierra es signo de alianza entre Dios y el hombre. Y por otro lado, saber escuchar el lamento de los pobres y acudir en su ayuda.

Ser más solidario con los pobres. El testimonio de una vida profundamente solidaria, despojada de ese deseo muchas veces desmedido de los bienes materiales, del poder, sobre todo del acumular y ser poco generosos con el hermano. La misión es practicar efectivamente la solidaridad, la justicia y la misericordia en estos tiempos de crisis económica.

¿Hoy más que nunca es necesario el testimonio concreto de la solidaridad, en realidad cómo lo hacemos vida?

¿Tenemos una conciencia renovada de ser solidario con los misioneros?

¿Estoy dispuesto como Francisco de Asís a dejarlo todo y con alegría evangélica ir hacia las periferias para ser solidario con los pobres?

Hoy nuestras presencias, herederas de la minoridad, están llamadas a crear una autentica comunión de vida, por eso es necesario ofrecer espacios de diálogos abiertos y fraternos, en colaboración con la gran Familia Franciscana, para acompañar a los movimientos populares, en los procesos inacabados de luchas populares, ayudándoles a reconstruir una identidad más profunda y a creer en las alternativas como la no violencia y la paz.

Estar más atentos a los nuevos desafíos de la realidad, sabemos que vivimos tiempos de grandes cambios, entre ellos los medios modernos de la comunicación –tecnología- para ponerlos siempre al servicio de la evangelización y misión.

En fin, buscamos responder al don de la llamada de vivir la vida del Evangelio y de contribuir más a la Iglesia y la sociedad, y por otro lado, ser más fieles y radicales en la identidad, en la minoridad, en la misión contemplativa de la fraternidad franciscana hoy.

Citas

[1] Documento de Puebla 493-497; 498-506.

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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.