• Fr Anselmo Maliaño Téllez

Análisis sobre la crisis en Nicaragua III


La crisis actual del fanatismo ideológico

Fr. Anselmo Maliaño Téllez

Hay varias expresiones con las cuales una persona fanática se identifica, en este contexto social vamos a hablar del fanatismo político, que siempre ha existido en Nicaragua.

Lo que acontece actualmente en Nicaragua es una manifestación de personas fanáticas que actúan en masa, que lejos de resolver la situación conflictiva que vive el país más bien lo agravan y no favorecen un verdadero diálogo.

En primer lugar el fanatismo nace específicamente de la necesidad de poseer y defender la verdad de una ideología –sistema político autoritario y dictatorial- y así dominar y manipular a los demás, sobre todo a aquellos que son más vulnerables al fanatismo, principalmente por razones de trabajo que llegan a convertirse en un deber el defender a su amo. Es decir, el fanático exige ante todo que los demás, sobre todo los que trabajan en las instituciones estatales, tengan que defender y pensar –obligadamente- dentro de una misma ideología, y por eso manipulan y convencen a otros, sin importar las consecuencias sociales o personales.

El fanático –es aquella persona- que pretende obligar afirmando que solo un determinado ente político o partido tiene la “verdad” o la razón para gobernar, y que todo aquel que se oponga a esta “verdad” o ideología tiene que ser deslegitimado, considerado malo o vandálico y por lo tanto, se le debe de reprimir totalmente, disparar, secuestrar, torturar o asesinar[1].

Lamentablemente el fanatismo ideológico -al igual que el religioso- creen poseer esa “verdad” absoluta, es incapaz de retroceder en su postura, no escuchan las demandas de paz y por ello divide a la sociedad –inclusive su familia- y está dispuesto a defender su ideología política cueste lo que cueste: por eso planifica campañas de amenazas y desprestigios en todos los medios de comunicación, está decidido a agredir, a organizar y organizarse en grupos delincuenciales y violentar los derechos de las demás personas –conducta destructiva-, sobre todo aquellos que no son de su bando político.

Cuando vemos un grupo de personas fanáticas generando acciones intolerantes, gritando estupideces ofensivas y destruyendo todo a su paso, aunque sean de la Iglesia, deducimos que no están buscando un verdadero compromiso de paz. Además, nos damos cuenta hasta que niveles de fanatismo se han llegado en el país y hasta dónde los Derechos Humanos pueden ser violentados impunemente, desfavoreciendo el proceso de paz y la justicia social.

Eso es lo que se ha expresado en la agresión violenta y desalmada a los obispos de Nicaragua, el Sr. Nuncio Apostólico y sacerdotes dentro de la basílica de San Sebastián en Diriamba, Carazo, el acoso a comunidades religiosas –Congregación de Hermanas Josefinas- y sobre todo, en el irrespeto a los símbolos de la fe cristiana.

Los obispos en Nicaragua son fieles a la Palabra y a la dimensión profética de denunciar toda injusticia sobre todo aquellas que atentan contra la dignidad y la vida de muchos nicaragüenses. También el CIDH, ha sido coherente en su informe sobre las víctimas de este conflicto y sobre la represión brutal que se está desarrollando. Pero los fanáticos políticos[2] han desprestigiado por todos los medios posibles la labor de los obispos como mediadores en el diálogo[3] nacional, que se ha suspendido.

Por otro lado, hay que reconocer que el fanatismo es un insulto insoportable a la dignidad humana, es enemigo de la democracia y hace resurgir cualquier conflicto incluso el bélico: manipula la realidad, justifica la violencia, acusa de terrorismo[4], califica a los demás de golpistas, de vandálicos hasta llegar al enfrentamiento y derramamiento de sangre inocente.

El fanático no está dispuesto jamás a impulsar cambios a evolucionar ideológicamente –proceso de transformación política-, a lograr la auténtica paz y la justicia[5] para que el país salga adelante, por esa razón las recomendaciones que se dieron en las mesas de diálogo no se han cumplido totalmente.

En realidad las actitudes de las personas fanáticas son peligrosas y constituyen uno de los factores de deterioro de una sociedad democrática, exponiéndola con sus acciones a peligros indescriptibles, un ejemplo claro de ello son los más de 448 muertos, centenares de detenidos arbitrariamente, 2, 720 heridos, golpeados y 718 desaparecidos que cada día van en aumento.

Esta violencia e injusticia es inaceptable y parece predominar, porque el sistema ideológico manipulado por fanáticos políticos impiden al pueblo ejercer sus derechos fundamentales debilitando la paz y la justicia social, pues se está juzgando y condenando a varios años de cárcel a personas que han participado en las marchas, en los tranques, pero no se ha juzgado a los verdaderos asesinos del pueblo. También hay despidos masivos de doctores y enfermeras de algunos hospitales por atender y curar a los heridos…

Esto, en realidad es un reto y un desafío para la democracia en Nicaragua, ciertamente con un largo historial de corrupción política, sin embargo, es necesario un cambio político que genere en realidad nuevos escenarios, estrategias para el fortalecimiento de la paz y la justicia, para un crecimiento económico corrigiendo todas esas prácticas nefastas del pasado.

Ya no tiene ningún sentido ahora esos fanatismos políticos –atrapados en sus propios prejuicios y frustraciones-, es la hora de una nueva Nicaragua en paz. Como nicaragüenses estamos llamados a celebrar la paz y la justicia.

Aunque los fanáticos continúan rezagando la democracia e incrementando las injusticias, sin embargo, el auténtico cambio de rumbo en el país ya está dado, los jóvenes han sido pioneros en esto, la sangre derramada es una señal con insistencia tenaz, de un nuevo amanecer, de una paz genuina.

Los obispos siguen apostando por el diálogo como camino auténtico para que la paz prevalezca y sobre todo para detener el derramamiento de sangre; además, demanda al Estado a deponer sus actitudes violentas, de hostilidades y discordias hacia los que tienen posturas y opiniones diversas. Es un llamado a no poner más obstáculos al diálogo y lo que se le ha planteado como alternativa democrática…

En conclusión, la Iglesia ha manifestado su compasión hacia los familiares de las víctimas y sabe que la impunidad deja un gran vacío e impide la justicia social. Y es precisamente, ésta “cultura de muerte” la que predomina. Sin embargo, es nuestra responsabilidad restaurar las bases de la paz social. Es el compromiso por una paz auténtica en medio de la fragilidad social.

Sigamos orando por Nicaragua y que la Inmaculada Concepción de María nos ayude a vivir con más fe, esperanza y caridad hacia una entrega en búsqueda de la paz auténtica y la justicia para nuestro pueblo… y que San Francisco de Asís haga de cada uno de nosotros “instrumentos de su paz”.

Citas

[1] “Quien mata con atentados terroristas cultiva sentimientos de desprecio hacia la humanidad, manifestando desesperación ante la vida y el futuro; desde esta perspectiva, se puede odiar y destruir todo. El terrorista piensa que la verdad en la que cree o el sufrimiento padecido son tan absolutos que lo legitiman a reaccionar destruyendo incluso vidas humanas inocentes. A veces, el terrorismo es hijo de un fundamentalismo fanático”. Cf. Mensaje de su Santidad Juan Pablo II, “no hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón”. Para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 2002, n. 6.

[2] “Por eso, el fanatismo fundamentalista es una actitud radicalmente contraria a la fe en Dios. Si nos fijamos bien, el terrorismo no sólo instrumentaliza al hombre, sino también a Dios, haciendo de él un ídolo, del cual se sirve para sus propios objetivos”. op. cit.

[3] San Juan Pablo II, nos recuerda: “el verdadero diálogo es la búsqueda del bien por medios pacíficos; es la voluntad obstinada de recurrir a todas las fórmulas posibles de negociación, de mediación, de arbitrajes, esforzándose siempre para que los factores de acercamiento prevalezcan sobre los de división y de odio. Es un reconocimiento de la dignidad inalienable del hombre. Tal diálogo se fundamenta en el respeto a la vida humana”. Cf. Mensaje de su Santidad Juan Pablo II, “El dialogo por la paz, una urgencia para nuestro tiempo”. Para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 2003, n. 6.

[4] “La violencia terrorista es contraria a la fe en Dios Creador del hombre; en Dios que lo cuida y lo ama. En particular, es totalmente contraria a la fe en Cristo, el Señor, que enseñó a sus discípulos a rezar así: “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. Cf. Mensaje de su Santidad Juan Pablo II, “no hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón”. Para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 2002, n. 7.

[5] “Pero ¿cómo se puede hablar, en las circunstancias actuales, de justicia y, al mismo tiempo, de perdón como fuentes y condiciones de la paz? Mi respuesta es que se puede y se debe hablar de ello a pesar de la dificultad que comporta, entre otros motivos, porque se tiende a pensar en la justicia y en el perdón en términos alternativos. Pero el perdón se opone al rencor y a la venganza, no a la justicia. En realidad, la verdadera paz es “obra de la justicia” (Is 32, 17). op. cit. No. 2.

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El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.