• Fr. René Arturo Flores, OFM

Mons. Romero: Místico y profeta


Mons. Romero: místico y profeta.

La mística y la espiritualidad cristiana en muchos espacios pastorales de la Iglesia católica están alejados de una visión de integración humana, de asumir la historia personal y colectiva, de transformar las estructuras sociales, económicas y políticas inhumanas, de la misma vida cotidiana y de la creación; muchas veces hemos propiciado una visión y práctica dualista, sagrada y profana, alejada de la realidad en toda su complejidad, es decir, contraria al dogma de la “Encarnación”. Al respecto el teólogo Boff dice:

“La mística está ligada a la espiritualidad. Espíritu, en su sentido originario (de donde viene la palabra espiritualidad), es el ser que respira. Por lo tanto, es todo ser que vive, como el ser humano, el animal y la planta. Pero no solo eso. La tierra toda y el universo son vivenciados como portadores de espíritu, porque de ellos viene la vida y son ellos quienes mantienen la vida y todo el movimiento creador.

Espiritualidad es aquella actitud que coloca la vida en el centro, que defiende y promueve la vida contra todos los mecanismos de muerte, disminución o estancamiento. El hombre espiritual es aquel que puede percibir siempre el otro lado de la realidad, capaz de captar la profundidad oculta y la referencia de todo con todo como la última realidad que las religiones llaman Dios” (Leonardo Boff. ecología, política, teología, y mística. http://www.franciscanos.net/teolespir/ecoboff.htm).

También, el teólogo J.B. Metz desarrolló un escrito titulado “mística de ojos abiertos”, al respecto una revista sobre Vida Religiosa reflexiona diciendo:

“La mística de ojos abiertos mira la realidad y, sobre todo al ser humano, con la mirada de Dios, desde la libertad de los hijos. De ahí que descubre en todo la presencia de Dios. Por eso, la mística, lejos de apartarnos del mundo, nos compromete aún más en la construcción de un mundo más justo y más humano. Si la mística nos separa del hermano, es una falsa mística. Si nos acerca al hermano, para ayudarle en su pobreza y en su necesidad, es una buena mística. Por eso, místicos somos todos los cristianos, siempre que nos abramos a la acción del Espíritu Santo. Esta apertura a Dios, por su Espíritu, necesariamente nos abre al hermano” (https://vidareligiosa.es/mistica-de-ojos-abiertos/).

Demos otro paso en esta breve reflexión sobre la mística cristiana, y hagamos un acercamiento al evangelio, donde está la memoria teológica y vital de Jesús el Hijo de Dios; la Buena Noticia proclamada por Jesús, nos hace ver que el prójimo es nuestra medida de encuentro con el misterio de la vida y de Dios mismo (Mc 3,1-6; Lc 4,16-21; Lc 10,25-37; Mc 12,28-34; Mt 25,31). La práctica de Jesús está marcada por una relación íntima con el PADRE y por dejarse conducir por el Espíritu (Mc 1,9-14.35; 3,34-35; Lc 7,16). Los evangelios muestran que la vida y práctica de Jesús se desarrolla desde una mística y espiritualidad que se basa en la intimidad con el PADRE (oración: silencio, escucha y diálogo) y en el encuentro plenamente humano con el hombre y la mujer de su tiempo. En Jesús no encontramos dos mundos existenciales y vivencias separadas: una sacra y otra profana, ni una doble moral, mucho menos encontramos una esquizofrenia espiritual o algo parecido. Lo que sí encontramos en la memoria de fe del Nuevo Testamento, es que Jesús pasó haciendo el bien en la realidad concreta, amando al otro como se amaba y lo amaba el PADRE (Jn 15,9-20; Hch 10,37-39). Jesús es el modelo de mística y espiritualidad en la comunidad cristiana. Digamos una palabra más sobre esta temática.

“Como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección: Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño” (Romero, 1980).

Por estas tierras pasó un hombre profundamente humano y un místico cristiano, que desarrolló su servicio de obispo haciendo el bien al pueblo salvadoreño: Oscar Arnulfo Romero. Él fue un profeta con su palabra y con sus opciones en favor de la justicia, la libertad y vida, cuidando y defendiendo al empobrecido, en un contexto de guerra civil donde las estructuras militares y policiales no cuidaban al pueblo sino generaban violencia y muerte en la gran mayoría de la población; por eso Mons. Romero terminó dando la vida por el pueblo salvadoreño y por ser fiel desde esa mística política al reino de Dios. Citemos algunos párrafos de sus homilías donde hace ver una espiritualidad que se vive con una mística de “ojos abiertos”, pies caminantes y corazón expuesto, acompañando la historia y buscando la transformación social como expresión de la voluntad de Dios aquí y ahora:

“La verdadera paz es aquella que se basa en la justicia, en la equidad, en el plan de Dios que nos ha creado a su imagen y semejanza, y nos ha dado a todos los hombres la capacidad de contribuir al bien común de la república” (14-8-77).

“Cuando ahora luchamos por los derechos humanos, la libertad, la dignidad, cuando sentimos que es un ministerio de la Iglesia preocuparse de los que tienen hambre, por los que no tienen escuela, por los que sufren marginación, no nos estamos apartando de esta promesa de Dios: viene a liberarnos del pecado…por eso, la Iglesia sabe que está salvando al mundo cuando se mete a hablar también de estas cosas” (18-12-77).

“El pecado estructural instalado, enquistado en nuestra sociedad, ya casi nos ha hecho insensibles…y es necesario que, en esta hora en que recogemos una víctima de esas estructuras injustas, reflexionemos la necesidad urgente de estructurar de otra manera la vida de nuestro país” (21-6-79).

“Esta hora de El Salvador es un hora de sincera conversión, que de nada servirá crear estructuras nuevas si no hay hombres nuevos que las manejen…también los eclesiásticos, también los cristianos, tenemos que hacer una revisión profunda de vida y cambiar de acuerdo con las exigencias de la justicia y del amor en nuestra patria” (21-10-79).

“Que hermoso será el día en que una sociedad nueva, en vez de almacenar y guardar egoístamente, se reparta, se comparta y se divida, y se alegren todos porque todos nos sentimos hijos del mismo Dios” (27-01-80).

“Dios nos llama a construir con él nuestra historia. Y la construcción de Dios no quiere ser sobre sangre y dolor, quiere ser una construcción de hijos de Dios que hagan valer la característica más propia del hombre: la razón y la libertad iluminada por la bondad” (10-2-80).

Mons. Romero buscaba discernir y actuar según “los dinamismos las fuerzas que pueden construir una sociedad según el corazón de Dios” (20-8-78).

Fr René Arturo Flores. JPIC, El Salvador

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El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

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