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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.

  • Henri Morales

Renovación de la pastoral litúrgica


Renovación de la pastoral litúrgica

Fr. Anselmo Maliaño Téllez OFM.

“No basta reformar los libros litúrgicos para renovar la mentalidad”. Papa Francisco.

La Iglesia nos invita hoy, a llevar a cabo “una seria revisión de nuestra misión”; en este contexto, las parroquias deben impulsar un plan para organizar la Pastoral litúrgica[1], la finalidad de este trabajo es en primer lugar favorecer la revisión del carácter pastoral de la liturgia. Significa que la comunidad parroquial y sobre todo los encargados de la vida litúrgica a la luz de la Palabra de Dios deseen y estén dispuestos a revisar siempre su compromiso concreto, para dar una respuesta responsable y de mayor disponibilidad al caminar eclesial. Es decir, abrir caminos de encuentros desde la pastoral litúrgica.

Esta revisión ofrece continuar con los esfuerzos de la renovación litúrgica propuesta por el Concilio Vaticano II, a partir de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia (Sacrosanctum Concilium). El Papa Francisco propone que: “La reforma litúrgica es irreversible”. Esta tarea reivindica una liturgia viva para una Iglesia viva que en primer lugar la vitalidad está en el compromiso del laicado, la misión compartida y la reciprocidad de una respuesta auténtica al servicio de la misión y evangelización parroquial. Teniendo en cuenta las llamadas de la Iglesia, para que los laicos asuman concretamente sus propias responsabilidades como miembros activos, es decir, que se propicie una vivencia plena de la acción litúrgica.

Es necesario una nueva mirada pastoral y esto exige un proceso de reflexión y discernimiento comunitario para la animación litúrgico pastoral, partiendo de las siguientes propuestas: “La alegría del Evangelio nos desafía a revisar nuestra vida (vocación y misión)”.

  1. Privilegiar el compromiso eclesial con creatividad y fidelidad (Evangelii Gaudium 9).

  2. Promover el surgimiento de nuevos ministerios laicales.

  3. Una actitud de conversión permanente para discernir en los acontecimientos históricos la voz actual de Dios.

  4. Fortalecer el sentido de pertenencia (una pastoral que evite la mentalidad de grupo cerrado, auto-referencial, desfasada respecto a las exigencias de la Iglesia y de los nuevos tiempos).

  5. Animar (actualizar) la formación litúrgica (educación litúrgica)[2] para una mejor vivencia de la celebración sacramental.

  6. Cultivar nuevas formas de servicio (teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos). Por ejemplo, crear y coordinar junto al Párroco eventos especiales.

  7. Promover el encuentro íntimo, la oración comunitaria: Liturgia de las Horas, Lectio divina como Palabra privilegiada de Dios (EG 8). Una pastoral organizada, que asuma y se comprometa siempre en el rezo de la Liturgia de las Horas[3] y de la Lectio divina (lectura orante de la Palabra de Dios).

  8. Vivencia frecuente del Sacramento de la Penitencia, y promover entre los fieles momentos de celebración de la reconciliación (EG 37).

  9. Buscar tiempo y lugares adecuados para los retiros comunitarios[4].

  10. Participación activa en otras actividades de la Parroquia y de la Arquidiócesis.

  11. El deseo de compartir el proceso de misión, para darle continuidad a la acción litúrgica desde la vida (ser y quehacer de la persona). Es decir, sentir en mi vida la urgencia de la evangelización y misión parroquial.

  12. Una liturgia marcada por la solidaridad, por la justicia, que reconozca el rostro de Cristo[5] en los crucificados de hoy. Es decir, una liturgia comprometida con una trasformación social.

El empeño de la parroquia será llevar adelante un proceso de integración y consolidación de la pastoral litúrgica parroquial, para que las diversas tareas y servicios litúrgicos tengan como principio mejorar la vida litúrgica del caminar parroquial. Comprometidos asiduamente en el anuncio de la Palabra (frescura del Evangelio), que requiere una especial atención y preparación, una catequesis de la espiritualidad eucarística, una experiencia de amor profundo a la Eucaristía, fortalecer el dinamismo de la acción misionera, la promoción de devociones arraigadas en la fe del pueblo y aprobadas por la Iglesia: ejercicios piadosos del Viacrucis, nacimientos (belenes), novena a la Inmaculada Concepción, adoración al Santísimo Sacramento, rosarios, corona franciscana, etc.

Es tarea de la Pastoral litúrgica ayudar siempre a la Parroquia a realizar el paso de la liturgia a la vida concreta de los fieles, de manera que ellos mismos regenerados por la celebración eucarística se sientan motivados a llevar una vida de conversión permanente (personal, pastoral y ecológica).

Teniendo en cuenta los principios orientadores que la Iglesia nos ofrece para formar un equipo de Pastoral litúrgica, se hace necesario:

1) Formar y consolidar el Equipo, teniendo en cuenta que está formado por todos aquello agentes de pastoral implicados en el caminar de la vida parroquial, de manera específica, los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión, la Pastoral de la salud, acólitos, coros y ministerio de lectores. Es necesario ofrecer una formación litúrgica actualizada.

2) El primer animador de este equipo es el Párroco, quien dirige activamente la acción litúrgica, pero también es responsabilidad prioritaria de los coordinadores de cada grupo, en especial los mencionados en el numeral 1.

3) La buena marcha, organización y orientación de la Pastoral, depende del grado de responsabilidad de sus miembros, del conocimiento de los símbolos y normas litúrgicas (lenguaje, gestos, ritos), del deseo de superar la rutina, de la integración por medio de la participación activa y responsable, y sobre todo del deseo de colaborar para aumentar la participación y la integración a la pastoral de otras personas, del respeto y la comunicación, de las evaluaciones periódicas (2 al año) para considerar los avances, las fallas y las dificultades del caminar.

4) Planificar junto al Párroco, presentándole un programa que incluya aspectos de la formación litúrgica y sobre todo de la espiritualidad, también establecer criterios pastorales y de la animación misionera en la vida de la Parroquia.

5) Los criterios pastorales tienen entre otros objetivos principales, lograr que a lo largo del año litúrgico y en sintonía con el Párroco, se asegure y se desarrolle de manera adecuada las acciones pastorales litúrgicas y se evangelice a través del testimonio, de manera que se acredite el don de la Palabra de Dios y pueda retribuirla a los demás.

El Papa Francisco ha dado un nuevo giro a la Iglesia y también nosotros debemos de celebrar fervientemente esa búsqueda de un nuevo rumbo para la Iglesia, y dar el paso de una Iglesia autoreferencial a una de salida… una pastoral que se deja provocar por los desafíos inéditos y responde a ellos con profetismo, audacia y coraje para vivir la fraternidad universal.

Citas a pié de página

[1] Hay numerosos documentos y textos posconciliares que avalan una pastoral litúrgica, con el objetivo de que haya una verdadera participación activa del pueblo de Dios en las celebraciones litúrgicas. Razón por la cual la pastoral de la liturgia está llamada a trabajar en común para que la propia liturgia sea el centro de la Pastoral de la Iglesia.

[2] Los pastores de almas fomenten con diligencia y paciencia la educación litúrgica y la participación activa de los fieles, interna y externa, conforme a su edad, condición, género de vida y grado de cultura religiosa, cumpliendo así una de las funciones principales del fiel dispensador de los misterios de Dios y, en este punto, guíen a su rebaño no sólo de palabras sino también con el ejemplo. Sacrosanctum Concilium, 19.

[3] La Liturgia de las Horas, alimenta de manera eficaz la vida espiritual del pueblo de Dios. Papa Pablo VI, Laudis canticum, Constitución apostólica, 170,8; Congregación para el culto divino, principio y normas para la liturgia de las Horas, decreto 1971, 40.

[4] Juan Pablo II, Spiritus et Sponsa, Carta apostólica en el XL aniversario de la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada liturgia, 2003. 11.

[5] Los obispos en el documento de Aparecida n. 393, afirman: “… los cristianos como discípulos y misioneros, estamos llamados a contemplar en los rostros sufrientes de nuestros hermanos el rostro de Cristo, que nos llama a servirlos en ellos: ‘Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo’. Ellos interpelan el núcleo del obrar de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas”.

#FrayAnselmo