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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.

  • Fr. René Arturo Flores, OFM

Nuevos desafíos y nuevos modos de ser Iglesia


LA UNIDAD DE LAS IGLESIAS: BUSCA DAR VIDA, Y VIDA ABUNDANTE

En Roma el 19 de septiembre de 2018, se desarrolló el “mensaje de la conferencia mundial sobre xenofobia, racismo y nacionalizó populista en el contexto de las migraciones mundiales”. Este mensaje es un buen signo de parte de las Iglesias al tomar una postura evangélica y humanizante ante este drama de la migración y el desplazamiento. Aquí en el triángulo de los países del norte de América Central, la migración y desplazamiento está aumentando, en especial con los éxodos recientes. Retomemos algunos párrafos de este “mensaje”, como luces para el camino:

“Profesamos nuestra fe en el Dios de Jesucristo y creemos que la humanidad es creada y amada por Dios y que los seres humanos somos iguales en dignidad y gozamos de los mismos derechos humanos fundamentales”. Este documento eclesial, es claro en el compromiso político y social que debemos tener los seguidores de Jesús ante los migrantes: humanizar la sociedad es parte de nuestra fe.

En este mensaje se expresa, “Conscientes del aumento de las reacciones xenófobas y racistas frente a refugiados y migrantes, nos hemos esforzado en describir, analizar, comprender y abordar la exclusión, la marginación, la estigmatización y la criminalización de migrantes y refugiados, así como las justificaciones de tales actitudes y discursos que hoy existen en varias partes del mundo, incluso en las iglesias”. Es valioso que este mensaje reconoce que en la misma “Iglesia” se justifica prácticas xenofóbicas, racistas y de criminalización hacia los migrantes.

También en este mensaje se denuncia algunas de las causas de la migración, “Las recientes fuentes motrices de la migración y el desplazamiento forzados no solo abarcaron los brutales conflictos por resolver y las consecuencias persistentes de la crisis económica mundial… sino también causas fundamentales como la pobreza extrema, la inseguridad alimentaria, la falta de oportunidades y la inseguridad”. Un aspecto que más nos afecta en nuestra región es la violencia organizada y del Estado que desplaza a la población, por eso señala: “aunque reconocemos el derecho de los refugiados de regresar a su país de origen y vivir allí en dignidad y seguridad, afirmamos y defendemos la institución del asilo…”

Tres aspectos denunciados en este mensaje y que están relacionados son:

“consideramos que la forma en que una persona se vuelve vulnerable debido a la violencia o la precariedad económica está al centro de nuestra reflexión. La xenofobia, que significa primordialmente “miedo al extranjero”, se traduce por una actitud que excluye y confina al otro en su difícil situación mediante formas y estructuras… Por lo tanto, es preciso abordar el miedo del otro y cuestionar la exclusión y marginación de migrantes y refugiados”.

“El racismo es el impacto sistémico y sistemático de las medidas que se toman contra grupos de personas, basándose en el color de su piel. De ahí que separe a unas personas de otras en nombre de una falsa noción de la pureza y superioridad de una comunidad específica. Se trata de una posición ideológica que se expresa en la marginación, la discriminación y la exclusión de determinadas personas, minorías, etnias o comunidades. El racismo genera y perenniza la vulnerabilidad de los integrantes de determinados grupos negándoles sus derechos y su existencia e intentando justificar la opresión de los mismos. En este sentido, el racismo es un pecado, tanto en su expresión personal como sistémica, totalmente incompatible con la fe cristiana”.

“El nacionalismo populista es una estrategia política que busca fundarse en los miedos de personas y grupos, así como fomentarlos, para afirmar la necesidad de contar con un poder político autoritario que proteja los intereses del grupo dominante, ya sea desde el punto de vista social o étnico, establecido en un territorio particular”.

La jerarquía o las comisiones de la Iglesia católica hacen mucho bien cuando llaman a las situaciones estructurales y sistémicas por su nombre, en especial, cuando se señala las causas que deshumanizan y explotan nuestra CASA COMUN.

Es importante cuando la Iglesia por medio de sus diversos servidores o ministros da una palabra con libertad profética, sin sentirse atada por el poder económico y político, ni por intereses de una comodidad o paz individualista. Los servidores y jerarquía de la Iglesia no tienen posturas neutras, pensar eso sería “demagogia” o simplemente ignorancia; somos una institución y un pueblo que cree en un Dios Liberador, no en un dios opresor o a favor de los asesinos. El documento señala un accionar preciso para los cristianos diciendo:

“Ahora bien, negarse a acoger y ayudar a quienes lo necesitan es contrario al ejemplo y el llamado de Jesucristo. Afirmar que los valores cristianos o las comunidades cristianas se protegen dejando fuera a quienes buscan un refugio seguro, sin violencia ni sufrimiento, es inaceptable, socava el testimonio cristiano en el mundo y ensalza las fronteras nacionales como si fueran ídolos”.

“Llamamos a todos los cristianos y a todos aquellos que apoyan los derechos humanos fundamentales a rechazar tales iniciativas populistas que son incompatibles con los valores del Evangelio. Esto último debería inspirar la vida y el discurso políticos para que se tomen decisiones fundamentales con conocimiento de causa, sobre todo en período de elecciones”.

El documento sigue resaltando nuestras raíces bíblicas e históricas que nos remiten a acompañar la vida de los migrantes:

“El deber de hospitalidad, común a todas las hijas y todos los hijos de Abraham, se evoca en la acogida que dan Sara y Abraham a los “extranjeros” (Génesis 18, 1-16), en la enseñanza de los profetas y en el propio Jesús que se identifica con el extranjero (Mateo 25, 35-40) y llama a todos los creyentes a darle la bienvenida como un acto de amor inspirado en la fe”.

La misión de las Iglesias en esta realidad es concreta:

“Las iglesias y todos los cristianos tenemos la misión de proclamar que cada ser humano es digno de respeto y protección. Las iglesias también están llamadas a vivir a diario, tanto la acogida del extranjero como la protección y el ánimo mutuo de todos –cada cual de conformidad con la diversidad de sus propios orígenes e historia– para participar según sus respectivos talentos en la construcción de una sociedad que busque el bienestar en paz e igualdad, y que rechace toda forma de discriminación. Las iglesias son constantemente llamadas a ser sitios donde experimentamos y aprendemos el respeto de la diversidad y donde nos alegramos en el encuentro y el enriquecimiento mutuo. Esto último reviste particular importancia en el contexto de las iniciativas de atención pastoral, prédica y solidaridad de las iglesias, atendiendo especialmente a las iniciativas para los jóvenes y con ellos”.

“El consejo que todos los creyentes podemos dar ha de inspirarse en la “regla de oro”, común a las distintas tradiciones, según la cual, “todo lo que quieran que hagan los hombres por ustedes, así también hagan por ellos” (Mateo 7, 12). Esta “regla de oro” se refleja en los derechos humanos fundamentales que son condiciones a lograr tanto para los demás como para nosotros mismos, regla que también llama a construir la cohesión social. Solo un enfoque inclusivo que considere todas las dimensiones del ser humano y exija la participación de todos y cada uno en la sociedad puede combatir efectivamente la discriminación y la exclusión”.

“Las iglesias son protagonistas importantes en la sociedad civil y la vida política, y les instamos a que, en estrecha cooperación con los asociados interreligiosos y los demás, participen sin demora en asuntos políticos, económicos y sociales, cuidando al planeta “nuestro hogar común” y a quienes sufren, y creando redes de protección social mediante la defensa de causas y la propuesta de principios jurídicos y éticos”.

Este mensaje plantea que como Iglesias:

“Nos comprometemos a trabajar juntos por la transformación de estructuras y sistemas injustos que se perpetúan so pretexto de la estabilidad y la seguridad, crean culturas y condiciones que excluyen a otros y niegan la igualdad de la dignidad y los derechos para todos”.

“Buscamos que las iglesias ejerzan el liderazgo en la creación de una conciencia crítica entre los cristianos sobre la complicidad de algunas teologías con la xenofobia y el racismo para que se aparten totalmente de las mismas y asuman plenamente su rol de guardianas de la conciencia en ese contexto”.

Es importante resaltar que los autores de este mensaje fueron:

El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (ciudad del vaticano); y el Consejo Mundial de Iglesias (ginebra); en colaboración con el pontificio consejo para la promoción de la unidad de los cristianos (ciudad del vaticano).

En estos tiempos donde el neoliberalismo está aumentando con su buen “caldo de cultivo” como es la corrupción, impunidad y violencia organizada-institucionalizada que oprime toda la población. Los cristianos miembros de la Iglesia católica tenemos que ser “críticos” y “analistas” de los mecanismos y estructuras que este sistema está generando: desplazados y expulsados de su país. Los cristianos tenemos que incluir en nuestra pastoral y accionar como Iglesia, planteamientos y acciones políticas en favor de nuestra CASA COMUN, y de todos los vivientes que habitamos en nuestra “hermana madre tierra”.

Fr René Arturo Flores. JPIC, El Salvador.

#FrayAnselmo