• Fr. René Arturo Flores, OFM

II Jornada mundial de los pobres, una realidad que siempre cuestiona nuestra fe.


“bienaventurados los pobres organizados, porque ellos y ellas son semillas de esperanza, resistencia y lucha social”.

Este 18 de noviembre del 2018, el papa Francisco dió el mensaje de la II JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES, la cual tituló, “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó”. Tengamos un acercamiento a algunos párrafos de este mensaje.

“«Este pobre gritó y el Señor lo escuchó» (Sal 34,7)… Este salmo nos permite también hoy a nosotros, rodeados de tantas formas de pobreza, comprender quiénes son los verdaderos pobres, a los que estamos llamados a dirigir nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades.

…el Señor escucha a los pobres que claman a él y que es bueno con aquellos que buscan refugio en él con el corazón destrozado por la tristeza, la soledad y la exclusión. Escucha a todos los que son atropellados en su dignidad y, a pesar de ello, tienen la fuerza de alzar su mirada al cielo para recibir luz y consuelo. Escucha a aquellos que son perseguidos en nombre de una falsa justicia, oprimidos por políticas indignas de este nombre y atemorizados por la violencia; y aun así saben que Dios es su Salvador. Lo que surge de esta oración es ante todo el sentimiento de abandono y confianza en un Padre que escucha y acoge.

El salmo describe con tres verbos la actitud del pobre y su relación con Dios. Ante todo, “gritar”. La condición de pobreza no se agota en una palabra, sino que se transforma en un grito que atraviesa los cielos y llega hasta Dios.

Jornada como esta, estamos llamados a hacer un serio examen de conciencia para darnos cuenta de si realmente hemos sido capaces de escuchar a los pobres. Lo que necesitamos es el silencio de la escucha para poder reconocer su voz... (2)

El segundo verbo es “responder”. El salmista dice que el Señor, no solo escucha el grito del pobre, sino que le responde. Su respuesta, como se muestra en toda la historia de la salvación, es una participación llena de amor en la condición del pobre…La respuesta de Dios al pobre es siempre una intervención de salvación para curar las heridas del alma y del cuerpo, para restituir justicia y para ayudar a reemprender la vida con dignidad. La respuesta de Dios es también una invitación a que todo el que cree en él obre de la misma manera… Lo que no necesitan los pobres es un acto de delegación, sino el compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor. La solicitud de los creyentes no puede limitarse a una forma de asistencia… sino que exige esa «atención amante» (3).

El tercer verbo es “liberar”. El pobre de la Biblia vive con la certeza de que Dios interviene en su favor para restituirle la dignidad. La pobreza no es algo buscado, sino que es causada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia… La acción con la que el Señor libera es un acto de salvación para quienes le han manifestado su propia tristeza y angustia. Las cadenas de la pobreza se rompen gracias a la potencia de la intervención de Dios.

La salvación de Dios adopta la forma de una mano tendida hacia el pobre, que acoge, protege y hace posible experimentar la amistad que tanto necesita. A partir de esta cercanía, concreta y tangible, comienza un genuino itinerario de liberación: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 187) (4).

Cuántos pobres están también hoy al borde del camino, como Bartimeo, buscando dar un sentido a su condición. Muchos se preguntan cómo han llegado hasta el fondo de este abismo y cómo poder salir de él. Esperan que alguien se les acerque y les diga: «Ánimo. Levántate, que te llama» (v. 49)… Por el contrario, lo que lamentablemente sucede a menudo es que se escuchan las voces del reproche y las que invitan a callar y a sufrir. Son voces destempladas, con frecuencia determinadas por una fobia hacia los pobres.

En este caso, qué apropiadas se nos muestran las palabras del profeta sobre el estilo de vida del creyente: «Soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo» ( Is 58,6-7). Este modo de obrar permite que el pecado sea perdonado (cf. 1P 4,8). (5).

…para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta de su corazón y de su vida, los hacen sentir familiares y amigos.

Una experiencia que nos devuelve a la primera comunidad cristiana, que el evangelista Lucas describe en toda su originalidad y sencillez: «Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. [....] Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,42.44-45).(6).

Reconocer que, en el inmenso mundo de la pobreza, nuestra intervención es también limitada, débil e insuficiente, nos lleva a tender la mano a los demás, de modo que la colaboración mutua pueda lograr su objetivo con más eficacia. Nos mueve la fe y el imperativo de la caridad… Una respuesta adecuada y plenamente evangélica que podemos dar es el diálogo entre las diversas experiencias y la humildad en el prestar nuestra colaboración sin ningún tipo de protagonismo.

Lo que necesitan los pobres no es protagonismo, sino ese amor que sabe ocultarse y olvidar el bien realizado. Los verdaderos protagonistas son el Señor y los pobres. Quien se pone al servicio es instrumento en las manos de Dios para que se reconozca su presencia y su salvación (7).

Aquí se comprende la gran distancia que hay entre nuestro modo de vivir y el del mundo, el cual elogia, sigue e imita a quienes tienen poder y riqueza, mientras margina a los pobres, considerándolos un desecho y una vergüenza… (8)

Con frecuencia, son precisamente los pobres los que ponen en crisis nuestra indiferencia, fruto de una visión de la vida excesivamente inmanente y atada al presente. El grito del pobre es también un grito de esperanza con el que manifiesta la certeza de que será liberado. La esperanza fundada en el amor de Dios, que no abandona a quien confía en él (cf. Rm 8,31-39)”. (9). Vaticano, 13 de junio de 2018 Memoria litúrgica de san Antonio de Padua.

La sensibilidad del papa Francisco lo llevó a hacer un mensaje “en contra de la pobreza”, el cual se vuelve una denuncia del sistema global injusto que está destruyendo la CASA COMÙN. Por muchos siglos se predicó en el interior de la Iglesia católica que la pobreza era un bien para llegar al reino de Dios, con la salvedad de que, hay unos que viven en pobreza y esos son bienaventurados, y otros viven en riqueza y esos son…por otro lado, se decía que era el mismo Dios que establecía las “clases sociales” y sus estratos, como un juego donde Dios actuaba antojadizo haciendo que unos sean pobres y otros ricos.

Bueno esta teología herética, que todavía está en algunas reflexiones y homilías con intención ideológica o por ignorancia tiene que ser cuestionada; porque en la actualidad, se está claro que haciendo una buena lectura de las “escrituras” ya sea del camino de Israel, o de las primeras comunidades del Nuevo Testamento, nos encontramos en una clara condenación de la acumulación de la riqueza y los enriquecidos de manera injusta (Lc16, 19-31; Lc 19,1-10). Esta buena lectura es la que hace el papa en este mensaje.

Lo que sí está develado por diferentes informes (estadísticas), es que los pobres son humanos “empobrecidos” por un sistema político y económico, este sistema se le denomina Neoliberal, el cual condenó el papa Juan Pablo II, en la encíclica “Centesimus Annus”, y el papa Francisco siguiendo la tradición retomó la expresión: “capitalismo salvaje”. Las desigualdades sociales han llevado al empobrecimiento de las grandes mayorías (https://www.cepal.org/es/comunicados/la-desigualdad-disminuye-america-latina-la-ultima-decada-pero-su-reduccion-presenta;https://www.ieepp.org/boletines/mirador-de-seguridad/2016/Marzo/7-seguridad-y-desigualdad-desafios decentroamerica/;https://www.elsalvador.com/noticias/365921/el-34-de-salvadorenos-vive-en-condicion-de-pobreza/).

Es a estos empobrecidos con rostros concretos que debemos de “escuchar su grito histórico” (D Aparecida. 427-447). Se trata de denunciar, y de acompañar de manera afectiva, es decir, identificándose con la causa y lucha de los empobrecidos, por eso que escuchar es el primer paso que el papa Francisco resalta para sentir y comprometernos con los empobrecidos. Los cristianos estamos llamados a ver en los humanos empobrecidos en este momento histórico y concreto el rostro de Cristo (Mt 25).

Bien dijo, Jon Sobrino, que a Mons Romero lo asesinaron por defender a los pobres, es decir, por odio a los pobres. La persecución a los seguidores de Jesús, llegará si vivimos las bienaventuranzas (Mt 5,1-12), y esta propuesta de Jesús tiene una dimensión política y social: los empobrecidos existen por la injusticia del sistema, es decir, te pones a actuar con hambre y sed de justicia, serás perseguido.

Tengamos presente que estos días siguen caminando en un éxodo, muchos migrantes rumbo a los EEUU, una de las causas es el empobrecimiento.

Fr René Arturo Flores. JPIC, El Salvador.

#FrayAnselmo

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El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

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