• Fr Anselmo Maliaño Téllez

Adviento tiempo de espera


Adviento es un tiempo de espera… en el que Dios nos espera

Adviento es un tiempo litúrgico breve, que significa “venida, llegada”. Él viene para estar con nosotros, viene para reconciliarnos… por eso es necesario esperarlo.

Es un tiempo en el que se nos convoca a ser testigos fieles de la esperanza; Cristo es nuestra esperanza. Por eso la esperanza cristiana, es siempre activa y sobreabundante (Rom 15, 13), en realidad no podemos vivir sin esperanza.

Es la espera del Señor Jesús (1Cor 16, 22) de la salvación que Dios anuncia a su pueblo.

La esperanza se sitúa en una persona importante que viene al encuentro como Salvador. El Salmo 118, 26. Proclama “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Él es el fundamento de la esperanza, de la vida eterna, el centro de la fe… y por eso nos impulsa a vivir en el amor y en la entrega generosa.

Compartir la esperanza significa el deseo y la preparación para el encuentro que se nutre de la contemplación, del silencio, de la oración y el compromiso concreto de la paz y el amor; por eso cantamos al final “noche de paz, noche de amor”… No es solamente alistarnos para preparar el pesebre, el convivio navideño, sino que especialmente preparar nuestro corazón, nuestra vida, para llevar realmente una vida digna de Cristo dando testimonio de amor y de fe (1Tes 3, 12).

La vigilancia del adviento es el deseo profundo de una renovación espiritual de nuestra vida (Rom 13, 11-14) y discernir lo que nos separa realmente de Dios. ¿Qué puedo hacer para que la venida del Señor no me sorprenda distraído, ocupado en otras cosas?

El adviento es el comienzo de un nuevo año litúrgico, en el que la Iglesia se prepara para ser la “comunidad de la esperanza” y en ella todos tenemos una tarea pendiente que es: despertar la esperanza y conducir al pueblo de Dios por el horizonte de la esperanza. Para no caer en la desesperanza provocada por una realidad compleja de muerte y de destrucción.

En realidad, este nuevo año litúrgico orienta nuestro caminar en la fe, en la vida de comunidad, y nos dice que “Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre” (Hb 13, 8). Es decir, él es el dueño del tiempo y del espacio, abraza la dimensión temporal de los hombres y mujeres, porque ha muerto y resucitado.

La Palabra nos invita a estar preparados para esta venida (Lc 21, 34. 36), para acoger esta buena noticia de salvación, Dios que en su infinito amor se encarna. Dios que viene nuevamente a la humanidad, ese es el misterio de Dios, que se encarna y que camina con su pueblo, es el Verbo hecho carne, se hace parte de nuestra historia humana, es decir, se hace hombre para compartir con la humanidad la historia, la fe y la entrega.

Esta historia comienza por una familia, por personas concretas de carne y hueso, por la Virgen María y su esposo San José, ellos también nos guían en esta historia salvífica.

La liturgia nos exhorta a mirar y valorar esta historia, a mirar a María, la joven valiente y entregada en este proyecto de Dios que se encarna. Ella supo abrir su vida para compartirla con Dios, ahora nos toca a nosotros para abrir todo nuestro ser al misterio de su amor.

Por eso, necesitamos renovar el horizonte común de nuestra fe en Cristo Jesús, y este tiempo de adviento nos devuelve este horizonte de la esperanza, una espera que siempre está fundada en la persona de Jesús, en la misión y en su Iglesia.

Adviento no es un tiempo de deseos incontrolables de comprar cosas (consumir), de poner luces y luces de todos los colores que están prácticamente como un bien de consumo. (1Jn 2, 15-17).

Adviento no es un invento comercial, sino la esperanza de Dios que salva, que se expresa en diversos símbolos: uno de ellos la corona, que es el deseo de que Dios brille en medio de la oscuridad humana. Es el símbolo de la esperanza cristiana.

La corona es un signo de homenaje al Señor que viene. En la antigüedad la corona era signo de la promesa de que nuestra vida vulnerable y débil al final será plena. La corona hoy pretende robustecer en nosotros esta esperanza de que somos hijos e hijas de la luz (Jn 12, 36; Ef 5, 8; 1Pe 2, 9; 1Ts 5, 4-5) y que debemos caminar siempre hacia él que es la luz divina.

Adviento es un tiempo oportuno para transformar de nuevo el corazón en los auténticos deseos del amor. Ese amor que es Dios, que es el misterio que siempre habita en nosotros, para conducirnos por los caminos de la santidad.

El adviento es un tiempo que nos enseña a amar y perdonar, aprender a amar encontrándonos de una manera más auténtica con los demás. Esto también nos prepara para esa venida en el último día (advenimiento final del Señor).

Es necesario caminar espiritualmente para contemplar la grandeza de este misterio humano y divino, y gozar de la solemnidad de la Navidad, el más grande acontecimiento de nuestra historia humana.

#FrayAnselmo

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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.