• Fr. Rene Flores

COP24, y el espíritu de Francisco de Asís que se cuela como el agua dando VIDA


COP24, y el espíritu de Francisco de Asís que se cuela como el agua dando VIDA

Estos días miembros de la familia franciscana han estado presentes antes y estarán en el evento de la COP24, y lo hacen con ese mismo espíritu que movió a Francisco de Asís a cantar a las criaturas; para los franciscanos y franciscanas es un imperativo espiritual el cuidar y defender esta CASA COMÙN, y la comunidad de vida; es en esta comunidad o fraternidad, donde se da una codependencia, cofiliación y coexistencia entre todos los vivientes que habitamos este mismo espacio y aire común.

“La COP24 es el nombre informal de la 24ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). La COP24 tendrá lugar del 3 al 14 de diciembre de 2018, en Katowice, Polonia. Es relevante para los franciscanos participar de la COP de cualquier manera posible.

En primer lugar, porque la COP es el único espacio donde la negociación sobre las soluciones a la crisis climática por parte de los delegados gubernamentales realmente ocurre, y la dimensión ética debe enfatizarse en las soluciones. Los franciscanos pueden colaborar con otros grupos interreligiosos y ONG especialmente a este respecto. Y, en segundo lugar, tal movimiento puede ser el signo y el ejemplo para amplificar conciencia en la Iglesia, ya que la dimensión ecológica de la conversión cristiana no es todavía el tema famoso en la comunidad cristiana misma... En tercer lugar, COP es un lugar excepcional donde uno puede escuchar los poderosos testimonios de los más vulnerables del mundo, varios activistas y expertos, y dialogar con ellos. Son víctimas de la crisis social y ecológica, así como de los profetas de nuestro tiempo. Al igual que el encuentro con el Cristo en un leproso ha cambiado la vida de San Francisco, es fundamental que los franciscanos sean tocados por aquellos que se ven afectados por la injusticia sistemática” (Oficina General de JPIC, Roma).

La ONU, como ente rector o facilitador a nivel internacional, trata de mover sinergias (nosotros desde Jesús diríamos los corazones) y propiciar espacios donde se encuentren los representantes de países, y lleguen a consensos comunes:

“La Convención Marco no obligaba a limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y no establecía un mecanismo para hacerla cumplir. Por eso, se negociaron varias “extensiones” de ese tratado, incluyendo el famoso ‘Protocolo de Kyoto’, en 1997, que definió los límites de emisiones que los países desarrollados debían lograr en 2012. En el ‘Acuerdo de París’, adoptado en 2015, todos los países del mundo acordaron limitar el calentamiento global a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales y mejorar la financiación para lograrlo.

El Acuerdo de París es la única opción viable para hacer frente al cambio climático y ha sido ratificado por 184 Estados parte. Entró en vigor en noviembre de 2016.

Contiene varios compromisos importantes:

Limitar el aumento global de las temperaturas por debajo de los 2°C e intentar que la subida no sea superior a 1,5°C.

Aumentar la financiación para las medidas contra el cambio climático, incluyendo el objetivo de los 100.000 millones anuales de los países donantes a los menos desarrollados.

Crear planes nacionales sobre el clima de aquí a 2020, que incluyan objetivos de reducción de emisiones.

Proteger los ecosistemas, como los bosques, que absorben los gases de efecto invernadero.

Fortalecer la resiliencia y reducir las vulnerabilidades frente al cambio climático.

Terminar un programa de trabajo para implementar el acuerdo en 2018.

Estados Unidos se unió al Acuerdo en 2016, pero, en julio de 2017, anunció que se retiraría. Sin embargo, este país seguirá formando parte al menos hasta noviembre de 2020, la fecha establecida para poder solicitar legalmente retirarse del pacto.

Según un estudio del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, mantener el calentamiento global por debajo de los 1,5°C sobre los niveles preindustriales, ayudará a prevenir que haya daños devastadores para el planeta y sus habitantes, incluyendo la pérdida irreversible del hábitat de los animales del Ártico y la Antártida; las olas de calor extremo mucho más frecuentes; la escasez de agua para 300 millones de personas; la desaparición de los arrecifes de coral que son esenciales para la vida marina; el aumento del nivel del mar que amenaza a los pequeños estados insulares…La ONU estima que, si conseguimos que el aumento de la temperatura se quede en 1,5°C en lugar de 2 °C 420 millones de personas menos sufrirían los efectos de este fenómeno…Todavía estamos muy lejos de conseguir un futuro sin emisiones, pero la urgencia de avanzar es mayor que nunca” (https://news.un.org/es/story/2018/11/1446711).

Este esfuerzo de la comunidad internacional, se debilita ante los países poderosos que son los mayores responsables del calentamiento global y por tanto del cambio climático, siendo uno de los principales el gobierno guerrerista, bélico y xenofóbico de los EEUU. No es extraño que un gobierno que promueve las guerras entre y contra los países, también sea el destructor de la Creación, aun siendo un pueblo creyente en Jesucristo.

El papa Francisco, nos expresa: “Esta hermana (la tierra) clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22)” (LS 2).

Ser creyente en Jesús nos define: de estar del lado de la VIDA, de defenderla y cuidar del más débil (Mc 3,1-6). Además, nuestra opción creyente, va acompañada por el modo franciscano de estar y actuar en la realidad misma, dice el papa Francisco:

“Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología (San Francisco de Asís), amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (LS 10). “La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio” (LS 11).

“El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común” (LS 13).

“La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan” (LS 23).

“Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático. Pero muchos síntomas indican que esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales modelos de producción y de consumo” (LS 26).

Es importante dar pasos éticos que transformen las prácticas en lo personal, comunitario y social, esto incluye el modo pastoral en la Iglesia católica: “Si la crisis ecológica es una eclosión o una manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad, no podemos pretender sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar todas las relaciones básicas del ser humano” (LS 119).

“Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (LS 139).

Que bien los franciscanos y franciscanas entrando en la COP24, de manera simbólica como la “hermana agua”: transparente y sencilla, fuerte y limitada, servicial y dadora de vida.

Fr René Arturo Flores. JPIC, El Salvador

#FrayAnselmo

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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.