• Fr Anselmo Maliaño Téllez

Parroquia en estado permanente de misión


La parroquia en estado permanente de misión

Fray Anselmo Maliaño. frayschema@yahoo.com

Es importante reconocer el carácter misionero de la Iglesia, según el mandato evangélico de Mt 28, 18-20. La Iglesia en primer lugar es misionera y su finalidad es la evangelización, en donde se reconoce que el mandato lo da siempre Cristo resucitado y que él, además, forma parte de la comunidad…

La misión de la Iglesia[1] tiene varios retos y desafíos importantes[2], entre lo que más cuestiona es lo económico ¿por qué las comunidades y la misma Iglesia invierte poco en la acción inmediata de la evangelización? Sin embargo, reconocemos que el evangelizador al igual que Jesús (Lc 6, 8-11) es una persona pobre, pero llena de amor[3]; desprendida y obediente (Flp 2, 8; 1Pe 4, 10; 5, 2)[4].

La actividad misionera es un proceso que implica: llamado a la conversión –personal, pastoral y ecológica-, testimonio de vida (desprendimiento y entrega), trabajar por la causa de la justicia, la paz y el cuidado de la casa común, criticar[5] e iluminar los deberes morales de la sociedad, solidaridad y caridad con los pobres y afligidos, anunciando la frescura del Evangelio (portadores del don de la Palabra), formación de comunidades cristianas y de catequistas, cultivar los ministerios, promover las vocaciones a la Vida Religiosa y Sacerdotal y la cooperación de la Iglesia con las misiones.

La Iglesia tiene la inagotable tarea de enviar misioneros y de vivir en “estado de misión” permanente. Desde el Concilio Vaticano II, se ha afirmado que la Iglesia es: “Sacramento universal de Salvación” (LG 1. 9. 48). En 1990 en la encíclica “Redentoris Missio” del Papa San Juan Pablo II, establece una triple tipología pastoral: a) Actividad pastoral permanente. B) Nueva evangelización. C) Misión “ad gente”.

Está claro que se necesita de una nueva evangelización. Los laicos están llamados a sentirse responsables de la comunidad eclesial. Este cambio eclesiológico ha generado mayor compromiso misionero, frente al pluralismo religioso (llámese grupos o movimientos que están encerrados o del mercado religioso que florece) que genera crisis de fe.

En el año 2007, los obispos en Aparecida insisten en el tema de la misión: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en él tengan vida”.

  1. La fe comprometida de hombres y mujeres en su lucha por la justicia y la paz (Ap 7).

  2. Señala que la fe se debilita y se erosiona (Ap 13, 38), y se señala las causas: individualismo, débil pertenencia a la Iglesia, poco compromiso de los laicos, disminución de las vocaciones, abandono de las prácticas religiosas, cristianos tránsfugas: se van a otros grupos religiosos (Cfr. 100; 293; 527).

  3. Declara que la Iglesia debe estar en “estado de misión” (Cf. 213), de fieles bautizados hay que pasar a discípulos y misioneros. Somos una Iglesia misionera, una Iglesia peregrina[6].

En general, las comunidades necesitan la misión para despojarse de muchos prejuicios que realmente la ciegan… un cristiano que en realidad ha comprobado en su vida el amor de Dios no puede quedarse de brazos cruzados, tiene que compartir ese amor divino con los demás y compartir con alegría su testimonio cristiano.

El quehacer misionero ciertamente es variado y exigente, sin embargo, la misión es un regalo precioso que Dios nos ofrece a todos los cristianos.

Es un itinerario místico de fraternidad y de comunión, compartiendo con otros nuestra fe, nuestros afanes y esperanzas, nuestras certezas y dudas y, nuestros deseos de seguir a Jesús encarnando el Evangelio hasta dar la vida como él. En este sentido el martirio[7] es un fruto de la misión de la Iglesia.

Curiosamente, la espiritualidad del misionero, es obedecer al mandato de Jesús, es sentirse en camino, siempre enviado a los pueblos para anunciar el evangelio, sin miedo alguno a las dificultades, a las persecuciones. El camino de la evangelización no deja de ser complicado, pues exige ciertas renuncias, la donación de sí mismo y sobre todo estar siempre al servicio de la gente (Mc 10, 45).

Entonces, la misión nos compromete profundamente, primero porque estamos llamados a actuar con el espíritu de Jesús (Lc 4, 18-19), para ello es necesario estar abiertos al diálogo, a compartir y liberar, vivir con alegría, con los ojos y el corazón siempre puestos en el Reino de Dios.

Como se ha dicho, la misión es la actividad privilegiada de la Iglesia, es decir, lo primordial en su caminar de fe. Aparecida 347-350, en resumen “Misión es anunciar a Jesucristo con creatividad y audacia en todos los lugares donde el Evangelio no ha sido suficientemente proclamado o acogido, en especial en los ambientes difíciles y marginados, y más allá de nuestras fronteras”.

Finalmente, la misión, la evangelización, el testimonio de vida, el deseo de compartir la fe con los demás, solo resulta posible si crecemos en intimidad espiritual con Jesús, a través de la lectura orante de la Palabra, del discernimiento de su vida, de la vivencia profunda de los sacramentos, de la vivencia en comunidad, del celo apostólico que nace de su vocación misionera.

Preguntas para reflexionar.

  1. ¿Qué es lo que más me llama la atención de esta lectura y a que me compromete Dios de acá en adelante?

  2. Me siento un misionero portador y protagonista del Reino de Dios (Hch 2, 42-47).

  3. El misionero es un testigo del amor de Dios y por eso tiene una tarea inconclusa (Is 49, 6; 61, 1-2; Hch 1, 6-11). ¿Cómo vivo realmente esta tarea misionera en mi comunidad, en mi parroquia?

  4. La misión se configura en medio de las dificultades y persecuciones, hasta el martirio (Rom 5, 3-5; 8, 35-38; 2Cor 4, 7-12; Ap 7, 9-17) ¿Qué dificultades y problemas me detienen en mi acción misionera? ¿Qué tengo que hacer para superar todos esos problemas, miedos y prejuicios que hacen mermar mi vida misionera?

citas

[1] ¿Cuál es la misión de la Iglesia? ¿Cuál es la misión de los Profetas? La misión de la Iglesia es: proclamar las maravillas de la misericordia de Dios. Esta es su primera misión. Pero junto a esa va otra: llamar a los hombres a la fe, a la conversión y a la misericordia. Y en tercer lugar, denunciar todo pecado que vaya contra esa relación con Dios; contra esa fe; contra esa verdad; contra esa misericordia; contra todo aquello que nos aparta de disponernos para que Dios venga. Homilía de Mons. Romero del 11 de julio de 1978.

[2] Mons. Romero afirmaba que: “Una Iglesia que no provoca crisis, un evangelio que no inquieta, una palabra de Dios que no levanta roncha –como decimos vulgarmente-, una palabra de Dios que no toca el pecado concreto de la sociedad en que está anunciándose, ¿Qué evangelio es ese? Homilía del 16 de abril de 1978.

[3] “El amor de Cristo llevó a muchos hombres y mujeres de todos los tiempos, a muchos hermanos y hermanas de ayer y hoy, a recorrer, como Jesús, pueblos y ciudades anunciando la Buena Noticia (Mt 9, 35). El amor de Cristo los llevó a ser “todos para todos, con tal de salvar a alguno” (1Cor 9, 22). Mirando a los grandes misioneros de la Iglesia y, más concretamente de nuestra Orden [franciscana] comprendemos que su actividad misionera es la respuesta al amor con que Dios nos ama. Su amor nos redime y nos empuja a la misión. Es Dios, que es Amor, quien nos envía hacia las fronteras de la humanidad y nos llama a beber de la fuente original que es Cristo, pues solo de esa fuente podemos sacar la fuerza, la comprensión, la ternura, la disponibilidad al amor por la gente y todas las demás actitudes necesarias en un misionero del Evangelio, para dejarlo todo y dedicarse completamente e incondicionalmente a sembrar en el mundo la semilla de la Buena Noticia de Jesús. Fr. José Rodríguez Carballo., VERBUM DOMINI NUNTIANTES IN UNIVERSO MUNDO, Roma, 2009. N. 39

[4] Los misioneros tienen por fundamento evangélico ser personas desprendidas de las cosas terrenales (1Re 19, 19-21; 1Sam 16, 1-3; Lc 10, 1-10; 18, 22) para tener un corazón generoso, libre de las pasiones desordenadas, no encadenados al mundo ni así mismos (Mc 8, 32; Mt 16, 24) evitando toda clase de altercados y búsqueda de poder (Mt 5,31. 39; Lc 6, 29-30; 10,7).

[5] Mons. Romero señalaba que: “Ser críticos es una de las características necesarias de hoy y por eso, conciencia crítica que la Iglesia trata de sembrar, es por lo cual la Iglesia está teniendo conflictos muy serios porque los intereses, naturalmente dominadores, quisieran mantener adormecida una masa y no tener hombres críticos que sepan discernir entre la verdad y la mentira. Homilía del 7 de mayo de 1978.

[6] Mons. Romero decía claramente: “somos una Iglesia peregrina, expuesta a la incomprensión, a la persecución; pero una Iglesia que camina serena porque lleva esa fuerza del amor. Homilía del 14 de marzo de 1978.

[7] Mons. Romero valoró la dimensión del martirio: “… los mártires de nuestro tiempo. Tenemos mártires no lo olvidemos, son nuestros sacerdotes, nuestros catequistas, nuestros hombres de fe que, confundiéndolos con acusaciones de subversivos y de políticos, los han matado, los han torturado… respetemos y solidaricémonos como el Papa nos indica: Con una Iglesia que trata de ser fiel hasta el martirio”. Homilía del 14 de abril de 1979.

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El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.