• Fr Anselmo Maliaño Téllez

La calidad y la fecundidad del liderazgo cristiano


TALLER DE FORMACIÓN PARA LÍDERES

En este momento histórico la Iglesia requiere de líderes auténticos[1] que estén preparados para responder a las necesidades pastorales, y el Papa Francisco en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium describe un estilo de liderazgo[2] laico con el deseo de fortalecer las habilidades del liderazgo que se caracterizan por:

1. El líder es un servidor del Evangelio[3] que se siente comprometido como laico con la Iglesia y por eso desde su conciencia misionera posibilita otros liderazgos, no puede imposibilitarlos. Quien tiene la ambición de mandar (dominar), del poder[4], está ya descalificado como líder. Es necesario ejercer el ejemplo de un liderazgo positivo y eficaz, transformador, en otras palabras de comunión misionera y servicio a los más débiles, reconociendo el primado de Dios (Mt 20, 26-28; Mc 10, 45; EG 12. 130)[5].

Es necesario formar para generar mejores líderes laicos, más comprometidos y dispuestos a servir a la comunidad en nombre del Señor. Los líderes no nacen, tienen que ser formados y el propósito de la formación es transformar toda la persona para emprender una renovación pastoral.

Recordemos que los auténticos líderes no son aquellos que dan retiros maravillosos, que con sus predicaciones nos hacen llorar o que con sus oraciones echa demonios por docenas… (Hch 4, 20). La autoridad del líder surge a partir de la conversión, que movido por el amor divino busca llevar a otros ese amor con alegría, esta misión ocupa un lugar fundamental para el buen caminar de una comunidad (renovación pastoral) procurando siempre la unidad en la diversidad.

2. Sabe anunciar la Palabra y construir la fraternidad; cree lo que ofrece y vive una vida coherente construida sobre la “autoridad”[6] y el servicio. El líder tiene que ser un testigo que enseñe a vivir la fe, su tarea es fundamentarse en la lectura asidua de la Palabra de Dios, sobre todo en la vivencia del Evangelio y de los Profetas, esos grandes líderes, animadores genuinos, que abrieron caminos históricos para los demás.

Hoy necesitamos animadores, acompañantes, líderes que desde el don del discernimiento vivan su papel de renuncia y servicio con amor y compromiso de fidelidad creativa a la Iglesia, a la comunidad o movimiento (Mc 10, 45) en fin al carisma franciscano.

3. A la luz de la Palabra es capaz de hacerse cargo del estado de ánimo de sus hermanos (situación interna del grupo), del pesimismo estéril (EG 85). Hay que tomar conciencia de cuál es la realidad del grupo, movimiento o pastoral (1Jn 4,1). Hay muchos que trabajan duro, se afanan demasiado pero sin discernimiento cristiano.

La Iglesia necesita pastores y líderes laicos que sepan compadecerse de las necesidades de los demás, que saben pastorear al estilo del buen Pastor, que buscaba siempre a las ovejas perdidas, que sanaba a las enfermas y que alentaba a la débil. Describe el padre Henri J. M. Nouwen (1932-1996), que: “La autoridad de la compasión da al hombre la posibilidad de perdonar a su hermano”[7] y concluye diciendo “la misión del líder cristiano es la de sacar a flote lo mejor que tiene el hombre e impulsarlo hacia delante, hacia una comunidad más humana”[8].

4. Cambiar ese estado de ánimo, no conformarse con la mediocridad y asedia egoísta (situación externa del grupo, del movimiento o pastoral). Ejercer el verdadero liderazgo exige una profunda evaluación, requiere mucho esfuerzo y sacrificio para dar lo mejor de sí mismo. Nouwen afirma que: “Cambiar el corazón humano y cambiar la sociedad no son tareas separadas sino que están interconectadas”[9]. Es estar convencido de que el pecado y el mal del mundo se deben eliminar, para crear condiciones más justas y fraternas. “Definitivamente el misterio de animación de la comunidad, no puede recaer en quien no tiene ánimo ni voluntad para desvivirse por sus hermanos” (1Cor 1, 10-16; 3, 3; 6, 1-11; 5, 1-13; 6, 12-19).

5. Vive la armonía en la diversidad y es capaz de ir por delante[10]. El líder cristiano no es aquel que propone soluciones aparentes, hay que lanzarse y saber enfrentarse sin miedo, hay que vivir con intensidad el legado Paulino: “No creo haberlo logrado aún, sino que, olvidando lo que dejé atrás, me lanzo hacia adelante” (Fil 3, 13-14). Se siente llamado a orientar por los caminos de la fe y el compromiso misionero, a ir más allá, a la otra orilla, a saber articular la vida de oración en la comunidad o fraternidad (grupo, movimiento, etc), para librarlos de una vida rutinaria, aburrida y superficial (Lc 6, 12; Hch 6, 2-4), y llevarlos a la misión.

6. Discierne los signos de los tiempos y sabe caminar con el pueblo que sufre muchas injusticias. Un líder cristiano, un acompañante debe vivir una experiencia de providencia, incertidumbre y fe, sabe descubrir el plan de Dios y vive con más intensidad la relación con el Señor. En la incertidumbre quien es líder de la comunidad (grupo, movimiento y pastoral) encuentra signos para seguir esperando, confiando y proponiendo, respondiendo siempre con generosidad real (Hch 20, 27) y con la certeza del amor divino.

Sabe actuar con tenacidad, con audacia, respeta procesos y convence a los demás de su responsabilidad hasta alcanzar los fines propuestos. Sabe que el grupo o la comunidad tienen el “olfato” de encontrar nuevas sendas para el camino, tienen el “sensus fidei”, para ir al encuentro del otro y liberarlo de todo lo que oprime.

7. Estar, en todo lo que vive, informado por la esperanza. La clave del liderazgo es saber que lo que nos espera merece la pena, no podemos poner la confianza en nuestras ideas y en nuestras propias fuerzas sino en los dones del Espíritu (La comunión, el servicio y la fe), para indicar a los demás el camino y para seguir ofreciendo vías creativas desde el Evangelio y salir como señala el Papa Francisco, hacia “las periferias” existenciales, e ir como San Francisco de Asís “por el mundo” anunciado la paz. Ese es el desafío más grande de nuestra vocación franciscana.

8. Mostrar con facilidad una ética, honestidad y verdad personal. El líder debe aprender a evitar estas pequeñas corruptelas (EG 56) de afectos y dineros (EG 55. 57), una economía de exclusión e inequidad (EG 45), de decisiones y cargos (EG 63), de búsqueda y pasiones (EG 94).

9. Tener una mente global (eficacia apostólica del líder). El líder cristiano no es aquel que tiene una mente regional “Provincial”. La misión de la Iglesia hoy, exige una globalidad del amor. Una mente libre y global, salir de nuestra propia cultura, ampliar más la mirada y abrir los oídos al clamor de otros pueblos, al clamor de la hermana y madre tierra y remover los obstáculos que impiden la penetración del Espíritu.

10. Armonizar con destreza los principios firmes con la ternura y la compasión. Vivimos tiempos de crisis y por tanto necesitados de principios firmes, que nos impulse a vivir un liderazgo auténtico, que incida en aquellos indicadores de libertad y vida más originales. Debe de ser un liderazgo persuasivo que carga con la debilidad de los más indefensos y consigue moverlos. Nouwen señala que: “La misión más importante del líder cristiano en el futuro será guiar a su pueblo en el viaje de salida de la tierra de la confusión a la tierra de la esperanza”[11]. Necesitamos más que nunca un liderazgo significativo que abra espacios, inicie caminos y cierre etapas[12].

11. El líder es un coordinador, animador o acompañante de la fraternidad (grupo), que hace el papel de fuerza unificadora, de un trabajo en conjunto y tiene como modelo a seguir el liderazgo de Jesús que transforma a hombres y mujeres.

- La autoridad más que poder es un servicio encaminado al bien de los demás, a salir de un individualismo egoísta y compartir lo que el Señor hemos recibido y que debemos de retribuir. Henri Nouwen afirma que es: “la autoridad de la compasión la que da a la persona la posibilidad de perdonar a su hermano”[13].

- Procura hacer el plan de quitar todas aquellas relaciones basadas en conveniencias, o de un simple estar juntos y de un “hacer” a una “comunión de personas”.

12. El liderazgo está al alcance de todos, sin embargo, requiere un gran esfuerzo personal y espiritual, necesita ser consciente de una formación adecuada, para identificar aquellos rasgos en los que necesita trabajar más: superar esos falsos valores de prestigio, poder, comodidad y dominio.

13. La misión del líder finalmente es sacar a flote lo mejor que la persona tiene e impulsarlo hacia adelante, hacia una experiencia de fe más auténtica y más humana en el servicio y la entrega a los demás. Citando una vez más a Nouwen “El líder cristiano está llamado a ayudar a los demás a afirmar estas grandes buenas nuevas y a hacer visible en los acontecimientos diarios el hecho de que detrás de la cortina sucia de nuestro penosos síntomas hay algo grande que ver: la cara de Aquel a cuya imagen hemos sido modelados”[14].

II. Características de un Liderazgo[15] integrador

1. Es una persona sencilla y clara, decidida y firme (no autoritario), dialogante y sereno, en camino a la santidad (piadoso y con un gran sentido de Dios), un hombre o una mujer de Dios que siempre siente la necesidad de orar y de conversión para sentir el dolor y el sufrimiento de los demás.

2. Hace síntesis de las ideas sentidas en el grupo, destaca las cualidades del grupo y nos compromete a todos a sentirnos responsables del grupo y del caminar de la Iglesia (parroquia, grupo, movimiento, pastoral juvenil).

3. Es una persona que reconoce que conduce personas, que ha abrazado una nueva visión del liderazgo y desea conseguir que los demás vivan esa nueva visión de un liderazgo caritativo y eficaz.

4. Sabe escuchar[16] y reconocer la validez de los puntos de vista del otro, propiciando una comunicación amable, confiada, respetuosa, madura y amigable (vive como adulto una amistad cordial con los demás en la Iglesia).

5. Favorece siempre un ambiente de convivencia fraterna, abierta y agradable, de acogida alegre y de confianza mutua (Jn 17, 13; Flp 4,4) en comunión con los otros líderes, ofreciendo una verdadera y profunda amistad.

6. Esta dispuesto a superar el autoritarismo, paternalismo, celos, miedos, la confusión de autoridad con poder, el respeto con el miedo, la imposición y el orgullo, el activismo que debilita la oración, la vida fraterna misionera.

7. Siente el grupo como algo propio y sabe tomar decisiones grupales, sobre todo aquellas que se orientan hacia una acción creativa y transformadora de la pastoral.

8. Posee un gran espíritu de observación y contemplación, de intuición y un gran don de relaciones humanas basada en una mirada interior de su propia vocación de líder.

9. Sabe planear con el grupo las actividades y establece para éstas criterios de acción según el plan pastoral, mecanismos y procedimientos más efectivos para lograr buenos resultados.

10. Programa evaluaciones y crea otras formas o métodos de evaluación[17] para lograr una medición cuantitativa y cualitativa del caminar.

11. Es hábil para organizar otras actividades y siempre está pendiente y promueve la conciencia de pertenencia a la Iglesia (ministerio, grupo, movimiento, pastoral juvenil), rechazando toda tentación egoísta.

12. Fomenta y apoya las iniciativas pastorales, delega responsabilidades, acepta a las personas, y aprovecha al máximo sus capacidades.

13. Más que confiar en su capacidad personal, confía sobre todo en la habilidad de los integrantes del grupo (estimula la participación de todos en el servicio a la Parroquia), evitando así todo lo que engendra competitividad.

14. Sabe aceptar y reconocer sus propios límites, pero sobre todo es capaz de trascender los límites de sus propios problemas, buscando sobre todo, un equilibrio psicológico para gozar de una vida afectiva madura.

15. Busca alcanzar una madurez afectiva que le permita vivir relaciones maduras y responsables.

16. El líder o coordinador es uno más en el grupo, por eso en las decisiones no prevalece la opinión del líder. “Ninguno de los hermanos tenga potestad o dominio y menos entre ellos” (RNB. 5, 9.14).

17. Siempre está creando conciencia del servicio y de la entrega permanente a la acción evangelizadora de su Parroquia.

18. Promueve la proyección misionera a través de apostolados y aborda las necesidades de su comunidad parroquial.

19. Busca más lo que une que lo divide a las personas, evitando que el grupo sea fácilmente presa de divisiones o rivalidades (Filp 2,5). Es decir busca la unidad en la diversidad.

20. Unifica e integra el trabajo en función de los objetivos pastorales y misioneros de su Parroquia.

21. Busca soluciones a los problemas. No abandona el grupo, ni huye de los conflictos, sino que busca atender las legítimas necesidades para fortalecer las comunidades.

22. No se ve a sí mismo como el experto que tiene todas las respuestas, sino como la persona que puede facilitar el proceso.

23. Es una persona dotada de sensibilidad social que promueve una ecología integral.

24. Es una persona firme en su rechazo de todo lo que envilece y degrada la dignidad de la persona y lo que amenaza la supervivencia, tomando en serio los desafíos ecológicos actuales.

25. Es una persona que no debe optar por la violencia, y más aquella que produce daños ambientales.

26. Es una persona que intuye y propone proyectos pastorales de futuro.

27. Es una persona que vence todo conformismo y resignación.

28. Es una persona que mantiene una comunicación eficiente.

29. Es una persona que mantiene un sano sentido del humor.

30. Valora la formación integral, fomenta el encuentro consigo mismo (conocimiento mutuo y la integración de los miembros del grupo) a través de la reflexión y la introspección, busca recuperar la fuerza de comunión con todos y con la creación. El líder, el animador, es una persona de fe que está llamado a crear un ambiente de comunión e integración.

31. Sabe tomar iniciativa, es entusiasta, dinámico y servicial en la preparación de nuevos líderes.

32. Favorece la formación franciscana para profundizar en la identidad del carisma y para una mejor eficiencia en el servicio. El líder cristiano, encuentra su fecundidad no solo en testimoniar el bien, sino en saber señalarlo en la realidad (EG 74).

II. Aspectos que debilitan la capacidad de liderazgo[18]

El mayor desgaste de los líderes viene de haber perdido en liderazgo evangélico respecto a las “pequeñas cosas de la vida” (EG 4).

El líder debe mantenerse atento contra los peligros de: abuso de poder, de los conflictos que emergen en la organización o grupo, de su propia incapacidad de experimentar empatía por con otro, incapacidad de valorarse realmente a sí mismo, y la incapacidad para una auténtica escucha.

Dos riesgos deben ser señalados, dependiendo de esta interacción funcional:

a) el de un liderazgo de estilo autoritario, que se da cuando el líder determina todas las decisiones de política de grupo aún en sus más mínimos detalles; autoritarismo[19], (exceso de autoridad empleada por un líder).

b) y el de un liderazgo de estilo permisivo, cuando las decisiones son tomadas por los individuos o por el grupo sin la participación o sólo con un mínimo de participación del líder. El permisivismo denota claramente un desorden al estilo de “sálvese quien pueda”. Pero sobre todo en presuponer “que ya todos somos grandes, ya todos sabemos lo que hacemos, todos somos responsables”[20].

Otros elementos que influyen y que hay que tener en cuenta son:

1. No manifiesta por qué ni para qué se realizan las cosas, y así los demás no tienen motivación para actuar.

2. Vida espiritual vacía y activismo desmedido.

3. Intenta disimular su cansancio y sus defectos.

4. Poca honradez para reconocer su propia realidad interior que lo vuelve pesimista y quejoso.

5. Resuelve los conflictos con emociones muy cargadas.

6. Reacciona de forma exagerada frente al conflicto.

7. Es muy rígido en sus opiniones y no respeta las opiniones ajenas.

8. Presenta continuos altibajos en el humor (reprime sus emociones).

9. No reconoce sus propios límites o errores.

10. Caer fácilmente en el conflicto y responder al mal con el mal.

11. Señalar los defectos ajenos e ignorar sus propias limitaciones.

12. Ser muy sensible a la opinión de los demás.

13. Ser indiferentes a las opiniones de los demás.

14. Es soberbio y autosuficiente (se niega a trabajar sobre sí mismo).

15. Se niega o no busca el acompañamiento espiritual.

16. Intenta pasar desapercibido (poca creatividad y espíritu de iniciativa).

17. Incapaz de elaborar proyectos y de colaborar con el plan pastoral.

18. Falta de voluntad y de sacrificio para el servicio.

19. No evita las acciones que generan resentimientos, cinismos y avergonzamientos, calumnias, etc. (EG 100).

20. No evita los comportamientos agresivos o sexuales inapropiados.

21. Incapacidad de vivir relaciones profundas y estables a nivel afectivo y sexual[21].

22. Somete a los demás a extorciones afectivas o imposiciones que no ayudan a crecer.

23. Monopoliza la discusión (sordo al diálogo).

24. Actúa con actitudes combativas, arrogantes y evasivas (evita las confrontaciones directas, no habla sobre los problemas).

25. Presta mucha atención a las relaciones de poder. (El líder, es acompañante, formador, animador, pero no vigilante).

26. Toma muy en serio su papel de “jefe”.

27. Se siente forzado a renunciar a los vicios y pecados, por lo tanto, no es una renuncia verdaderamente positiva.

28. No promueve la responsabilidad del grupo o movimiento considerándolos más bien incapaces de hacer una actividad por sí mismos.

29. Desmotivar la creatividad y todo proyecto que no sea de ellos.

30. Apasionado defensor de una causa o ideología política.

31. Crea confusión en el grupo.

32. Dar órdenes en lugar de establecer un diálogo.

33. Mantiene una actitud testadura, distante y lucha por el poder.

34. Desarrolla una actitud de complacencia y no de lectura de lo que el Espíritu le dice al corazón.

35. Quedarse atrapado en la inseguridad e insatisfacción en torno al grupo.

36. Siente que solo ellos pueden dirigir la comunidad y apagan cualquier otro liderazgo (no admiten ninguna autoridad)…

37. Manipular a los demás (Juego de intereses: forman partidos dentro de la comunidad - fraternidad).

38. No sabe escuchar el punto de vista de los demás “Falso ego”, o considera a los demás como títeres.

39. Tendencia al pesimismo y centrarse en sus propias necesidades (poder). Desinterés por los demás.

40. Temor al cambio, excesiva prudencia y disfrazar la verdad.

41. Miedo al fracaso.

42. Es incapaz de gustar y gozar la propia vida.

43. Falta de autoestima y la incapacidad de disfrutar de lo que uno es y posee.

44. Carecen de una relación auténtica con los demás. En este sentido Henri Nouwen nos señala: “Nadie puede ofrecer su liderazgo a otro si no hace notar su presencia, es decir, si no se adelanta y emerge del anonimato y de la apatía de su medio, y hace real la posibilidad de la amistad”[22]. Hay que cultivar a través de una amistad sana y madura, estos signos auténticos de liderazgo, jamás se trata de buscar convencer a los demás, ni siquiera anunciar nuevas ideas o apegarse a una ideología o un dogma… Nouwen escribía consciente de que el líder: “Está llamado a curar desde sus propias heridas, siempre preparado a curar la de los demás”[23]. Está llamado a ofrecer siempre sus servicios a los que no entienden sus propias heridas y sufrimientos en esta vida. Sin embargo, nos recuerda Nouwen, “el líder no es un medico cuya primera misión es quitar el dolor, sino que la tarea principal es alertar a las personas para que no sufran por motivos equivocados”[24].

Se siente que no es líder solo porque ha sido elegido para ello, sino porque está fundamentado en una vocación y una misión que son la base del liderazgo cristiano, por lo tanto el auténtico líder tiene que aprender a:

a) Desarrollar sus dones, cualidades y aprender a ver sus debilidades, sentirse seguro de quién es y de lo que puede llegar a conseguir.

b) Cree en los talentos, en la reciprocidad y habilidades de los demás para dar valor y significado a la vida.

c) Trabaja adecuadamente en equipo con una apertura mayor, asumiendo su co-responsabilidad y una solidaridad pastoral.

d) Aprender a resolver los conflictos en vez de ignorar.

e) Lideras con el ejemplo, practica lo que predica y actúa con misericordia.

f) Lidera sin pretensiones. Se figura con valores evangélicos y comprende que los líderes necesitan estar unidos y superar todo miedo (Hch 18, 9).

g) No se deja llevar por la impaciencia y el egoísmo.

h) No se deja emparentar con la mediocridad, ni la imposición.

i) No provoca temores que sean fuente de conflictos, de enfrentamiento o de posiciones irreconciliables.

j) No corta las alas de la ilusión y la esperanza a los miembros del grupo/fraternidad (vida comunitaria).

k) Es misericordioso con el hermano débil y como Jesús va en busca de la oveja perdida.

l) El líder debe evitar a toda costa el resentimiento o ser rencoroso y sobre todo asumir actitudes revanchistas, de persecución y de venganza hacia súbditos que son percibidos como “enemigos”.

m) El líder debe de frenar las envidias y los celos infantiles haciendo posible la colaboración y la descentralización en las organizaciones.

n) El líder tiene que tener la capacidad para aceptar críticas, tolerar la agresividad de sí mismo y de los otros y la humildad para ser ayudado en situaciones críticas y adversas.

o) El líder debe estar dispuesto a romper paradigmas tradicionales (Flp 3, 13).

p) El líder debe evitar la tendencia a señalar y a culpar.

q) El líder debe evitar una exagerada fidelidad o apego a determinadas personas, causas e ideologías políticas.

III. Modelos de liderazgos[25]

Para el Papa Francisco es imprescindible un liderazgo que nos guíe hacia una tierra limpia de promisión y libertad. San Francisco de Asís como líder abrazó y besó al leproso y adoptó un estilo de vida para guiar a los hermanos y Clara a sus hermanas desde la encarnación de una palabra explicita y creativa (EG 55). Es el liderazgo de la pobreza: “Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio” (EG 47).

El fundamento de nuestra vida y misión es el Amor de Dios que nos invita permanentemente a la conversión, es decir, a cultivar la apertura del corazón (búsqueda de la verdad) acogernos mutuamente (actitud de perdón y reconciliación) y el diálogo (EG 241). Respeto y confianza, actitud de escucha y la búsqueda de una auténtica autoridad. Es imprescindible que nos convirtamos a la unidad y reconciliemos las diferencias, para que vuelvan hacer riqueza constructiva y no motivo de división.

El liderazgo cristiano tiene que ser vivido como un servicio y como una ayuda a los demás para que puedan alcanzar sus objetivos vocacionales en la Iglesia. Según Rulla, el liderazgo es necesario “porque el amor y la caridad son necesarios para el adecuado funcionamiento de las instituciones”[26].

El famoso psicólogo Carl Jung, afirmaba: “Allí donde reina el amor, no hay deseos de poder; y donde predomina el poder, falta el amor. El uno es la sombra del otro”.

IV. Tipología de la animación-liderazgo

Todo grupo, movimiento y en especial la fraternidad, es el lugar apropiado para crecer en madurez de vida y misión[27]. El liderazgo es un don[28], y por esa razón todo animador o líder, debe favorecer una vivencia verdaderamente interior, vital y dinámica, en la que se promueve una apertura de dejarse acompañar y saber acompañar a los otros en su caminar de fe y de compromisos liberador a nivel pastoral.

La autoridad evangélica educa y forma en la libertad y para la libertad (Hch 26, 16-18).

Procurar un estilo participativo, cuando el líder busca de hacer participar activamente al grupo en las decisiones, sin que se vea menoscabado su papel o rol de líder, y su ayuda ofrecida a los miembros para la realización o el alcance o logro de las tareas y objetivos de la institución. El líder debe tener en cuenta que hay situaciones en las que puede y debe delegar, pero hay otras en las que él mismo debe asumir su responsabilidad. Como cuando hay desorden y caos en un grupo, él debe asumir una postura más directiva. Mientras que si hay demasiada formalidad y rigidez, podrá ser más productivo asumir una cierta flexibilidad y menos directividad.

El líder – formador, no puede dispensarse de presentarse como San Pablo y de solicitar: “Sean imitadores míos, como yo lo soy de Cristo” (Fil 3, 17; I Tes 2, 9-10; II Tes 3, 7).

El líder franciscano debe de empaparse de la espiritualidad: Que la ame y la promueva, que busque cicatrizar posibles heridas, establecer relaciones maduras, buscar la corrección fraterna.

El auténtico líder franciscano es aquel que evita asumir un liderazgo dictatorial y busca profundizar en un estilo de liderazgo evangélico (Mt 20,28). La Autoridad, es el arte de conseguir (consensuar) que las personas hagan voluntariamente lo que alguien propone como bueno. Jesús gozaba de autoridad porque vivía lo que predicaba…

Es posible -a través de la formación- llegar a convertirse en líder eficaz, el que pretende ser líder, en el sentido literal de la palabra, debe de ser congruente con la opción que hizo Jesús de dar la vida por los pobres: a) está dispuesto a tomar la cruz y a dar su vida.

En el conflicto el líder no puede mostrarse dispuesto a defenderse así mismo, volverse muy agresivo, narcisista, es necesario aprender a ver otras perspectivas (EG 4). El líder no debe de actuar con una hiperdependencia de los otros, está más ligado a un trabajo en equipo.

Es necesario que el líder cultive el autocontrol, para tomar conciencia de cuáles de nuestros pensamientos, deseos, emociones y aptitudes, tenemos que controlar y educar.

Sabe escuchar y no menospreciar el valor de las emociones y los deseos[29]. A nivel personal, necesita identificar aquellos rasgos en los que se hace necesario trabajarse más, sobre todo del área humana (cambiar el propio carácter, hábitos, naturaleza y fomentar la disponibilidad de ayudar a otros) y eso requiere un gran esfuerzo y una gracia especial.

Disfruta el hacer las cosas bien, a través del trabajo en grupo (equipo), organizan y plantean nuevos objetivos. Alienta la generosidad y la creatividad: “del hermano solidario a la fraternidad solidaria”.

Reflexiona con tranquilidad y paz, y ante las dificultades no se desanima.

Es capaz de hacer creíble la compasión de Dios hacia los hombres y mujeres.

El auténtico líder debe fomentar y ayudar a crear relaciones justas, equitativas y de respeto recíproco entre todos.

Promueve un diálogo honesto y sin trincheras. Es decir, fortalece la capacidad para empatizar, aprendiendo a “ponerse en la piel del otro”.

Fomenta la disponibilidad para la misión y anima a todos a estar edificados sobre el cimiento de los profetas y Apóstoles (Ef 2, 20a). Asumir que el objetivo principal de la Iglesia es evangelizar y esto mismo es su identidad.

El líder franciscano tiene que aprender a vivir los “principios evangélicos”: respeto y ayuda mutua, humildad, alegría (EG 1), disponibilidad, amor a Dios y al prójimo (1R 23), responder con afecto y ternura, amistad madura (Ef 4, 1-3). Procura actuar siempre con cordialidad y enseña a vivir una confianza absoluta en Jesús.

Un auténtico líder es aquella persona que tiene un deseo urgente de dar sentido a la vida de las personas.

Concluimos este taller con un pensamiento del Papa emérito Benedicto XVI “Amar a la Iglesia significa también tener la valentía de tomar decisiones difíciles, teniendo siempre presente el bien de la Iglesia y no el de uno”.

Bibliografía.

Robert Tallón y Mario Sikora. Conciencia en acción. Eneagrama, Inteligencia Emocional y Cambio. Madrid, 2012.

Fr. Benjamín Tapia OFM. Curso de liderazgo y animación de laicos franciscanos. Lima, 2001.

José H Prado Flores. Formación de Lideres, Colombia, 2014.

Silvio Botero Giraldo. Cómo formar líderes. Colombia, 2008.

[1] Existen muchas definiciones de “líder”, el Papa Pío XII, lo concebía así: “Un hombre espiritualmente eminente, de firme carácter, de solidas convicciones cristianas, de juicio justo y seguro, de sentido práctico y ecuánime, coherente consigo mismo en todas las circunstancias; hombre de doctrina clara y sana de propósitos altos y rectos, capaz de ser guía y jefe, capaz de difundir visiones claras, bondad operativa y justicia, igualmente favorable a todos, de tendencia hacia la unión y la concordia con espíritu de sincera fraternidad”. Cf. Silvio Botero Giraldo. Cómo formar líderes. Colombia, 2008, p. 48

[2] El liderazgo ha sido definido como el papel o el rol diferenciado en el interior de un grupo, connotado por un cierto grado de influencia en el sentido de la dirección (en qué dirección debemos caminar), en el sentido del orden y el control y cambio de comportamiento de grupo, en cuanto que el líder posee capacidades para combinarse e interactuar con las características y expectativas del grupo que le toca presidir o guiar. Cf. Fr. Cristóbal Solares, Inmadurez del liderazgo, en taller de formadores, Guatemala, 2010.

[3] El Papa Francisco ha señalado que: “Predicar el Evangelio requiere de humildad, servicio, caridad y amor fraterno. Encarar la evangelización con ánimo imperialista o una actitud de conquista, no funciona”.

[4] Poder es la capacidad de forzar o coaccionar a alguien para que haga la voluntad del que tiene la fuerza y posición, incluso contra la voluntad propia. “El poder se puede comprar y vender, dar y quitar”; el poder desgasta las relaciones, las deteriora”. Fr. Benjamín Tapia, Liderazgo y animación de laicos franciscanos. Lima, 2001. P. 27. El Papa Francisco retomando una cita afirma en la encíclica Laudato si, no. 105: “Se tiende a creer “que todo incremento del poder constituye sin más un progreso, un aumento de seguridad, de utilidad, de bienestar, de energía vital, de plenitud de los valores”.

[5]Liderazgo es el arte de influir positivamente sobre las personas para que trabajen con entusiasmo en la consecución de objetivos en pro del bien común. El líder es aquella persona que busca propiciar cambios positivos

[6] El líder autoritario en relación con los demás, tiende a pensar en términos de blanco y negro, es excesivamente sensible a las presiones sociales externas, es demasiado sumiso a la autoridad y al mismo tiempo muy punitivo con aquellos que contestan o contradicen dicha autoridad y con los subordinados; tiende a ejercer el poder como un fin en sí mismo y admira a quienes detentan el poder; es cínico y destructivo, racionaliza la agresividad hacia los demás y tiende a proyectar sobre los otros, particularmente sobre los grupos externos, los propios impulsos inaceptables. Cf. Fr. Cristóbal Solares, Inmadurez del liderazgo, en taller de formadores, Guatemala, 2010.

[7] Henri J. M. Nouwen. El Sanador Herido. 8ed. Madrid, 2008, p. 54

[8] Ibíd., p. 55.

[9] Ibíd., p. 31.

[10]El trabajo del líder, acompañante, animador, ministro, etc., es el de quitar obstáculos que estorban a los hermanos en su crecimiento y en su servicio a los demás. A) Facilita el camino de los hermanos y de la fraternidad. B) Se vuelve guía y acicate hacia la meta. C) Facilita y provoca opciones evangélicas en fraternidad. Sin embargo, no todos los lideres, ministros, animadores son libres, motivados y entusiastas en el servicio a sus hermanos.

[11] Henri J. M. Nouwen, op. cit., p. 53.

[12] Cf. Vida Religiosa. La “Evangelii Gaudium” en los consagrados. Vol. 116 Madrid, 2014.

[13] Henri J. M. Nouwen, op. cit., p. 54.

[14] Ibíd., pp. 57-58.

[15] Un líder generalmente es elegido por sus dones, sus talentos y cualidades, su inteligencia, su capacidad de orden, de organización, su visión de presente y de futuro de la realidad, su honestidad, su capacidad de relaciones humanas, capacidad de llevar adelante un proyecto, capacidad de no dejarse corromper, capacidad de delegar, capacidad de dar apoyo y sostenimiento cuando es necesario, capacidad de relaciones interpersonales y fraternas, etc. Todas estas son sólo algunas características del liderazgo. Cf. Fr. Cristóbal Solares, Inmadurez del liderazgo, en taller de formadores, Guatemala, 2010.

[16] Escuchar es también abrir el corazón, y eso es lo que hace posible la proximidad, sin la cual el encuentro espiritual genuino no puede producirse… solo escuchando con compasión y respeto podemos entrar en los caminos del crecimiento verdadero.

[17] La evaluación no puede limitarse a ser solamente una mirada retrospectiva a las actividades del grupo; es un mirar hacia atrás para proyectarse nuevamente hacia el futuro, renovando el dinamismo, cambiando lo que deba cambiarse, mejorando lo que se pueda mejorar, corrigiendo lo que se acuerde corregir… Así la evaluación se convierte en un nuevo impulso para el grupo; se evita que el grupo vegete en la rutina; se exige al grupo mantener vivo el proceso de crecimiento y de madurez. Cf. Silvio Botero Giraldo. Cómo formar líderes. Colombia, 2008, p. 48

[18] Kernberg considera 6 estilos o tipos de líder, cuyas relaciones objetales patológicas inciden en las relaciones interpersonales en el interior de las organizaciones: 1) El líder incapaz de decir no; 2) el líder que tiene que ser admirado y amado; 3) el líder que tiene que tener el control total; 4) el líder ausente; 5) el líder inestable o inaccesible afectivamente; 6) el líder corrupto. Cf. O. F. Kernberg, “Leadership Styles and Istitutional Paranoiagenesis”, Pág 65.

[19] El autoritarismo, definitivamente, no es autoridad, sino acaparar las funciones en lugar de construir el cuerpo de Cristo. El líder autoritario se siente irremplazable y se convierte en dictador. José Prado Flores. Formación de Lideres, Colombia, 2014, p. 64.

[20] Cf. Fr. Cristóbal Solares, Inmadurez del liderazgo, en taller de formadores, Guatemala, 2010.

[21] Una de las características propias de la madurez afectiva y sexual es la capacidad de vivir la renuncia: la capacidad de renuncia reconoce que la motivación afectiva de la persona no está vinculada únicamente al placer y a la gratificación inmediata, sino que está en condiciones de mirar más allá, hacia un bien y un valor mayor. Giovanni Cucci, S.J., La fuerza que nace de la debilidad. Aspectos psicológicos de la vida espiritual, Salterrae, 2013. Pp. 119-120.

[22] Henri J. M. Nouwen, op. cit., p. 81.

[23] Ibíd., p. 100.

[24] Ibíd., p. 112.

[25] Luigi Rulla, habla de seis fuentes estructurales de liderazgo, que son seis tipos de legitimidad del líder o modos como el líder ejercerá su influencia sobre los individuos y sobre los grupos en una institución. 1. Liderazgo legítimo. 2. Liderazgo remunerativo. 3. Liderazgo coercitivo. 4. Liderazgo de referencia. 5. Liderazgo informativo. 6. Liderazgo de pericia. Cf. L. M. Rulla, Psicología profunda y vocación. Las instituciones, Pp. 166-169.

[26] L. M. Rulla, Psicología Profunda y Vocación. Las personas, p. 179.

[27] Amadeo Cencini, expresa que hay “Consumidores de comunidad”, que se aprovechan de ella y se quejan de lo que no funciona en ella.

[28] El líder debe tutelar no sólo el bien de una institución, sino también el bien de las personas. En este sentido, sus valores éticos, su sentido de responsabilidad y sus capacidades humanas, no son secundarias, pues la responsabilidad y la fiabilidad representan las funciones recíprocas de un administrador respecto a las fuentes de su autoridad delegada. Estas cualidades deben sumarse a la capacidad de dirección, los conocimientos técnicos y las características de personalidad. Cf. Fr. Cristóbal Solares, Inmadurez del liderazgo, en taller de formadores, Guatemala, 2010

[29] Según el filósofo Von Hildebrand, pueden distinguirse tres tipos fundamentales de deseos: 1) un nivel de hechos, asimilable a la necesidad, es la tendencia hacia un bien que hay que consumir (como, por ejemplo, la comida); 2) la búsqueda de un bien que se echa en falta, pero que, de un modo u otro, está presente al sujeto (como el deseo de ser feliz, de terminar una carrera, una empresa); 3) la respuesta a algo presente y que, a la vez, interpela al sujeto en su totalidad, poniendo en juego la propia libertad, también de modo permanente (por ejemplo una opción de vida: Matrimonio o vida consagrada). Giovanni Cucci, S.J., op. cit., p. 44.

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El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.