• Fr Anselmo Maliaño Téllez

El don de la fraternidad


El don de la Fraternidad

Francisco nos recuerda que la fraternidad no es simplemente un grupo de personas, sino un don de hermanos menores[1] que brota del Misterio de la Trinidad (Cfr. 2Cel 191 y LM 3,3; Test 14-15) Por ende, nos invita vivir nuestra vida fraterna con ojos de fe, compartiendo los consejos evangélicos, recordando que el animador de la fraternidad es el Espíritu Santo (Cfr. LM 193).

Es Dios que nos ha dado hermanos y, a la vez, nos invita a ser hermano (Test. 14)[2]. Esta es la experiencia del discipulado y la identidad de los seguidores de Jesús. Una de las claves de la eficacia misionera es el amor fraterno (Jn 1, 40-42. 43-51; Hech 9, 26-27).

El Evangelio es una forma de vida y nos enseña que el don de ser hermanos exige relativizar los vínculos familiares (Lc 14, 26) por amor del Reino y de Jesús (Lc 18, 28); relativizar las riquezas (Lc 5, 14. 33) y asumir obedientemente la cruz de Jesús (Lc 9, 23; 14, 27). Estas tres exigencias configuran el seguimiento de Jesús y hacen del discípulo un hermano de comunidad (fraternidad) siempre disponible para la misión evangelizadora.

En general los hermanos que configuraron el movimiento de Penitentes, es decir, seguidores de Jesús al estilo de Francisco de Asís, eran de diferentes clases sociales y culturas, con sus historias personales, sus luces y sombras, sus temperamentos y sus caracteres (1Cel 31).

Estamos invitados a vivir la fraternidad descubriendo y viviendo este propósito de Dios, mediante una escucha profunda de su paso e invitaciones dentro de la misma. La fraternidad no la encontramos hecha, la construimos con nuestras actitudes y comportamientos (1R 5). Es el primer signo de la vida religiosa por ser sacramento del amor de Jesús, presencia y don de la comunión del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (1R 22, 25-55). Desde el Padre no somos más que hijos amados (1R 22, 34).

Francisco se enamoró de un Dios que se encarnó y vivió fascinado, de un Jesús que se bajó a lavar los pies de sus apóstoles e invitó a los hermanos a hacer lo mismo (Admonición 4, 2-3, RNB 6,3). Nos recordó que la talla de la fraternidad franciscana es entregarse a los últimos de la fraternidad y de la sociedad: a los enfermos, quienes no satisfacen nuestras expectativas, quienes no pueden devolvernos nada a cambio (Cfr. RNB 10 1-4, RB 6,9, Adm 24).

Nos invita a vivir las relaciones humanas profundas, marcadas por la fe, por el compartir generoso, familiar, misericordioso y obediencial, hacia adentro de las fraternidades locales, regionales o Provincial. Con proyección hacia fuera, en su expresión más grande, como son la solidaridad y la misericordia activa, para con los hombres y mujeres, especialmente hacia los más necesitados y sufridos del mundo (Cfr. CC. GG. 38-54: Cfr RF 21). Lo primero que somos desde el Evangelio es ser hermanos para ser las demás cosas que tenemos que ser: fraternidad orante[3], fraternidad pobre, fraternidad última, fraternidad evangelizadora, fraternidad contemplativa y misionera, etc.

La gratuidad de la fraternidad: para Francisco, el hermano y por ello la fraternidad, es un don y gracia en el acontecimiento salvífico del hermano Jesús (2CtaF 56). Al hermano nos lo da y nos lo hace el Evangelio (TC 28-29). Es gratuito el hermano y es gratuita la fraternidad. Los hermanos son… para ser “familiares entre sí”, para amarse más que a la madre que ama al hijo carnal (2R 6, 7-8; 1R 9, 10-12).

En la fraternidad nadie está al margen o por encima de ella, todos son hermanos menores (1R 6, 3; 1R 2, 5)[4] nadie es el primero en ella, todos son únicamente hermanos menores en el que quiso ser Menor por nosotros (1R 4, 6; Adm 4, 1). En la fraternidad vivimos la experiencia de los consejos evangélicos y nos apoyamos mutuamente.

De ahí que la evangelización es la actividad de todos los hermanos, porque la fraternidad es evangélica, todos son evangelistas y misioneros “todos los hermanos prediquen con las obras” (1R 17, 3)[5]. La fraternidad se reúne en seguimiento de Cristo enviado y en misión, que es tener el corazón vuelto al Señor. Es fraternidad misionando y misiona siendo fraternidad orante (Jn 15, 4).

La fraternidad es el primer agente de evangelización, pues somos fraternidad desde el Evangelio, mediante el Evangelio y para el Evangelio, por ello es una fraternidad de entrega y donación mutua de Cristo con nosotros (1R 22, 41-45; 1R 9, 2; 2CtaF 4-15)[6]. Es finalmente una fraternidad Cristocéntrica[7].

Preguntas para la reflexión personal y para el compartir

¿Cómo he recibido el misterio del don de la llamada de Dios y, cómo he vivido el don de la fraternidad?

¿Cuáles de mis cualidades (dones) estoy poniendo al servicio de mis hermanos?

¿Cuáles de mis defectos-limitaciones afectan a cada hermano y, en que afectan específicamente?

¿Qué aporto yo, para construir la fraternidad (colaboración, iniciativa, buscar consensos, corrección fraterna, trabajo generoso, fidelidad creativa, oración, estudio, apostolado, etc.)?

[1] Francisco quiere que su fraternidad sea una fraternidad de “hermanos menores”. La misma palabra “menores” proviene, con toda verosimilitud, del texto de Lc 22, 26, que Francisco copió en su Regla de 1221 (1R 5): “Y el mayor sea como el menor (Sicut minor)”. Este mismo texto aparece citado en la carta que Francisco dirige a todos los fieles. Igualmente gusta citar todos los textos paralelos de Mateo y Marcos. La frase: “Yo no he venido a ser servido, sino a servir”, aparece citada tres veces (1 Exhort; 1R 4 y 5). Es interesante constatar que, en el mismo momento, la imagen del lavatorio de los pies ha impresionado a Francisco. El mismo la emplea en diversas ocasiones (1R 6). Cfr. Motte, I E, Se llamaran “Hermanos menores”, Selecciones de franciscanismo, 12, 1975. P 274-280.

[2] En los versículos 16-23 del Testamento, se discierne un cierto tipo de grupo que tenía una identidad social y un modo de relacionarse. Se trata de un grupo desinstalado, itinerante: los hermanos no quieren más que los vestidos y el alimento; el trabajo, la adquisición de lo necesario les lleva a los demás. Este grupo cumple un cometido, el oficio divino, que incumbe a toda la vida que se compromete a ser religiosa. La principal presencia de los hermanos entre los hombres parece ser la del ámbito del trabajo, entre los demás. El grupo compuesto de clérigos y de laicos, llevan una vida que no es la de los clérigos, asignado a un lugar del que perciben un beneficio y a quienes está prohibido mendigar, una vida que comparte muchos elementos –minoridad, trabajo- de la vida del pueblo, pero sin ser idéntica a ellos. Cfr. Godet, J F, La predicación en la evolución de la Orden, Selecciones de franciscanismo, 22, 1979. P. 103-116.

[3] La Regla para los eremitorios… es uno de lo más bellos testimonios de la vida minorítica primitiva. El mismo San Francisco quiso añadirla como Regla propia a la vida de los hermanos de todos los tiempos que quieran consagrarse más intensamente a la vida contemplativa. Cfr. Jiménez, F, Fraternidades contemplativas franciscanas de ayer y de hoy, Selecciones de franciscanismo, n 24, (1979). P 361- 372.

[4] En el nombre que dio a sus hermanos, Francisco expresó todo su ideal de fidelidad a Cristo. Sólo refiriéndose al Señor, “servidor de Dios y de sus hermanos” puede desvelar ese nombre toda su riqueza. Tal vez el nombre de “menor” no tenga más cabal comentario que ciertos pasajes de los Cantos de Isaías (53, 3-4)… Misterio de pobreza, ciertamente, pero en el corazón de un misterio de amor. El Hermano Menor soñado por Francisco es el hombre que, a ejemplo de Cristo Jesús, se hace, en la humildad de la tarea diaria, el servidor de sus hermanos. Cfr. Motte, I E, Se llamaran “Hermanos menores”, Selecciones de franciscanismo, 12, 1975. P 274-280.

[5] Francisco pone en guardia, de modo cada vez más apremiante, contra los peligros de la predicación: que los hermanos lleven cuidado con la vanagloria (Adm 21. 28), que sean breves y tengan la mira puesta en la utilidad y edificación del pueblo, que no menosprecien al clero secular y no prediquen sin autorización del obispo (2R 9). La advertencia se hace más fuerte en los vv. 24-26 del Testamento. Cfr. Godet, J F, La predicación en la evolución de la Orden, Selecciones de franciscanismo, n 22, (1979). P 103-116.

[6] La fraternidad existe y crece, según detallan las Reglas, en el nombre del Señor (1R 4, 1; 24, 1; 2R 1, 1; 8, 4) en el Señor Jesucristo (1R 7, 16; 11, 2; 2R 3, 10; 6, 7) por el nombre de nuestro Señor Jesucristo (2R 6, 6) por amor de nuestro Señor Jesucristo (1R 16, 14; Adm 15, 2), por el Señor Jesucristo (CtaO 47) en el Señor (1R 7, 16). Cfr. López, S, Cristología de San Francisco de Asís, Selecciones de franciscanismo, 34, 1983. P 89-135.

[7] La fraternidad aparece y se describe como una fraternidad absolutamente cristocéntrica, enajenada como Francisco por la dulzura del Señor (Tc 7-8) de quien, sobre todo y más que nada, quiere ser sierva (1Cel 107; 2Cel 159.211) y quien es siempre la referencia y la razón de todo: los hermanos son amonestados en el Señor Jesucristo (2R3, 10; 10, 7; CtaO 14, 30, 47); los hermanos deben exponerse a los enemigos tanto visibles como invisibles por amor de nuestro Señor Jesucristo (1R16, 11); los hermanos han de pedir limosna por amor del Señor Dios (REr 5); los hermanos han de visitar a sus hermanos con la bendición del Señor Dios (REr 9); los hermanos no han de tener más que la pobreza por el nombre de nuestro Señor Jesucristo (2R 6, 6); los hermanos han de manifestarse gozosos en el Señor (1R 7, 16). Cfr. López, S, Cristología de San Francisco de Asís, Selecciones de franciscanismo, 34, 1983. P 89-135.

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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.