• Fr. René Arturo Flores, OFM

Los migrantes crecen y crecen cada vez más


“Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y los hombres” Lc 2,41-52.

Este pasaje de los evangelios, se recrea un episodio de las prácticas religiosas judías de la cultura a la que pertenecía la familia de Nazaret. En esta visita al Templo de Jerusalén, sucede un acontecimiento al regresar de la visita religiosa, ya de camino en la “caravana” Jesús un adolescente su papa y mamá no lo encontraban, eso hace que surjan sentires de miedo, inseguridad, enojo y angustia entre otros. Luego al encontrar a Jesús se refleja un diálogo en lo interno de la familia, resaltando el cuido, asombro y acompañamiento del menor por parte de los adultos.

Aquí en el refugio de la “72” en Tenosique están llegando y pasando muchas familias, es decir, mujeres con hijos e hijas, padre con hija o hijo, padre y madre con hijos, hermanos, primos, parejas sin hijos. Llegan con sus rostros cargados de historias y recuerdos apenas recién dejados atrás. Son familias empobrecidas por el sistema político y económico establecido en Honduras, como en los otros países vecinos. Llegan con dolor de lo dejado, de la ruptura hecha en su historia, de haber dejado el hogar que construyeron, del lugar donde crecieron y donde se identificaban culturalmente, por los familiares dejados en aquel lugar tan añorado hoy. Aun cuando estas familias en su mayoría salen por estar amenazada la vida de algún miembro o de toda la familia.

La migración no son simplemente datos o cifras estadísticas, número sin identidad, sino cada migrante llega con familia o pertenece a una familia, es parte de una familia, es lo que busca proteger y cuidar su familia. Aquí en la “72” se ven niños y niñas jugando, gritando y saltando en los espacios de este santuario de la humanidad. Esta casa del migrante se vuelve un tipo “pueblito” habitado por familias tan iguales a las familias de México.

Estas familias se han convertido en migrantes de la noche a la mañana, han aumentado el número de los que van rumbo al norte de América. Familias sagradas, por ser familia, por cuidar y generar la vida, por tener tanto amor que se convierten en migrantes de nuevos horizontes, que han reaccionado con valentía y resistencia ante el sistema político que no los considera ciudadanos con derechos de llevar una calidad de vida.

Son familias hondureñas, salvadoreñas o guatemaltecas (como a la que pertenecía el niño de 8 años que murió en manos de la migración de los E.E.U.U.); estas son familias llenas de deseos, necesidades, sueños, prejuicios y luchas por hacer, bueno como todas las familias de nuestros países. Entre los miembros de estas familias aquí en la “72”, estos son hijos e hijas que van desde los 2 meses hasta los 16 años; además hay una “garífuna” hondureña que estando embarazada tenía a su alrededor otros tres hijos entre 3 y 5 años, así de valiente es esta madre. Hay una mujer que inicia su familia, está embarazada y sola. Están los y las que pertenecen a la comunidad LGTB, con la misma realidad de amar y ser amados, de pertenencia y participación en una sociedad, con sueños y búsquedas; son parte de las familias que llegan como migrantes.

Son familias las que deciden migrar, lo común de estas familias es su empobrecimiento y el amor por vivir, no simplemente sobrevivir. Son familias donde cada miembro es valiente por aventarse al camino de la migración, son tan débiles por su vulnerabilidad y cansancio colectivo que arrastran: por trabajos mal remunerados, por no tener ningún tipo de trabajo, por el aumento económico de la canasta básica, por la falta de servicios sociales de calidad, por la violencia intrafamiliar y contra la mujer, o del adulto hacia el menor, contra la comunidad del LGTB, otros por la persecución, tortura y violencia hecha por los grupos del crimen organizados o la policía estatal, más si son defensores y defensoras de DDHH y ambientales; también, por las extorciones de los grupos armados ilegales y legales (seguridad pública), por no sentir un futuro positivo, por las marcas o cicatrices que trae de la vida.

Son familias como las otras que siguen en los países (las mayorías empobrecidas: Honduras 61% condiciones de pobreza, El Salvador 35% condiciones de pobreza, Guatemala 53% en pobreza), que no han decidido migrar o salir huyendo buscando refugio, buscando donde volver hacer un “hogar” para vivir. Estas son familias donde se cuidan, se pelean, tienen conflictos, lloran, ríen, comparten, dialogan y se quieren, unas son practicantes de la fe cristiana otras no lo son; son familias sagradas por salir movidas por la misma pasión de vivir, de creer que es posible una sociedad de paz, equitativa y tranquila para simplemente vivir.

Cada migrante que ha pasado solo por estar tierras mexicanas, lo mismo los cientos que han sido asesinados, son parte de una familia, son miembro de una familia y tienen familia, son parte de una sociedad que los expulsa o los está asesinando. Somos la familia humana, somos familia en relación con las criaturas, somos familia con otras familias. El ser una familia migrante no les quita ningún derecho, son familias pertenecientes a la gran familia humana, y de las criaturas en toda la CASA COMUN.

La sagrada familia de Nazaret es memoria de una familia judía, aun sin mayores datos históricos, si se puede decir que Jesús creció en una cultura patriarcal y por tanto altamente machista, donde la mujer llevaba la de perder (Jn 8); es una familia que puso algunas bases humanas y de fe en el crecimiento de Jesús. No conocemos todas las luchas, sin sabores, desaciertos, logros, dificultades, conflictos, pleitos, fiestas y prácticas familiares. Las familias son familias, donde se da de todo y sucede de todo. La familia de Nazaret, o sagrada familia fue una familia presentada en el imaginario bíblico, como migrante que huye de un sistema político que asesina.

Fr René Arturo Flores, OFM

#FrayAnselmo

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El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

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