• Fr Anselmo Maliaño Téllez

Problemas, esperanzas y cambios sociales


Problemas, esperanzas y cambios sociales más evidentes en la juventud actual

Al hablar de la juventud estamos refiriéndonos a una realidad muy amplia y variada, por eso es importante hablar de una pluralidad en la que hay que considerar varios aspectos: entre ellos la edad, psicológicamente la etapa es desde los 15 a los 30 años. En esta etapa sobresalen tres grupos diferenciados: 15-18 años, la etapa de la adolescencia juvenil; 19-25 etapa de formación laboral y profesional; 26-30, etapa de incorporación a la madurez.

En el contexto latinoamericano la situación compleja de la juventud refleja una realidad importante desde el punto de vista pastoral, la pluralidad de la juventud es más que una etapa cronológica, pues se conjugan una serie de factores sociales[1] –culturales- y económicos. Por otro lado, el aspecto religioso es interesante, y es necesario considerar un mayor esfuerzo en el aspecto de la acción pastoral como una vía útil para desarrollar un proceso de acompañamiento en la fe y sobre todo en los cambios de paradigmas y de época.

Es cierto que todavía no entendemos la realidad juvenil, el mundo juvenil es muy complejo, los líderes de la Iglesia poca atención pastoral le han prestado a esta realidad compleja[2]. No hay programas alternativos, si bien es cierto hay una pastoral juvenil en la mayoría de parroquias pero no está bien organizada, no está bien acompañada y hace falta el elemento formativo sobre todo lo que más orienta en la fe y en la sexualidad. Este último es uno de los aspectos en la que el componente cultural brinda una apertura que no tiene límite. El libertinaje sexual como una expresión de diversión por todos lados y de relativismo moral…

Es necesario conocer la realidad de nuestra juventud actual, más allá de todo estereotipo, para acompañar y sobre todo con la estrategia pastoral de cuidar la singularidad y originalidad de cada joven en nuestras presencias franciscanas. Es urgente favorecer un acercamiento y un diálogo fecundo que supere cualquier barrera cultural, social, económica y religiosa; algunos de estos aspectos generan cambios culturales gravísimos para la sociedad que afectan directamente a la juventud de hoy.

Algunos desafíos y retos que nos confrontan en relación a la juventud son: ideología de género y de diversidad, problemas de identidad, migración, pobreza y extrema pobreza, violencia y embarazos no deseados en adolescentes[3]. En general, hay otros temas que también impactan directamente en la vida de los jóvenes como lo es: la desintegración familiar, vacíos emocionales, discriminación contra la mujer y exclusión social, y las drogas una realidad vinculada a la violencia y delincuencia juvenil: las maras[4].

Por otro lado, el avance de la tecnología y de la globalización tiene consecuencias pocas veces positivas en la juventud, ya que ponen de manifiesto el individualismo y el aislamiento. Sin embargo, la juventud en la actualidad da gran importancia a la tecnología –cultura digital-. Es indudable que la tecnología ha favorecido los cambios culturales y la pluralidad de visiones de la realidad y los problemas que más aquejan a la juventud actualmente.

Analizamos como muchos jóvenes asumen decisiones equivocadas y les cuesta tomar una decisión vocacional (matrimonio, sacerdocio, vida consagrada) y todo esto también influye negativamente en las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal. Por poner un ejemplo práctico, la identidad cristiana se ha debilitado, muestra de ello es que los pocos jóvenes que reciben el sacramento de la confirmación desaparecen luego de la Iglesia. Por otro lado, no se le ha dado prioridad desde la pastoral a la educación religiosa, los colegios católicos y la parroquia muchas veces parece que han fomentado un distanciamiento y se nota que su incidencia en la formación es mínima…

En realidad urge proponer datos, informes y planes para descubrir como enfrentan los jóvenes todo este entorno de la realidad social, su educación, participación y seguridad ciudadana, equidad de género, impunidad y deficiente atención del Estado[5]. En la actualidad estamos afrontando dichos desafíos, crisis vocacionales[6], crisis de credibilidad, crisis de valores; pero también tenemos que ser responsables de cómo enfrentar los cambios que se están dando para contribuir al desarrollo de la juventud.

En este escenario –social, político y cultural- la realidad de la juventud se encuentra en una encrucijada y nosotros como misioneros franciscanos urge que revitalicemos el llamado a vivir el Santo Evangelio, ante estos cambios que interpelan nuestra vida de hermanos menores, interpelan nuestro carisma, interpelan sobre todo nuestra forma de hacer pastoral.

Como agentes de la evangelización franciscana, estamos llamados a “ir más allá” en esta experiencia de cambio epocal, en este contexto la fraternidad deberá asumir el compromiso indispensable para lograr un proyecto pastoral, referido especialmente a la juventud.

La fraternidad como lugar de referencia evangélica, no debe de tener miedo a esta realidad que afecta a los jóvenes, y que además urge trabajar con ellos: acercarse más, conocerles y acompañarles. Algunos religiosos / as tenemos la misión de la pastoral educativa franciscana, en lo que es necesario establecer prioridades –por ejemplo la pastoral vocacional-, y promover e impulsar caminos eco-pedagógicos, velando constantemente por los valores genuinamente franciscanos (JPIC). Estos valores irrenunciables de nuestro carisma deben de animar y guiar con esperanzas la pastoral educativa y vocacional, frente a:

  1. La cultura postmoderna ha provocado una fragmentación dando espacios a un pluralismo y resaltando sobre todo el individualismo en la juventud.

  2. A las iniciativas de ley en los Congresos de las Repúblicas, sobre todo aquellas que pretenden legalizar el aborto, a veces son leyes que no plantean en realidad una solución a la violencia, a la explotación sexual y la trata de persona que afecta a muchos jóvenes.

  3. En las últimas décadas los procesos pastorales exigen una atención mayor hacia la familia, la juventud, para que la familia sea más protegida y la Iglesia desde un testimonio de conversión y comunión esté más orientada a los jóvenes y la familia.

  4. Es de suma importancia las mediaciones pastorales y sobre todo una renovación pastoral, para alcanzar una pastoral juvenil organizada a partir de presupuestos franciscanos.

  5. Urge un cambio concreto desde la pastoral, desde los colegios franciscanos que aporten a los jóvenes cambios integrales en su diario vivir y en la cultura de la vida, de la paz: en este campo hay muchas tareas pendientes como: promoción de la espiritualidad ecuménica, experiencias pastorales innovadoras, Red latinoamericana de jóvenes, de voluntariado, de pastorales juveniles y vocacionales.

Es necesario formar y acompañar a la Pastoral Juvenil, comunidades juveniles hacia un proceso integral de más compromiso con la realidad y con una transformación social. Por eso urge desde la fraternidad una renovación pastoral que tenga como prioridad:

  1. Un acompañamiento pastoral desde la minoridad ante una juventud hipnotizada por el consumismo, el materialismo y la deshumanización.

  2. Un acompañamiento que ayude a visibilizar otras iniciativas, las luchas, el sentido altruista, además el impacto cultural de tantas realidades negativas para la juventud.

  3. Un acompañamiento pastoral no de condenas y de rechazo a los jóvenes, sino de más confianza, escucha, convivencia y acogida fraterna (releer al mismo joven en su historia y en la peculiaridad del momento).

  4. Un acompañamiento fraterno sensible a los problemas y necesidades de los jóvenes.

  5. Un acompañamiento pastoral de mucha creatividad y protagonismo de los mismos jóvenes.

  6. Un acompañamiento pastoral de mayor hondura humana con experiencias que toquen el mundo vital.

  7. Un acompañamiento pastoral sin prejuicios, que rompa los paradigmas de la comunicación –acompañamiento de los medios de comunicación- y ayude a generar auténticos diálogos.

  8. Un acompañamiento pastoral que éste dispuesto a invertir en un acompañamiento de otra manera, para hacer efectivo los procesos de crecimiento humano –psicológicos-, cristiano y franciscano ante una realidad distorsionada por la violencia.

  9. Un acompañamiento pastoral que empuje con mayor esperanza hacia una pastoral juvenil misionera.

  10. Fraternidades empeñadas en un auténtico acompañamiento espiritual, ejercicios espirituales para los jóvenes, catequesis mistagógica, encuentros ecuménicos, jornadas de oración, talleres de formativos.

  11. Es necesario seguir potenciando e impulsando las jornadas nacionales de la juventud, por ejemplo en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá, se desarrolla año con año un encuentro juvenil de parroquias franciscanas.

  12. Talleres para motivar más a los jóvenes para que su formación y participación política contribuya a un verdadero desarrollo de la democracia.

  13. Es necesario organizar en nuestras parroquias, talleres preventivos para erradicar la violencia juvenil y otros temas que afectan la calidad de vida de los jóvenes.

  14. Fortalecer e impulsar liderazgos juveniles sobre todo en las áreas de tecnología, sociedad –ecología- y, fe y compromiso sociopolítico.

  15. Mayor apertura a los laicos, a la Familia Franciscana para que juntos promovamos prioridades en la proyección juvenil: de pastoral juvenil y vocacional; seguimiento de algunos jóvenes que manifiestan actitudes de liderazgo.

Realmente, la prioridad de la juventud es un compromiso histórico, somos llamados a ser menores entre los menores de la sociedad y hoy más que nunca necesitamos ser testimonio de comunión de vida, trabajar como Familia Franciscana para salir al encuentro y desarrollar con fidelidad y devoción, junto a los jóvenes una “ecología franciscana”, un cuido responsable de la casa común.

Este mismo compromiso de Familia Franciscana exige una mayor dedicación y otro modo de evangelizar[7] a las generaciones más jóvenes, con más creatividad y fidelidad para restituir todo al Señor. La “restitución” a la luz de nuestro carisma y misión, asume con más interés el deseo de que la evangelización es, una tarea que favorece el camino de conversión y los valores fundamentales del Evangelio. Este camino de conversión nos ayuda a alcanzar una madurez humana, que se caracteriza por la dimensión fraterna[8] y en particular, en estrecho contacto con los leprosos de hoy. El aporte de la dinámica de Familia Franciscana es clave en el proceso de la evangelización sobre todo de la juventud.

El misionero contemplativo puede abrazar con fe y esperanza y, a la vez dejarse abrazar por la juventud en sintonía con aquel abrazo del joven Francisco al leproso a quien sirvió con amor caritativo y decididamente. Además, la contemplación es la urgencia de vivir y anunciar a todos “la alegría del Evangelio”. La entrega, el salir a las periferias y el discernir los signos de los tiempos tienen que estar sostenido constantemente por la vivencia de la Palabra de Dios, la vida de oración y devoción que nos lleva a asumir la urgencia de un diálogo fecundo, de la paz y la justicia tan necesarias en nuestro tiempo.

Algunas cuestionantes para la toma de grandes decisiones y responsabilidades

En general, el Informe de las conferencias del Concilium Plenarium de la Orden (CPO 2018), aborda el mundo juvenil, los retos y desafíos que más urgen, sobre todo porque tenemos en nuestras manos a través de la pastoral educativa un campo fértil de contacto directo con la juventud. También esperamos con ansias las conclusiones del Sínodo de los Obispos en donde uno de los temas centrales es la juventud.

Particularmente en cuanto a la evangelización de la juventud, el desarrollo de la sensibilidad por el arte –un rasgo importante de la espiritualidad franciscana- exige una manera novedosa para rescatar el lado positivo del joven, por ejemplo, promover academias de arte, pinturas, música, teatro, poesía y literatura juvenil. ¿En realidad qué esto podemos impulsar para lograrlo en nuestras presencias franciscanas?

Cómo organizar y promover otras opciones pastorales, como programas de práctica misionera juveniles en clave de minoridad con las culturas indígenas de nuestros pueblos que nos ayuden a entrar en un contacto y encuentro más profundo con esas realidades marginales de hoy.

Algunos ejemplos concretos de la apertura y pistas de trabajo de parte nuestra a los nuevos modos de presencia y evangelización en las periferias y sobre todo con la realidad fracturada de los jóvenes en este momento histórico particular.

Es necesaria y urgente una renovación de la pastoral ordinaria, en el contexto de la celebración de los 800 años del encuentro de San Francisco con el Sultán de Egipto y desde la perspectiva ecuménica, en la pastoral juvenil de la parroquia, del colegio o de nuestras presencias: ¿Qué programa de trabajo pastoral vamos a establecer para acercarnos a otros jóvenes? ¿Qué más podemos hacer concretamente?

Citas

[1] Un ejemplo es el reciente informe de Desarrollo Humano. Soy Joven. ¿Y ahora qué? Este informe presentado por Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) del 2018, es alarmante. Señala que no es fácil que los jóvenes que viven en lugares conflictivos puedan ser resilentes y lograr cambios. No es fácil tener mejor calidad de estudios o un trabajo digno y estable. La peculiaridad de este informe es que está dedicado a la población juvenil. Por otro lado, para los psicólogos, las niñas que se embarazan a temprana edad tienen problemas de desarrollo físico y sicológico, además de sufrir de diversos tipos de violencia de parte de personas allegadas y de la sociedad en general que tiende a estigmatizarlas y a marginarlas.

[2] El Papa San Juan Pablo II, desde el año 1984, animó la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud. Un espacio importante para los jóvenes y también para la Iglesia en su dinámica para evangelizar a los jóvenes.

[3] Se calcula que en América Latina, de cada cinco adolescentes, tres de ellas están embarazadas. Y como no se sabe qué hacer con tantos embarazos adolescentes, dan paso a leyes proaborto. El negocio del aborto favorece a las empresas farmacéuticas, que no promueven un verdadero interés por la salud.

[4] En general algunos sociólogos afirman: “son producto de un proceso histórico que –aunado a factores tales como la trasformación de los problemas sociales, políticos y económicos de la nueva coyuntura postguerra, las crecientes dificultades de la juventud para insertarse en la sociedad y los efectos de la migración y la transculturización- han posibilitado el surgimiento de organización juvenil sólidamente estructurado”.Cfr. Maras y pandillas en Centroamérica, UCA Managua, 2001, p. 32.

[5] En un informe presentado por el Comité de los Derechos del Niño de la ONU, preocupa la vulnerabilidad de niñas abusadas por miembros de las maras en El Salvador: en los primeros ocho meses de 2017, se registraron 1,029 casos de violencia sexual contra niñas de entre 13 y 17 años, y que la violación fue el delito más repetido, con 769 casos… el 90 por ciento de los abusos cometidos entre 2013 y 2016 no fueron sancionados. Además los expertos subrayaron que el suicidio es la causa más común de muerte entre madres adolescentes. Cfr. Eldiariodehoy.com; viernes 12 de octubre de 2018.

[6] “También me preocupa que haya hermanos y fraternidades que han renunciado a una propuesta vocacional explicita, y, con mucha frecuencia me pregunto: ¿qué significa esa renuncia? ¿Por qué hay tantos hermanos que no se atreven a hacer una propuesta vocacional directa? ¿Por qué hay fraternidades que se niegan a acoger un joven en búsqueda vocacional, o si lo hacen lo hacen sin demasiado entusiasmo? Un buen termómetro de la misionariedad de nuestras vidas y de la vida de nuestras fraternidades, así como de la calidad evangélica de la vida que llevamos nos daría la respuesta a esta pregunta ¿Cuántos hermanos y cuantas fraternidades de mi Entidad pueden acoger y acompañar posibles vocaciones?”. Cf. José Rodríguez Carballo, VERBUM DOMINI NUNTIANTES IN UNIVERSO MUNDO, Roma, 2009. El cuidado pastoral de las vocaciones. n. 228.

[7] EG 27.

[8] La vivencia de la fraternidad es un reto de cara a la comunidad educativa, tarea que es necesaria en nuestras provincias que se han dedicado a la enseñanza y educación de la juventud.

#FrayAnselmo

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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.