• Fr. René Arturo Flores, OFM

Desafíos de la fraternidad humana


Los firmantes del “documento de la fraternidad humana”, plantean “firmemente que entre las causas más importantes de la crisis del mundo moderno están una conciencia humana anestesiada y un alejamiento de los valores religiosos, además del predominio del individualismo y de las filosofías materialistas que divinizan al hombre y ponen los valores mundanos y materiales en el lugar de los principios supremos y trascendentes.

La historia afirma que el extremismo religioso y nacional y la intolerancia han producido en el mundo, tanto en Occidente como en Oriente, lo que podrían llamarse los signos de una «tercera guerra mundial a trozos», signos que, en diversas partes del mundo y en distintas condiciones trágicas, han comenzado a mostrar su rostro cruel; situaciones de las que no se conoce con precisión cuántas víctimas, viudas y huérfanos hayan producido.

Hay otras zonas que se preparan a convertirse en escenario de nuevos conflictos, donde nacen focos de tensión y se acumulan armas y municiones, en una situación mundial dominada por la incertidumbre, la desilusión y el miedo al futuro y controlada por intereses económicos miopes.

También afirmamos que las fuertes crisis políticas, la injusticia y la falta de una distribución equitativa de los recursos naturales —de los que se beneficia solo una minoría de ricos, en detrimento de la mayoría de los pueblos de la tierra— han causado, y continúan haciéndolo, gran número de enfermos, necesitados y muertos, provocando crisis letales de las que son víctimas diversos países, no obstante las riquezas naturales y los recursos que caracterizan a las jóvenes generaciones. Con respecto a las crisis que llevan a la muerte a millones de niños, reducidos ya a esqueletos humanos —a causa de la pobreza y del hambre—, reina un silencio internacional inaceptable.

Atacar la institución familiar, despreciándola o dudando de la importancia de su rol, representa uno de los males más peligrosos de nuestra época.

El primer y más importante objetivo de las religiones es el de creer en Dios, honrarlo y llamar a todos los hombres a creer que este universo depende de un Dios que lo gobierna, es el Creador que nos ha plasmado con su sabiduría divina y nos ha concedido el don de la vida para conservarlo. Un don que nadie tiene el derecho de quitar, amenazar o manipular a su antojo, al contrario, todos deben proteger el don de la vida desde su inicio hasta su muerte natural. Por eso, condenamos todas las prácticas que amenazan la vida como los genocidios, los actos terroristas, las migraciones forzosas, el tráfico de órganos humanos, el aborto y la eutanasia, y las políticas que sostienen todo esto.

Nosotros pedimos a todos que cese la instrumentalización de las religiones para incitar al odio, a la violencia, al extremismo o al fanatismo ciego y que se deje de usar el nombre de Dios para justificar actos de homicidio, exilio, terrorismo y opresión. Lo pedimos por nuestra fe común en Dios, que no ha creado a los hombres para que sean torturados o humillados en su vida y durante su existencia. En efecto, Dios, el Omnipotente, no necesita ser defendido por nadie y no desea que su nombre sea usado para aterrorizar a la gente” (DOCUMENTO SOBRE LA FRATERNIDAD HUMANA POR LA PAZ MUNDIAL Y LA CONVIVENCIA COMÚN. Abu Dabi, 4 de febrero de 2019. Firmado por: papa Francisco; Gran Imán de Al-Azhar Ahmad Al-Tayyeb).

Este documento denuncia la situaciones que afectan la “unidad humana” en vistas a un fin que nos permitan cuidar, cultivar y desarrollar la vida de todos y todas, de cada ser viviente que habita esta CASA COMUN.

El documento denuncia lo que está destruyendo la “fraternidad humana”, señalando el sistema político, económico y religioso que han construido los grupos de poder en el mundo. Hay que estar claros que, sin hacer un análisis profundo y honesto de realidad no podemos comprender las causas que están destruyendo el planeta con toda la comunidad de vivientes. Este sistema económico, neoliberal-globalizado, genera empobrecimiento, exclusión, destrucción y explotación de la vida en todas sus expresiones. La situación degradante y asesina que vivimos en estos momentos proviene de un sistema, de una estructura de poder político, económico y religiosos, es decir, es todo un aparataje que se maneja desde los que gobiernan los estados, en servil unión de los dueños de los grandes grupos monopólicos financieros, los grupos de empresarios extractivistas que explotan y contaminan la Tierra, los grupos del crimen organizado y los grupos militares violatorios de los DDHH.

La denuncia está bien puesta, es hacia los grupos que son la minoría, que gobiernan de manera despótica y represivamente los países, y al mismo tiempo explotan los bienes naturales que son patrimonio de las grandes mayorías.

La religión tiene una finalidad: acrecentar, cuidar y proteger la vida, para que abunde, se recree y evolucione la vida. Sin vida no hay alimentos, sin vida no hay religión, sin vida no hay iglesia, sin vida no hay pueblo, sin vida no hay ecosistemas y biodiversidad. La religión cristiana es sencilla y radical: está basada en cuidar, proteger y acrecentar la vida, para que sea abundante como lo propuso Jesús (Jn 10).

René Arturo Flores, OFM

#FrayAnselmo

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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.