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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.

  • Fr. Mauro Iacomelli, OFM.

LA MUERTE Y LA RESURRECCION DE JESUS NOS HAN SALVADO ¿Cómo?


Fr. Mauro Iacomelli, OFM.

1ª PARTE

1. Algunos representantes religiosos del pueblo hebreo, con la complicidad de los Romanos, quisieron la muerte de Jesús. Los hebreos fueron los autores intelectuales de la muerte de Jesús, los Romanos fueron los ejecutores políticos y materiales.

2. No fue un plan del Padre el que Jesús muriera crucificado para pagar la deuda de nuestros pecados, como se ha ido transmitiendo desde siglos. Dios no quiere la muerte de nadie, mucho menos la del ser humano más inocente. ¡La muerte es su enemiga! Dios nos ha creado con ternura para que viviéramos felices para siempre (cfr. Sab. 1, 12- 15), y a Jesucristo lo ha creado para que tuviera vida en plenitud para Él y para todos y todo: “En Él, por Él y para Él todo ha sido creado” (Ef. 1, 4-10 y Col. 1, 15-20). Dios no ha creado la muerte, como no ha creado el infierno. En los primeros seis días de la creación fueron creadas todas las cosas y la primera pareja humana; entonces, no existía la muerte, todo era vida y felicidad; la muerte, que es desorden total y ausencia de vida, entró en el mundo por el pecado de Adán y Eva, es decir, por el trastorno causado por ellos, al querer tratar la creación no al modo de Dios, que la había hecho con sabiduría y amor, sino a modo de ellos, que no conocían las cosas en su estructura interna. Ese mal uso de la libertad los afectó profundamente a ellos y a sus descendientes. Constituyó el desorden original.

3. La muerte, junto a todo lo que hace sufrir, es enemiga de Dios. Por las muchas citas bíblicas y del Magisterio, pongo aquí sólo una de San Pablo (1 Cor. 15,26 y 27): “Está dicho que (Cristo) debe ejercer el poder hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies, y el último de los enemigos sometidos será la muerte”. Y, por el Magisterio ordinario de la Iglesia, pongo aquí lo que dijo el Papa emérito Benedicto XVI, el 30.01.2013, comentando el segundo renglón del Credo “Creo en Dios todopoderoso”; dijo así: “la omnipotencia de Dios (que es omnipotencia en el amor) al odio asesino responde con el amor ... y así, la muerte (al final) será finalmente, derrotada, la gran enemiga, será devorada y privada de su veneno”. Dios Padre, pues, no usó el servicio de su enemiga para implementar sus planes de amor y de vida.

Evidentemente, repugna a la razón el que la muerte de Jesús fuera planeada por Dios Padre. Es contradictorio exaltar el heroísmo del Hijo a costa de la crueldad del Padre (cfr. Discurso de San Leonardo de Porto Mauricio, en: “Teología del gusano, autoestima y evangelio”, Cap. 3. José-Vicente Bonet. Ed. Sal Terrae). La Voluntad de Dios, siempre y para todos, es que amemos y quedemos fieles en el amor (no la de que Jesús muriera desangrado en la cruz). Esto es lo que decimos en el Padre Nuestro, esto es lo que Dios pide a la pareja conyugal, al Religioso que hace los votos, a los padres y a los hijos. Este es el criterio para discernir la Voluntad de Dios en las varias circunstancias de la vida. Esto proclamó Jesús entre lágrimas de sangre en el huerto de Getsemaní. “Padre, si es posible, pase este cáliz, pero si no es posible, hágase tu voluntad”; lo que es legítimo interpretar de la siguiente manera: “Quiero hacer tu Voluntad, Padre, a pesar de mi temor y tristeza, quedando fiel en el amor, habiendo asumido en el Bautismo la tarea de implantar tu Reino, para salvación integral de la humanidad, la cual finalmente podrá saber dónde encontrar el camino, la verdad y la vida hacia tu Casa bendita” (cfr. El hijo pródigo).

4. Entonces, si la manera con que nos ha salvado Jesús, no fue la de pagar por nosotros al Padre ¿CÓMO NOS HA SALVADO JESÚS? Tiene sentido responder uniendo 5 modalidades:

a) Revelándonos y aplicándonos de forma visible la misericordia invisible del Padre, siendo íesús la imagen visible del Padre invisible; de una forma análoga a la que Jesús contó en la parábola del Hijo pródigo. Es como cuando un acreedor le perdona la deuda a un deudor suyo, ¿cómo lo hace? Simplemente aplicándole su misericordia, perdonando la deuda con palabras como éstas: “Ya no tienes deuda conmigo, te la perdono porque te tengo un amor compasivo y misericordioso, y mi misericordia supera infinitamente la justicia humana”.

Es oportuno aclarar el significado de la palabra SALVAR. No es de sacar a alguien por el pelo porque se está ahogando, sino que tiene el significado etimológico de SALUD-DAR; con el tiempo, la U se cambió en V (la u-ve), se quitó la d por mejor sonido y quedó SALVAR (= LLENAR DE VIDA DIVINA y VOLVER A LLENAR DE VIDA DIVINA, cuando se haya perdido por el pecado). En adelante, la palabra salvación la usaremos con esta acepción etimológica. La Historia salutis empezó con la creación de la naturaleza humana de Jesús, en la cual se encarnó el Verbo, al inicio del mundo. En la persona de Jesús, por la cual persona y para la cual persona todos hemos sido creados y salvados, y redimidos (habiendo ocurrido el pecado). Redimidos = vueltos a ser llenados de vida, gratis, por pura gracia.

b) Venciendo definitivamente la muerte, que nos había arrebatado la vida divina, por ser fruto del pecado y de sus consecuencias (cfr. St. 1,12ss). La muerte ya no nos tendrá esclavos para siempre.

c) Jesús nos ha salvado también presentándose a la humanidad como CAMINO, VERDAD Y VIDA; el que lo sigue a Él encontrará la Casa del Padre y así se salvará.

d) Otra forma de decir que Jesús nos ha salvado, con toda su vida y especialmente con su muerte y resurrección puede ser la siguiente: ¡Donde hay amor, allí está Dios, porque Dios es amor! A más amor más presencia salvadora de Dios. El egoísmo mata y el amor salva. Poco egoísmo mata poco y poco amor salva poco; mucho egoísmo mata mucho y mucho amor salva mucho; el máximo egoísmo de los fariseos (que concentró y simbolizó todo el egoísmo humano) mató al mismo autor de la vida, pero el infinito amor de Jesús, hombre-Dios, salvó a toda la humanidad. En Jesús estaba presente el mismo Dios-Padre y el Espíritu Santo, con su amor infinito y gratuito; por eso, en las expresiones amorosas de Jesús, hombre-Dios, en toda su vida y más visiblemente en su pasión y muerte, estuvo presente Dios con todo su amor salvador. Todo lo que hizo Jesús durante su vida era signo de esta realidad de la salvación (cfr. Jn. 2,11). ¡La humanidad, en Jesús, fue inundada por el infinito amor salvador de Dios. En la pasión amorosa de Jesús y en su resurrección, ¡el amor infinito y gratuito de Dios habló fuerte y definitivamente!

Y así, la humanidad, por la muerte y resurrección de Jesús, estaba definitivamente salvada! (= llenada de nuevo de vida integral).

e) Finalmente, Jesús nos salvó haciendo brotar dentro de nosotros la Esperanza (cfr. Spe salvi, Benedicto XVI), dándonos la buena noticia (eu-angelion=evangelio) de que Dios es amor infinito, incondicional y gratuito (cfr. Parábola del Hijo pródigo, Le. 15); y que los pobres son sus preferidos (cfr. Le. 4,16). Esta noticia invita a buscar al Padre, como el amor del padre de la parábola animó al hijo a volver. El amor de Jesús nos habría igualmente salvado muriendo de otra manera, como por ejemplo, cayendo agotado de cansancio para ir anunciándonos el camino, la verdad y la vida. Pues, lo que nos ha salvado ha sido su amor; la crucifixión ha sido circunstancial.

*** Y así: ¡La salvación objetiva ya ocurrió! ¡Ya está! La humanidad está salvada!

Lo que queda por hacer es que cada ser humano, para hacer suya la salvación, exprese su libre voluntad de querer recibir esa gracia salvadora, con las obras buenas; siempre, aún antes de la aparición visible de Jesús, y, después de su venida visible; también con los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía. ¿Cómo expresar esta voluntad? ¡Viviendo con los mismos sentimientos de Jesucristo! Siguiendo al Señor, en todo nuestro camino (de conversión) hacia la “casa” del Padre (cfr. El Hijo pródigo).

NOTA - Reconoceremos a Tesús salvador cuando se nos perdonen los pecados (=¡la gran deuda nuestra!- cfr. Jer. 31,34; Mt. 9, 2; Le. 23, 43 y otros), es decir, cuando se nos aplica personalmente la misericordia del Padre (ver una vez más la parábola del Hijo pródigo. ¡El hijo de la parábola quiere primero “confesarse”!

5. ¿Por qué ha llegado hasta nosotros la interpretación pecado-céntrica, de que Jesús nos podía salvar solamente derramando su sangre y que así lo había planeado el Padre para que se le pagara la deuda? Porque fue una interpretación del XII siglo, de San Anselmo, obispo de Canterbury, Inglaterra; fue una interpretación que parecía resumir la interpretación tradicional de ciertas citas bíblicas y de cierta tradición. San Anselmo hizo el siguiente razonamiento: el ser humano ha pecado y por sus ofensas tiene que pagar un precio adecuado. Sin embargo, siendo limitado, ningún ser humano habría podido dar un pago satisfactorio a Dios; entonces, la única opción era que el Verbo se encarnara y que pagara Él el precio a Dios. De allí que se ha acostumbrado decir que Jesús pagó por nosotros el precio del pecado, derramando su sangre preciosa. Esta ha sido la interpretación anselmiana de la Redención, y la teología que ha sido hecha propia por el Magisterio en todos estos siglos. Sin embargo no es la única interpretación posible. De hecho, con lo

dicho anteriormente, se propone otra interpretación, que nos parece más acorde con la razón y con la Revelación interpretada en su conjunto; especialmente a la luz de la parábola del Hijo pródigo (del Padre amoroso). En ésta, aparece un padre (Dios) que no exige algún pago al hijo pecador: su amor es incondicional y gratuito. Salva al hijo simplemente aplicándole su incondicional amor, su misericordia (rahamim= amor de entrañas). De la misma manera, Dios nos salva, simplemente aplicándonos a cada creatura su amor gratuito, su misericordia. Lo hace mediante el amor visible de Jesucristo; que es el primer creado, la fuente de toda vida y el representante de toda la humanidad, nuestro pontífice (=puente entre Dios y nosotros). Él nos ensena el camino hacia el Padre, que es misericordia, amor gratuito. De esta manera, el ser humano obtiene la vida en plenitud, y la recupera cuando la pierda.

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