• Fr. René Arturo Flores, OFM

SISTEMATIZAR EXPERIENCIAS: UNA OPORTUNIDAD PARA RECREAR NUESTRA PRÁCTICA PASTORAL


“Sistematizar es…un camino que se hace a pie, andando con otros que caminan, que siendo diferentes tienen el mismo horizonte: es andar libres por la creación entera. Solo andando se conoce, solo pensando el camino recorrido y el modo de andar, es que reconocemos con alegría el camino para volver a andar”. René Arturo

Toda experiencia es fruto de la vida misma, es decir, de diferentes elementos humanos y culturales, de sinergias y relaciones interpersonales, de situaciones geográficas y de contextos. Sin partir de humanos en constante relación, o sin tomar en cuenta las personas concretas que viven en realidades propias, no se puede hablar de sistematización de experiencia; por eso es fundamental partir y comprender las dinámicas complejas que se están dando entre humanos que están en un momento histórico, junto con otras criaturas que habitan esta CASA COMUN.

Veamos algunos aspectos relevantes de la sistematización de experiencia, que nos pueden motivar como agentes de pastoral que realizamos la misión en estas tierras centroamericanas.

Una experiencia Latinoamericana

Resaltando un poco los orígenes, partamos que, “la sistematización de experiencias se ha desarrollado en América Latina desde la década del 70 para articular los procesos de reflexión teórica a la cualificación de las prácticas sociales, desde algunas Organizaciones no gubernamentales y espacios educativos informales, en la Educación Popular. Más recientemente en experiencias educativas formales. Sin embargo su conceptualización se ha desarrollado desde fines de la década del 80 y principios del 90” (la sistematización de la práctica del trabajo social. Rosa María Cienfuegos Gil. Argentina. 1999).

Para Oscar Jara, pionero en la sistematización de experiencias, considera que el contexto socio-político o geo-político de América Latina, entre esos años ya citados, caracterizado por luchas reivindicadoras en búsqueda de una sociedad justa y equitativa, expresadas en procesos revolucionarios tanto en el ámbito social y como religioso; fueron el caldo de este inicio de un pensar la realidad, a partir de la experiencia de grupos sociales organizados o no, que junto con la academia universitaria, donde surgieron corrientes teóricas innovadoras, basadas en una práctica pensante que incide y transforma la realidad. Estas corrientes señaladas por Oscar Jara, son: el trabajo social reconceptualizado; la Educación de Adultos; la Educación Popular; la Comunicación Popular; el Teatro del Oprimido; la Teología de la Liberación; la Teoría de la Dependencia y la Investigación Acción participativa. También es bueno tener en cuenta, algunos teóricos-prácticos de esta propuesta: Paulo Freire, Enrique Dussel, Gustavo Gutiérrez (La sistematización de Experiencias. Práctica y Teoría, para otros mundos posibles. Oscar Jara H. San José, Costa Rica. 2012. Capítulo I).

Teniendo en cuenta este contexto histórico que hizo surgir con propiedad científica e investigativa, metodológica y procedimental la sistematización de experiencias, acerquémonos primero, a algunos elementos de su enfoque epistemológico.

Características epistemológicas y prácticas de la sistematización de experiencias

En toda sistematización de experiencia:

Se parte de una dinámica del accionar reflexivo, analítico y comprometido del agente que interviene en la realidad, haciéndose parte del colectivo y de su experiencia, con sentido de compromiso con esta experiencia que está cargada de sueños, horizontes y sentidos de vida. El agente o profesional se debe dejar afectar por la realidad.

Retoma el proceso de empoderamiento de los participantes del colectivo; donde el equipo se autocomprende, reflexiona y determina el proceso que está desarrollando en dicha práctica, con los aciertos y desaciertos, los logros y limites, los posibles caminos para la sostenibilidad del futuro. Sin el involucramiento participativo y comprometido de los agentes de la experiencia investigada, no puede haber sistematización.

Se realiza en un proceso dialectico entre: teoría y la práctica, organización y acciones populares, entre lo político y lo ético, entre lo subjetivo y colectivo, entre la construcción y descontrucción de conocimiento, entre desaprender y aprender, entre aciertos y desaciertos históricos.

Se da un proceso de aprender juntos, de repensar y recrear como colectivo, reconociendo los conocimientos adquiridos, valorando los pasos históricos que se han realizado, recreando los conocimientos aprendidos, retomando el proceso de la práctica en dicha experiencia como el punto de partida y de retorno a la misma experiencia.

Tendrá un enfoque de educación popular, investigativo y científico; donde el aprendizaje es procesual y dinámico, con métodos y herramientas acordes a los objetivos planteados, buscando recrear conocimientos desde y a partir de la realidad; con la participación activa de cada uno de los involucrados como sujetos de la misma acción, siendo conscientes de su propio aprendizaje, en reflexión crítica y dialogo colectivo permanente con la realidad que se está transformando.

Se tiene que concretar y visibilizar en un escrito, que expresa dicha experiencia con sus conocimientos adquiridos y procesos operativos que transforman la realidad: donde la palabra comprendida y reflexionada se vuelve escritura; donde la escritura expresa un conocimiento práctico y dinámico de la misma vida.

Tiene un dinamismo entre experiencia y comunicación; que implica el desarrollo de una comunicación dialógica entre los mismos participantes, con otros actores y con la sociedad a la que pertenecen y están buscando transformar a condiciones más humanas y con mejor calidad de vida.

Utilidad y finalidad de la sistematización

Seguiremos lo planteado por Oscar Jara, que lo resume en cinco campos:

  1. “Para comprender más profundamente nuestras experiencias y así poder mejorarlas.

  2. Para intercambiar y compartir nuestros aprendizajes con otras experiencias similares.

  3. Para contribuir a la reflexión teórica con conocimientos surgidos directamente de las experiencias.

  4. Para retroalimentar orientaciones y directrices de proyectos o instituciones grandes a partir de los aprendizajes concretos que vienen de las diversas experiencias particulares.

  5. Para fortalecer la identidad colectiva de una institución u organización”. (Oscar Jara. 2012. #102-103).

Si tomamos en cuenta estos campos sobre la utilidad de la sistematización de experiencias, nos ayudaría mucho a retomar desde una perspectiva reflexiva y crítica, nuestras experiencias pastoral o comunitaria. Hay que reconocer que en nuestro caminar pastoral o comunitario nos hace falta mucho: pensar y sentir colectivamente lo que estamos realizando, cómo lo estamos haciendo, qué estamos aprendiendo, cuáles son los aspectos más significativos, y hacia donde nos conduce esa experiencia. Surge en un salto algunas preguntas, que posible no nos la hacemos: ¿comprendo lo que estoy haciendo? ; ¿dejo hablar la realidad en toda su complejidad? ; ¿Valoro los aprendizajes y conocimientos surgidos en el camino de la misma experiencia? Estas son interrogantes orientativas para ayudan a ver en forma reflexiva e intuitiva, lo que estamos realizando en lo cotidiano y sobre lo planificado (si es que planificamos).

Práctica pastoral y sistematización

En nuestra práctica pastoral o comunitaria hacemos evaluación de lo planificado o de acciones concretas que se dan en un tiempo determinado. Pero debemos tener en cuenta que la evaluación es parte de un mismo proceso de investigación y reflexión crítica de la experiencia que está aconteciendo.

Oscar Jara, plantea que la sistematización, la investigación social y la evaluación: “todas ellas contribuyen al mismo propósito general de conocer la realidad para transformarla y las tres se sitúan en el terreno del conocimiento”. “…Se retroalimentan mutuamente y que ninguna sustituye a la otra, por lo que deberíamos ponerlas en práctica todas. No podemos prescindir de ninguna si queremos avanzar con relación a los desafíos teóricos y prácticos…Tanto la evaluación como la sistematización suponen realizar un ejercicio de abstracción a partir de la práctica o desde la práctica. Pero mientras la sistematización se va a centrar más en las dinámicas de los procesos y su movimiento, la evaluación pondrá más énfasis en los resultados que se alcanzaron o no” (Jara. Capítulo IV. 2012).

La sistematización e investigación están totalmente integradas, la sistematización de experiencias parte de la experiencia local, acompañada de una reflexión crítica y conocimiento sintiente de la realidad, con un claro y decidido compromiso transformador de la experiencia, y al mismo tiempo que accedemos a diversos conocimientos que la misma práctica con toda la complejidad está aportando en el camino.

Los agentes de pastoral (laicos, religiosas, frailes o párrocos), tienen que ser investigadores que se encuentran inmersos de manera pensante y reflexiva en la realidad donde se está dando la experiencia. Que el agente de pastoral sea consciente de su rol de investigador, es una tarea de aprendizaje, disciplina, perseverancia y pasión por lo que se está construyendo; al mismo tiempo es una acción que solo se puede hacer colectivamente, es decir, con otros que son protagonistas en la misma experiencia. Jara resalta en su libro de sistematización, lo planteado por Alfonso Torres y Candales, donde cita que “las prácticas investigativas están impregnadas de subjetividad, al igual que todo esfuerzo por pensarla”. Son subjetividades cargadas de sueños, imaginarios, esperanzas y horizontes que está presente en toda experiencia colectiva.

El agente pastoral, tiene que ser consciente de su mundo interno (mundo vital), que implica la subjetividad que lo define, y al mismo tiempo tomar en cuenta que está compartiendo subjetividades con otros que son parte de la misma experiencia.

Otro elemento que acompaña la sistematización, es la formación. El aspecto formativo está siempre presente en todo proceso de investigación y sistematización como acción de pensar la realidad. La formación nos lleva a una posición crítica y reflexiva de la misma realidad. Lo formativo es inherente a todo proceso de sistematizar, debido a todos los recursos, herramientas e instrumentos que intervienen en los encuentros que propician o han propiciado la experiencia misma.

Como bien lo dirá Barnechea y Morgan, “la sistematización de experiencias pretende ordenar, procesar y hacer comunicables los conocimientos adquiridos en éstas. La concebimos entonces como la reconstrucción y reflexión analítica sobre una experiencia, mediante la cual se interpreta lo sucedido para comprenderlo. Ello permite obtener conocimientos consistentes y sustentados, comunicarlos, confrontarla con otras y con el conocimiento teórico existente, y así contribuir a una acumulación de conocimientos generados desde y para la práctica.

Por un lado, se asume que quienes producen conocimientos sobre una práctica son, a la vez, actores/as de la misma.

Se parte de la unidad entre sujeto y objeto del conocimiento: el/la sistematizador/a pretende producir conocimientos sobre su propia práctica, sobre sí mismo/a y su acción en el mundo (que transforma su entorno y lo transforma a él/ella); forma parte, entonces, de aquello que quiere conocer y desarrolla ahí una acción intencionada que busca la transformación” (María Mercedes Barnechea García; María de la Luz Morgan Tirado. “El conocimiento desde la práctica y una propuesta de método de sistematización de experiencias. Lima. 2007).

Retomemos esto otro que plantea Barnechea y Morgan, en relación al sentido y trabajo en equipo, ellas dicen que “al obtener el equipo una visión común sobre el proceso vivido, sus aciertos y errores, sus límites y posibilidades, la sistematización aporta una mayor cohesión y coherencia grupal, dándole así un rol en la autoformación de las personas que desarrollan la intervención. De otro lado, a partir de los aprendizajes obtenidos, contribuye a superar el activismo y la repetición mecánica de procedimientos que alguna vez tuvieron éxito. Estos aprendizajes también sirven de apoyo para reorientar el trabajo o para desarrollar nuevas intervenciones en situaciones similares” (Barnechea y Morgan. 2007).

“Todo proceso de sistematización de experiencias, tiene que apuntar a visibilizar los procesos de transformación que la misma experiencia genera. Además de recrearlos y reflexionarlos con los mismos protagonistas, que tomen consciencia de lo transformador del proceso, de los horizontes hacia donde están apuntando, del recorrido que han realizado. La transformación es el elemento que muestra saberes que se generan en la práctica, en el caminar, en la misma experiencia. Sin encontrar el proceso y el dinamismo transformador de la experiencia, la sistematización es pura recopilación y ordenamiento de datos de la misma experiencia” (Oscar Jara. 2012).

Todas estas características o elementos fundamentales de la sistematización están al alcance de un agente de pastoral: estar y participar en la experiencia, tener memoria histórica y conocer el contexto; sentir, reflexionar y pensar de forma crítica y reflexiva sobre ella; construir un sentido de equipo con los y las protagonistas de la experiencia; ahondar en los significados, reconocer los aprendizajes que se están dando, al mismo tiempo que devolvérselos a todos los involucrados, generando una comunicación dinámica; teniendo siempre la convicción de que la sistematización busca transformar y recrear la realidad.

Toda sistematización de experiencia se expresa en un la escritura, que trata de llegar por medio de un modo literario a comunicar dicha experiencia con toda su riqueza humana y social, es transformar por escrito un recorrido vivencial y comunitario.

Todo el que inicia un proceso de sistematización, entra en una dinámica de transformación interna creativa que lo hace cambiar y reconstruir sus contenidos, principios y sentires en relación consigo mismo, con el grupo con quienes participa de la experiencia y con todas las criaturas en esta Madre Tierra.

#Pastoral #Sistematizar #Iglesia #Fe #Evangelización

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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.