• Henri Morales

Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC) una respuesta pastoral actual.


Fr. Anselmo Maliaño Téllez OFM

Hay que tener presente que el rostro de la vida religiosa franciscana se expresa fecundamente en la vivencia de los valores bíblicos de JPIC (Jr 22, 3), en donde cada consagrado fiel a su vocación y misión responde a las necesidades urgentes de la Iglesia y de la sociedad actual, desde la diversidad de carismas y ministerios. Empezamos reafirmando que el hermano Francisco de Asís, contempla estos valores en los misterios de la Encarnación y la Eucaristía (primado de la persona y de la creación –comunión-) y se compromete históricamente en la construcción de una sociedad diferente (ser instrumento de paz y reconciliación en el mundo). En el “Cántico de las creaturas”, el Poverello nos invita a contemplar y retener del Evangelio estos valores esenciales, y los propone como una tarea impostergable para todos: hombres y mujeres impulsados a evangelizar, él mismo a lo largo de su vida se siente protagonista de estos valores, y por tanto un infatigable mensajero del don la paz. Al hablar de Vida religiosa, y de manera específica del carisma franciscano encarnado en cada uno de sus miembros, se descubre que en cada hermano y hermana no sólo un esfuerzo mayor sino un potencial evangélico para vivir y promover la identidad del carisma, favoreciendo una profunda comunión fraterna y una sincera corresponsabilidad en la misión apostólica –evangelización compartida-, pues siempre hay que estar abiertos para atestiguar los valores del Evangelio, priorizando desde la vida en fraternidad qué más podemos hacer por el bien (edificación) de la misma Iglesia y de esta manera, evitar el peligro de la autoreferencialidad. En este espacio vital, es importante tener en cuenta la creatividad de la dinámica pastoral, para emprender otras experiencias importantes (renovaciones pastorales) en este sentido hablo del proyecto pastoral de la “Laudato Si”, que también debe ser parte del proyecto fraterno de vida y misión. Esta Encíclica hay que analizarla como un “signo de los tiempos” en medio de esta sociedad que evidencia un terrible drama: “el ecocidio despiadado”, entre otros problema sociales. Una de las formas de evangelización es a través de un programa pastoral que urge de una cooperación animosa y de un diálogo fraterno de Familia Franciscana para promover el sentido de pertenencia e identidad al carisma franciscano y asumir compromisos ecológicos concretos en esta obra eclesial. Así, pues, animado por una caridad pastoral y desde la frescura del Evangelio, el Papa Francisco ha promovido esta iniciativa pastoral novedosa para que sea cuidadosamente llevada a cabo no sólo en los planes pastorales, sino en una praxis de renovación pastoral o “giro pastoral” tan necesaria hoy en día, con el objetivo de buscar soluciones a los graves problemas ecológicos que nos aquejan, y de comenzar a generar otras propuestas o alternativas desde un proceso de concientización y de permanente discernimiento para contribuir de esta manera a detener y contraponernos incluso a leyes que legalizan el deterioro ambiental que nos afecta a todos. Indudablemente, este desafío pastoral implica que es necesario una reevaluación de nuestros planes o programas pastorales, inclusive programas de Formación Inicial, Proyectos de Fraternos de Vida y Misión, para afirmar la convicción de un “giro pastoral” en toda su dimensión eclesial, que significa una receptividad a estos valores evangélicos y una defensa de los mismos, una formación continua que ayude a cultivar un espíritu profético, misionero y ecuménico. En síntesis, es necesario una revisión de las mismas presencias (fraternidades, parroquias, rectorías, obras sociales, colegios) y otros servicios, los cuales deben de ser potenciados para ser más eficaces en la evangelización y promoción de una espiritualidad de la comunión, desde la cual se nos debe interpelar continuamente. Si bien es cierto, que la Familia Franciscana de la cual hoy se habla más (fraternidad que se manifiesta siempre como familia) es una llamada a todos para mantener y promover la dimensión misionera que es “la fidelidad al propio carisma”, esto exige mayor compromiso en algunas tareas, como lo es JPIC, y por ello, se debe prestar un especial cuidado en la formación y en la defensa de estos valores, ampliar la mirada en el “cuido” de todo lo creado. La identidad franciscana nos ofrece recorrer el camino hacia una ecología integral y un ecosistema del corazón. Es decir, un nuevo camino hacia una ecología de los sentimientos, de las emociones y de las pasiones que anidan en el corazón de la persona; por eso, es importante el abrazar al otro –como lo hizo Francisco con el leproso- para “restituirlo todo” y renovar la centralidad de la misión en la Iglesia. No basta estar convencido de los valores de la vida abrazada, todo es diferente desde la cercanía y desde el coraje evangélico de amar y de llevar con mayor protagonismo el anuncio de la paz y la conversión ecológica. Con la Encíclica “Laudato sí”, poco a poco ha crecido en algunas áreas de la Iglesia el espíritu misionero y profético, además de un deseo profundo de dar una respuesta concreta a los desafíos sociales, en gran parte denunciando aquellos que son culpables de tanto deterioro ambiental. Algunos grupos pastorales se han hecho cargo de esta tarea con propuestas renovadoras, pero también muchas personas que no pertenecen a los grupos o movimientos de la Iglesia, han valorado la Encíclica y han visto en ella una fuente de indicaciones proféticas y tareas para responder a las necesidades que más nos agobian hoy. Algunas de estas organizaciones nos llevan la delantera en estos temas cruciales, no lo podemos negar, de esta forma vemos necesario incrementar en las etapas formativas un proceso de discernimiento que nos lleve a primar el bien de la misión de la Iglesia, que es la responsabilidad de cuidar la vida, de cuidar el planeta, de cuidar la tierra ante toda amenaza que haya. Además, la encíclica papal “Laudato si” nos está desafiando a dar un paso más, con el deseo de establecer prioridades pastorales en el ámbito de JPIC, y deben de ser la pieza clave para lograr una innovación evangelizadora y pastoral. La crisis medioambiental (deterioro ecológico) es en verdad un nuevo desafío a la pastoral de la Iglesia para que todos trabajemos apostólicamente, y frente a esta realidad necesitamos nuevas respuestas pastorales, las cuales no deben de ser aisladamente, sino desde un fundamento, y en esto el Papa Francisco nos ha ofrecido esta Encíclica clave y de gran utilidad para llevar adelante un análisis de los principales problemas ambientales. Sin embargo, el documento no es solo para analizar estas problemáticas sino sus consecuencias sociales, razón por la cual nos invita a mirar más allá de nuestro horizonte, y tener de esta manera el coraje de promover constantemente nuevas iniciativas apostólicas. Es obvio que es ahí mismo en donde van a hacerse patentes tantas limitaciones humanas (egoísmos, individualismos, orgullos, LS 217), sin embargo, también es una buena oportunidad para vivir en gracia y reconciliación. Las Congregaciones que pertenecen a la Familia Franciscana y que están asociadas con sus presencias en las Asambleas del Centro de Espiritualidad Franciscano, están invitados a vivir su eclesialidad, es decir, participando comprometidamente en esas nuevas iniciativas e integrando su espiritualidad en todos aquellos aspectos ecológicos, pequeñas tareas quizás, pero que preparan para el conocimiento del carisma y ayuda a deshacer equívocos, prejuicios, exclusiones, etc; haciendo más fácil la coordinación en la pastoral e inclusive en el mismo carisma franciscano. En este sentido sería bueno intensificar más foros de reflexión, más participación en las comisiones de la Conferencia de Vida Religiosa y también de las Episcopales, formar algunas comisiones para tratar más a fondo estos temas y sobre todo, que en las cuestiones sociales más candentes nos ayuden a discernir y orientar las actividades pastorales de JPIC. Es importante reconocer que estamos viviendo nuevos tiempos y ellos exigen nuevas tareas de evangelización que son pruebas de nuestra propia conversión: las buenas relaciones humanas (fraternas) y espirituales predispongan a asumir otras tareas aún más complejas, otros compromisos que constituyen profundamente un signo y un testimonio vivo de los valores del reino de Dios. En conclusión, el valor de este documento papal es recordarnos que el nuestro es un tiempo de alcanzar “conversión ecológica” (LS 217-218), es un tiempo fecundo de aprendizaje “leer los signos de los tiempos” (LS 84. 178. 179. 182), de “testimonio evangélico” (LS 209), de un nuevo diálogo (LS 3. 14. 15), de cambios de rumbo (LS 53. 202) para dejar otro mundo (LS 160. 164), y a la vez actuar responsablemente en el cuido de todo lo creado (Casa Común). Hoy más que nunca el Papa Francisco, nos pide unidad y no división (LS 240), comunicación fluida y sincera, búsquedas de formas adecuadas para hacer llegar el mensaje a todos, ya que todos estamos invitados a orientar nuestros mejores esfuerzos para posibilitar la renovación de la misma Iglesia y de la sociedad. Finalmente, en otros documentos importantes encontramos expresiones como: liderazgo, renovación, hacer el bien , o búsqueda del bien común, clamor de la tierra, clamor de los pobres (LS 49) alegría y autenticidad, escucha del espíritu, libertad de espíritu, eco-espiritualidad, ecología integral, compromiso coordinado, madurez eclesial; son expresiones tan actuales y llenas de significados para seguir formulando interesantes propuestas pastorales que a mi parecer, llevarlas a la práctica, es el momento más adecuado para impulsar una fecunda contribución al bien de la misma Iglesia y de la Vida religiosa, de manera específica, franciscana, en su compromiso fundamental de los valores de JPIC, de la que derivan todos los demás. Señala claramente Fr. José Carballo: “La espiritualidad que alimenta nuestra vida y misión evangelizadora nunca es ajena a la vida de nuestros pueblos y lo que la afecta. La llamada justicia ambiental, la no violencia activa, los refugiados, los emigrantes, los sin tierras, las minorías étnicas, e, uso ético y solidario de las fuentes financieras o la epidemia del VIH-SIDA son realidades entre otras muchas que tiene que ser llevadas a la oración y discernidas en nuestra práctica cotidiana de la lectura orante de la Palabra de Dios. Los valores de la justicia, la paz y la integridad de la creación, que son valores de cepa evangélica, deben hacerse naturalmente presentes en nuestra vida de oración y devoción al igual que en la vida cotidiana y en el ejercicio de nuestros ministerios. Estamos llamados a construir puentes de dialogo, de encuentro, de reconciliación y de paz; a ser mensajeros de la cultura de la vida en todo el arco de su desarrollo; a ser, en fin, custodios de la esperanza”.

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El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

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