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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.

Urge una verdadera fraternidad humana

Recientemente el papa Francisco realizó un encuentro y visita “fraterna” con algunos líderes políticos y religiosos de Oriente, específicamente Emiratos Arabes Unidos con el tema de la visita “Haz de mí un canal de tu paz”, en ese contexto surgió el, “DOCUMENTO SOBRE LA FRATERNIDAD HUMANA POR LA PAZ MUNDIAL Y LA CONVIVENCIA COMÚN”.

 

“La fe lleva al creyente a ver en el otro a un hermano que debe sostener y amar. Por la fe en Dios, que ha creado el universo, las criaturas y todos los seres humanos —iguales por su misericordia—, el creyente está llamado a expresar esta fraternidad humana, protegiendo la creación y todo el universo y ayudando a todas las personas, especialmente las más necesitadas y pobres.

“La Fraternidad Humana”, es un documento pensado con sinceridad y seriedad para que sea una declaración común de una voluntad buena y leal, de modo que invite a todas las personas que llevan en el corazón la fe en Dios y la fe en la fraternidad humana a unirse y a trabajar juntas, para que sea una guía para las nuevas generaciones hacia una cultura de respeto recíproco, en la comprensión de la inmensa gracia divina que hace hermanos a todos los seres humanos.

 

Documento

En el nombre de Dios que ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos, para poblar la tierra y difundir en ella los valores del bien, la caridad y la paz.

En el nombre de la inocente alma humana que Dios ha prohibido matar, afirmando que quien mata a una persona es como si hubiese matado a toda la humanidad y quien salva a una es como si hubiese salvado a la humanidad entera.

En el nombre de los pobres, de los desdichados, de los necesitados y de los marginados que Dios ha ordenado socorrer como un deber requerido a todos los hombres y en modo particular a cada hombre acaudalado y acomodado.

En el nombre de los huérfanos, de las viudas, de los refugiados y de los exiliados de sus casas y de sus pueblos; de todas las víctimas de las guerras, las persecuciones y las injusticias; de los débiles, de cuantos viven en el miedo, de los prisioneros de guerra y de los torturados en cualquier parte del mundo, sin distinción alguna.

En el nombre de los pueblos que han perdido la seguridad, la paz y la convivencia común, siendo víctimas de la destrucción, de la ruina y de las guerras.

En nombre de la «fraternidad humana» que abraza a todos los hombres, los une y los hace iguales.

En el nombre de esta fraternidad golpeada por las políticas de integrismo y división y por los sistemas de ganancia insaciable y las tendencias ideológicas odiosas, que manipulan las acciones y los destinos de los hombres.

En el nombre de la libertad, que Dios ha dado a todos los seres humanos, creándolos libres y distinguiéndolos con ella.

En el nombre de la justicia y de la misericordia, fundamentos de la prosperidad y quicios de la fe.

En el nombre de todas las personas de buena voluntad, presentes en cada rincón de la tierra.

En el nombre de Dios y de todo esto, Al-Azhar al-Sharif —con los musulmanes de Oriente y Occidente—, junto a la Iglesia Católica —con los católicos de Oriente y Occidente—, declaran asumir la cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio” (DOCUMENTO SOBRE LA FRATERNIDAD HUMANA POR LA PAZ MUNDIAL Y LA CONVIVENCIA COMÚN. Abu Dabi, 4 de febrero de 2019. Firmado por: papa Francisco; Gran Imán de Al-Azhar Ahmad Al-Tayyeb).

Este es un documento trascendente, tanto en el caminar como Iglesia católica, como para la humanidad en general, con un decidido enfoque que integra al mismo tiempo una perspectiva humanista y religiosa. Es un documento que expresa la sed de unidad con la motivación de recrear y cuidar la vida en el planeta.

Resaltamos inicialmente dos aspectos, el primero su sentido de “fraternidad humana”, esto pone en relieve el significado simbólico y práctico de la palabra “hermano y hermana”, que tanto estamos usando en las iglesias cristianas, no solo en la católica.

El sentido de la palabra “hermana” tiene sus raíces en la misma Creación, todos los vivientes venimos de una intención amorosa que tuvo el Creador, donde dar vida es la intención principal, donde generar y cuidar la vida es la misión; somos hermanos y hermanas por compartir un mismo fin: el vivir cuidando, cultivando y haciendo habitable este planeta tierra dado a nuestra responsabilidad (Gn 1-2). La igualdad nos viene de ser creaturas que compartimos una misma CASA COMÚN, siendo todos en igualdad vivientes. Es la necesidad fundamental y trascendente de vivir lo que nos hace iguales en todo y con todos los que habitamos en el planeta.

El segundo aspecto, es que el documento resalta una autoridad colectiva donde sobresalen nombrados: el Dios creador, lo más inocente y genuino de los humanos, las grandes mayorías de empobrecidos, de los excluidos, marginados en la sociedad, y de la población entera; también, en nombre de la libertad, la justicia y la misericordia que son la fuerza que mueve a las luchas con esperanza. Al final, este documento está dirigido a todo hombre y mujer de buena voluntad.

 

La unidad de los humanos junto con toda la creación, es un canto nuevo y que renueva la vida, esta unidad, siempre afectará los intereses de los grupos que manejan el poder político, económico y religioso en las distintas culturas. Por eso se grita y canta en América Latina: ¡el pueblo unido jamás será vencido!

 

René Arturo Flores, OFM

 

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