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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.

La santidad de San Francisco Solano.

August 7, 2018

 

Nació en Montilla, Diócesis de Córdoba, en 1549. A los 20 años ingresó en la Orden de Frailes Menores. Fray Francisco Solano, era un sacerdote franciscano austero y humano, alegre y profundo, maternalmente compasivo y servicial, simple y poderoso al mismo tiempo. Fue maestro de novicios y Guardián en varios Conventos. Llegó a estas bellas tierras del sur –Cartagena, Colombia- en el año de 1589, a la edad de 40 años. De allí prosiguió hasta Nombre de Dios, en Panamá, región que atravesó a pie para llegar a las costas del Pacifico. En 1589, navegando hacia el Perú, después de un pavoroso naufragio, conservados salvos todos los náufragos, entre ellos 80 esclavos negros, se constituyó en padre y protector de aquellos náufragos y convirtió y bautizó a los negros. Al llegar a Lima fue destinado a Tucumán, a tres mil kilómetros de distancia; atravesó los Andes a pie o en una pobre cabalgadura. Fundó las misiones, ejerciendo un difícil pero fecundo apostolado entre los indígenas, de los cuales se constituyó en evangelizador, civilizador, pacificador y defensor.
 Su deseo más grande era padecer el martirio, en esto y en otras cosas más, se asemeja al ideal que San Francisco encarnó. Era bastante enfermizo, su vida fue un martirio constante y un reflejo de la cruz de Cristo, sin embargo,  no dejaba de caminar largos recorridos a pie o a caballo. Para él la fatiga y el deterioro del cuerpo eran instrumentos válidos de apostolado. La clave de su vida era la oración, es decir, el trato íntimo con Dios, la enfermedad nunca fue obstáculo para entregarse de lleno a la oración. 
Su oración es preferentemente de alabanza. Ante la Virgen María de la Iglesia de Trujillo (Perú) salta y canta como un enamorado, y así fue su vida, de cantarle coplas a la Virgen y al Niño Dios, de repetir incansablemente con gran ternura variadas jaculatorias, en especial “Bendito sea Dios”; “Dios mío, tú eres el creador, el rey, mi padre, tú eres mis delicias, todas mis cosas”… se reconfortaba pronunciando himnos de alabanza en honor de la bienaventurada Virgen María. Su espiritualidad es típicamente “seráfica”, expresada en una dimensión humana y poética. “Amen a Dios, hijos amen a Dios”… ese espíritu festivo y jovial del cual nos hemos distanciado.
Llegó hasta las tribus más indómitas y guerreras, apaciguando a todos con su predicación sencilla y tocando los instrumentos musicales que llevaba. Al igual que San Francisco el “juglar de Dios”, siempre con un ánimo exultante y esperanzador, Fray Francisco Solano, es llamado el santo que canta y danza, porque es a través de la música, de la flauta, del violín y la chirimía que se acerca a los indígenas. Es decir, evangelizó alabando a Dios y divirtiendo a los oyentes con su alegre música…
Es llamado el Apóstol del Perú, de la Argentina, de América. También se le llamó “el taumaturgo del nuevo mundo”, por la cantidad de prodigios y milagros que se le atribuyen. Sin embargo, este Santo no escribió nada, a excepto de dos cartas que se conservan, no inventó métodos misionales, ni construyó Iglesias, como lo hicieron otros misioneros franciscanos.
Una de sus primeras misiones fue de doctrinero de Esteco o Nuestra Señora de Talavera, y lo primero que hace es buscar un lugar para orar en soledad, una celda para hacer penitencia y para el encuentro íntimo con Dios, alternando de esa manera la oración y las rudas penitencias, haciendo crueles disciplinas y ásperos silicios, muchas veces se disciplinaba hasta desangrarse. Sin embargo, esta vida de austeridad y todo ese ambiente penitencial que vive no le deshumanizan en nada, sobre todo en su opción por los pobres y marginados de Esteco. A los indígenas los evangeliza con su ejemplo y con su bondad. Siempre estuvo dispuesto a servir y sobre todo a ocuparse de la conversión de los indígenas. Ejerce su ministerio itinerante, yendo de un lugar a otro, y así llegó hasta Paraguay y Buenos Aires, en donde se le recuerda con mucha veneración hoy en día.
Fray Francisco ciertamente gozaba del don de lenguas, pues predicaba a todos en su propia lengua y con gran libertad de espíritu, aunque algunas lenguas indígenas  le llevaron cierto tiempo de aprendizaje.
Se mostró abierto y sumamente respetuoso con las diferentes culturas y con los indígenas en base a su opción clara y decidida por los más pobres y su dignidad, no impone asentamientos (reducciones o doctrinas), pues ama la libertad como don de Dios. No estaba de acuerdo en que ellos –los indígenas- pagaran tributo a los encomenderos y en determinados momentos no duda ni tiene miedo de amonestar a los encomenderos en público. Es decir, en su prédica rechazó la explotación del hombre por el hombre, del más fuerte hacia el más débil, pero también rechazó la explotación de la naturaleza. Porque estos hombres en verdad se habían alejado de un estilo de vida auténticamente humano. Un biógrafo del santo nos cuenta un relato que ilustra de mejor manera como Fray Francisco no cerró los ojos ni su boca ante esta realidad:
…“San Francisco Solano les habló cariñosamente. Los indios le expusieron entonces sus quejas diciendo que, además de haberse apropiado de sus tierras, los españoles los vejaban y maltrataban, por lo cual querían vengarse y darles muerte. Pero ante la persuasiva promesa de que serían destituidas las autoridades, se aplacaron las iras de los calchequíes, quienes se retiraron pacíficamente a sus campamentos… y San Francisco cumplió su palabra… cuando llegó a La Rioja, fue invitado a comer en casa de un encomendero muy rico que explotaba a los indios y los trataba cruelmente. Sentado a la mesa, tomó un pan y lo apretó entre las manos. Ante la extrañeza de los comensales, del pan brotó sangre. Se puso entonces de pie, y en actitud de marcharse, dijo con voz amarga y enérgica: -No comeré nunca a la mesa en que se sirve pan amasado con la sangre de los humildes-” .
Fray Francisco como buen misionero franciscano, procedió en todo con justicia y misericordia. En Trujillo visitaba el hospital dos o tres veces cada semana, en Lima conforta a los indios enfermos del hospital y visitaba a otros enfermos sirviéndoles con gran solicitud. Predicador enérgico e inspirado: predicaba en los hospitales, en las cárceles, en las esquinas de las calles, en los ángulos de la plaza mayor. Rompe a llorar en los pulpitos mientras proclama el amor y el dolor de Cristo Crucificado. Siempre predicaba con un crucifijo en la mano, logrando grandes frutos de conversiones.
Los dos últimos meses de su vida, una larga enfermedad lo mantuvo postrado en el lecho del dolor, sometido, además, a grandes padecimientos y fiebres abrazadoras, sin embargo, practicó de modo eminente la virtud de la paciencia. Sus últimos días fueron de total contemplación y éxtasis continuos. La última noche, cayó en profundo éxtasis, y los presentes creyeron que expiraba, pero se rehízo, y después recitó el salmo: Que alegría cuando me dijeron ¡vamos a la casa del Señor! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Desde este momento hasta el instante supremo de la muerte, sufrió un cambio misterioso, apareciendo su rostro hermoso, radiante, transparente, risueño, y su espíritu transpiraba jubilosa paz, gozo y serenidad. A los 61 años de edad muere santamente el día 14 de julio de 1610, en Lima, Perú, con los ojos vueltos a un crucifijo y sus últimas palabras fueron: “¡Glorificado sea… Dios!”.
El proceso de beatificación se abre a los 15 años de su muerte en 1625. Cuatro años después, en 1629, la ciudad de Lima, Perú, lo declara su Patrono a devoción del pueblo. En 1726, el Papa Benedicto XIII lo proclama santo .
Reflexión personal
1.    San Francisco Solano nos presenta un modelo de sencillez y entrega generosa a los más pobres. ¿Cómo me siento en la vivencia de estos valores evangélicos?
2.    ¿Qué interés y deseo ha crecido en mí a lo largo de la formación inicial y permanente para evangelizar las culturas indígenas?
3.    ¿He puesto los dones y las gracias que el Señor me ha regalado al servicio de la misión-evangelización?
4.    ¿Cómo promover y apoyar desde mi fraternidad la dimensión profética en este tiempo tan necesaria?

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