• Blanca Facebook Icono
  • Twitter Icono blanco
  • Blanco Icono de Instagram
Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.

Obras acerca de la vida del Arzobispo salvadoreño Monseñor Oscar Arnulfo Romero (1917-1980) En la actualidad la historia sobre Mons. Romero se comparte de muchas formas. Se cuenta en libros, revistas, videos, pinturas. En realidad existen muchos documentos que abordan con profundo interés el itinerario biográfico del IV arzobispo de la Arquidiócesis de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero. En verdad, la persona de Mons. Oscar Arnulfo Romero ha llamado la atención de periodistas, escritores, investigadores y artistas contemporáneos debido a la relevancia que tuvo su figura religiosa y política para la historia de El Salvador. Una historia eclesial en medio de un conflicto armado, marcado por una “nube de testigos”, mártires que ofrendaron sus vidas por amor al reino de Dios. Estas obras son lecturas obligatorias, son un gran aporte a la historia porque hay que encender en la juventud ese interés y sentirse atraídos sobre todo, para conocer más de cerca la vida y muerte del obispo Mártir, icono del crucificado. Estas publicaciones ofrecen una semblanza fiel de su persona y de su Ministerio pastoral, además, abordan con profundidad el conflicto sociopolítico de la época. Una crisis humanitaria que generó una confrontación entre hermanos, una cultura de muerte, inestabilidad social: miles de refugiados, exiliados y sobre todos miles de muertos y desaparecidos. Estas son las obras que evocan la memoria del Arzobispo Mons. Oscar Arnulfo Romero A nivel de escritores extranjeros entre las principales obras sobresalen siete, con los siguientes títulos: 1). C. Díaz, Monseñor Oscar Romero, Madrid, 1999; 2). Roberto Morozzo , Oscar Romero, un obispo entre guerra fría y revolución, Madrid, 2003; 3). Douglas Marcouiller Sj, El sentir con la Iglesia de Monseñor Romero, Santander, 2004; 4). Martín Maier, Oscar Romero, Mística y lucha por la justicia, Barcelona, 2005; 5). Roberto Morozzo, Mons. Romero, vida, pasión y muerte en El Salvador. Sígueme, Salamanca, 2010; 6). Alberto Vitali, Oscar Romero pastor de corderos y lobos, Madrid, 2012; 7). M. Lamet- J. Sobrino- J. Brockman , Romero de América (Mártir de los Pobres), Bilbao, 2015. La UCA es también una editorial de la Universidad, que en su amor a los mártires ha publicado varios libros. Los diversos autores tratan de hacer justicia, de hacer historia y que conozcamos esa historia, ese legado de muchos hombres y mujeres que junto a su pastor, entre otros pastores, ofrendaron sus vidas como respuesta fiel al evangelio. Sin embargo, hay que destacar que entre estos muchos escritos, sobresalen su diario personal, sus cartas pastorales y sus homilías (reflexiones de la Palabra de Dios para iluminar la realidad), que develan como señalan algunos teólogos que se han interesado en la vida de Mons. Romero, dos principios fundamentales: misericordia y justicia. En todas sus homilías podemos encontrar que la voz de Mons. Romero estaba comprometida con la justicia, la misericordia y la paz. Estos principios transcendieron a nivel internacional y tenían su fundamento en la Palabra de Dios y en la realidad del pueblo que era masacrado injustamente y desde ahí su opción por el pobre, por el que sufre, asumiendo totalmente su defensa como parte de la misión de la Iglesia. a. Principio de misericordia. Monseñor fue un hombre del Evangelio, un testigo auténtico del Evangelio. No cabe duda que como pastor fue “modelo de misericordia”. Con un amor entregado a todos. Él mismo lo afirmó en una homilía del 16 de febrero de 1979, “mi corazón está lleno de amor para todos”. En la memoria de su corazón jamás olvidó sus raíces sencillas y así vivió siempre con mucha austeridad y sencillez. Un sacerdote que siente compasión de los pobres y por eso fue muy cercano a ellos y animaba a todos, sobre todo a los que tenían más posibilidades a tener un corazón caritativo con los pobres. La misericordia es un don que pone en contacto con la miseria humana, con el dolor y el sufrimiento injusto. Es ese acercamiento a la miseria de tantos hombres y mujeres con un corazón renovado, como afirma hoy el Papa Francisco con “un corazón misericordiado y misericordioso”. Al ser nombrado Obispo auxiliar de San Salvador vivió su sacerdocio y su ministerio episcopal bajo la dinámica de la misericordia y apegado al pensamiento social de la Iglesia. Al ser nombrado Obispo de la diócesis de Santiago de María y asumirla en 1974, en su acción pastoral intensifica su cercanía con los pobres: tres virtudes personales se destacan de su ministerio y su preocupación pastoral: cercanía, escucha y diálogo. De esta manera se da cuenta de la miseria y explotación en que vivía el pueblo. La realidad social de extrema pobreza golpea su corazón, una obra de los religiosos pasionistas, Zacarías Diez y Juan Macho Merino., “En Santiago de María me topé con la miseria”, San Salvador, 1994. Plantean la tesis de la conversión de Monseñor Romero, cuando era Obispo de Santiago de María, sobre todo con un acontecimiento doloroso: La masacre en el Cantón de las Tres Calles, en donde seis campesinos fueron asesinados por la Guardia Nacional, esta masacre tocó profundamente el corazón de Monseñor Romero . Como respuesta a esta grave situación escribe una carta al señor Presidente del país exigiéndole justicia y otra carta a todos los obispos de la Conferencia para que conocieran el hecho inhumano que se había cometido injustamente. “Justificando su accionar ante la Conferencia Episcopal de El Salvador, Mons. Romero establece tres criterios que un obispo debe tomar en cuenta al mensurar su reacción ante un atropello: 1) El prelado debe de optar por la forma “más eficaz” de “deducir responsabilidades y resarcir en lo posible el mal causado”; 2) Debe considerar si o no se ha “implicado directamente en el asunto, problemas de la Iglesia; 3) Debe considerar si o no el Prelado está “seguro de los verdaderos móviles del acontecimiento y de la conducta privada de los interesado” . b. Principio de la justicia: la extrema pobreza, el dolor y el sufrimiento injusto de la gran mayoría del pueblo salvadoreño marcara otro momento de la vida del Obispo, a la luz del documento de Medellín 1968, donde los obispos expusieron a (los pobres y la opción por ellos), Mons. Romero es más sensible a las causas que originan la pobreza en su diócesis y el país, en este proceso de conversión, de búsqueda de mirada atenta a los signos de los tiempos. Frente a los crímenes desapariciones y torturas de muchas personas humildes y sencillas, Monseñor Romero le escribe cartas a los obispos de la Conferencia Episcopal, las cuatro cartas pastorales , y sobre todo una carta privada al señor Presidente de la Republica exigiéndole justicia. Su ministerio episcopal está marcado por esta búsqueda de la justicia, constituyéndose así un gran defensor y promotor de la justicia en un país marcado por tantas injusticias. La justicia es el fundamento de la “verdadera paz”; sin embargo, la injusticia que vive el país fundamenta una “paz ficticia”, que no es la “verdadera paz” que se basa en la justicia. El 22 de febrero de 1977, Mons. Romero asume como Arzobispo de la Arquidiócesis de San Salvador, pocas semanas después es asesinado su amigo el padre jesuita Rutilio Grande (12 de marzo), este hecho violento toca más de cerca la vida y corazón del Arzobispo. Nuevamente escribe una carta privada al presidente de la República pidiéndole una explicación; excomulgó a los culpables, rompió relaciones oficiales con el gobierno, hizo públicas sus demandas en el caso, y presidió una “Misa única” en la Catedral. Algunos autores señalan que este acontecimiento golpeó y transformó profundamente el corazón de Mons. Romero, y además se le considera como el punto de conversión, pues se enfrenta proféticamente con los de “corazón endurecido”. Ante esta situación social conflictiva Monseñor Romero siente que hay más necesidad de justicia y paz, y la Iglesia tiene la tarea de ser protectora de la dignidad de toda persona, de todo hijo e hija de Dios y debe de denunciar todo tipo de violencia y atropello a esa dignidad; el Arzobispo afirma contundentemente este desafío: “Que sean sacerdotes de su tiempo, que sean sacerdotes que defiendan los derechos de Dios en medio de los hombres que son imagen de Dios, que sean verdaderamente los heraldos de un evangelio del que Cristo dijo: “La verdad os hará libres”. Homilía de Pentecostés, 28 de mayo de 1977. Ante la represión y persecución de la Iglesia y del pueblo, sobre todo los crímenes cometidos especialmente en contra de los sacerdotes, religiosas, catequistas y líderes sociales, Mons. Romero en sus homilías afirmó: “El magisterio de la Iglesia siempre será perseguido, no tenemos que extrañarnos de llamar a la Iglesia: perseguida, si es una de sus notas históricas y los sacerdotes tenemos que estar dispuestos al martirio, a la persecución…”. Ibíd… Monseñor incrementa más su actitud profética a favor de la justicia, como pastor del pueblo crucificado afirmaba decididamente: “Si uno vive un cristianismo que es muy bueno, pero que no encaja en nuestro tiempo, que no denuncia las injusticias; que no proclama el reino de Dios con valentía, que no rechaza el pecado de los hombres, que consiente, por estar bien con ciertas clases, los pecados de esas clases, no está cumpliendo con su deber, está pecando, está traicionando su misión” Homilía del 21 de agosto de 1977. Y unos meses más tarde preocupado por esa manera de vivir el cristianismo y la misión de la Iglesia afirmará: “Y únicamente, puedo afirmar, como pastor, que hemos de cuidar que la justicia, el respeto a la dignidad de los hombres, aunque sean los más humildes trabajadores, sea respetada, porque así es la voluntad del Señor” Homilía del 16 de octubre de 1977. Y así, unos días después, Mons, Romero en su lucha a la injusticia y el sufrimiento que esta provoca, dirá: “El pastor tiene que estar donde está el sufrimiento. Y yo he venido, como he ido a todos los lugares donde hay dolor y muerte, a llevar la palabra de consuelo para los que sufren”. Homilía del 20 de octubre de 1977. Indudablemente, su lucha ante la desigualdad, la injusticia que sigue generando más dolor y los sufrimientos del pueblo crucificado siempre se reflejaban en sus homilías: “El pueblo de Dios es la mayoría despojada de su dignidad y de su vida por el pecado del mundo que la crucifica. Más concretamente, el pueblo de Dios es el “pueblo crucificado”. Homilía del 24 de marzo de 1978. Consiente de esta crisis, se lanza sin miedo a la defensa de los derechos de Dios, de la dignidad de los pobres y la urgencia de la conversión, en donde señala que el predicador no busca el conflicto, sino quitar el pecado del mundo. “Esto es bien difícil, porque predicar la virtud ante el vicio es provocar conflictos con el vicio; predicar la justicia ante las injusticias y los atropellos es provocar conflictos. El Evangelio que la Iglesia predica siempre provocará conflictos”. Homilía del 22 de abril de 1979. A medida que la represión continua del pueblo y la persecución de la Iglesia católica fueron aumentando, estas experiencias dolorosas hicieron más fuerte el profetismo de Monseñor Romero, y su opción preferencial por los pobres y comprende realmente que su deber pastoral y evangelizador es: “Denunciar todo aquello que sea un mal para el pueblo”. Homilía del 17 de febrero de 1980. Su denuncia profética estaba caracterizada por no evadir la realidad sino compartir con el pueblo aquellos acontecimientos reales que afectaban la vida de las personas y también del país. Romero siempre veía la necesidad de la conversión no solo de los que estaban haciendo tantos males, sino de la misma Iglesia. Sabía que la falta de conversión debilita la tarea misionera de la Iglesia; una Iglesia que no denuncia los pecados, las maldades y los abusos en contra de los más débiles de la sociedad, afirmará “no es una auténtica Iglesia de Cristo”. Como hemos visto en sus escritos, la denuncia profética está enmarcada en el principio de misericordia y de justicia. A Mons. Romero, le interesa siempre la vida de cada persona, y cuando es victimizada, se solidariza y le llama por su nombre, de esta manera hace justicia a muchas personas sacándolas del anonimato. Mons. Romero es el portavoz de la misericordia y la justicia, como pastor recogió el sufrimiento del pueblo y exigió que fueran respetados sus derechos y su dignidad de personas. El compromiso con la justicia es insustituible del de los pobres y el cristiano debe de trabajar por la justicia Su tarea pastoral siempre fue una denuncia incansable del mal ejercido por la injusticia, sus homilías siempre señalaron donde estaba la injusticia estructural. El corazón de Mons. Romero estalló de misericordia aquel 24 de marzo, víspera que es fuente pascual de la que mana la justicia generadora de vida. “Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos, y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios, que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación”. Homilía del 23 de marzo de 1980. “San Romero de América ruega por Nosotros”.

 

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

You Might Also Like:

Edifica tu casa sobre la roca (I Jueves de Adviento)

December 5, 2019

La Fiesta en el Monte del Señor

December 4, 2019

1/15
Please reload