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Sobre Nosotros

El 6 de Junio de 1987 la Orden, bajo la autoridad de Fr. Jon Vaugh, Ministro General, erigió como Provincia nuestra entidad que siguió rigiéndose por los documentos elaborados durante la Vicaría. La Provincia inicia bajo el gobierno elegido el año anterior y cuenta con 360 hermanos entre ellos 155 hermanos de profesión solemne y un obispo, distribuidos en 50 fraternidades, destacando el trabajo parroquial, pero en vistas a abrir caminos en fraternidades insertas en medios populares y zonas de conflicto.

 

© 2017 por Fr. Henri Morales. Curia Provincial, Frailes Franciscanos.

Se puso en camino para encontrarse con el Sultán de Egipto

El encuentro y la escucha de la palabra de “Cristo crucificado” en San Damián que le envía a reconstruir la Iglesia, el encuentro, abrazo y beso al leproso (aproximadamente en 1205), el encuentro con el Evangelio (1208), que alimentó su pasión por la evangelización, el encuentro con el lobo de Gubbio a quien llama hermano, el encuentro con el Sultán de Egipto en Damieta (1219) y el encuentro en el monte Alverna con Cristo crucificado de quien recibió las sagradas llagas; son realmente una “escuela de santidad”…

 

Reflexionar cada uno de estos encuentros fraternos y auténticos diálogos nos sirve de gran ayuda para seguir buscando lo que deberíamos ser por vocación y misión. Como franciscanos y franciscanas este es un camino a recorrer, un camino de santidad, el camino evangélico del testimonio de vida de San Francisco y Santa Clara. 

 

Para el Poverello de Asís la misión se configura en función de estas exigencias de alteridad, iniciativa, apertura, ternura[i][1], abrazo, hospitalidad, respeto y diálogo que nos impulsan al encuentro auténtico con el “otro” -el leproso-,con el hermano, que en principio evita todo sometimiento y violencia; y que desde ahí es considerado realmente como un “Evangelio viviente”[2] y por ello, el punto de referencia para la fraternidad[3], que jamás puede estar replegada sobre sí misma, sino que debe acercarse más y estar al servicio de los que sufren y son marginados por la sociedad[4].

 

Una de las características fundamentales de los primeros hermanos menores es que viven en penitencia y comunión con los sufrimientos de Jesús pobre y crucificado[5], en escucha asidua de la Palabra[6] y siempre en “salida”, van de dos en dos por las diversas partes del mundo[7], acogiendo fraternalmente a todos. En los escritos del santo, sobre todo en las reglas (textos legislativos) nos encontramos con dos términos importantes que son: “envío” o “ir” por el mundo. Para los hermanos “ir entre sarracenos y otros infieles” (Rnb XVI, 1-7), es priorizar la experiencia de una vida auténticamente misionera, dando testimonio sin “imponer” la religión, más bien comprometidos con la salvación y liberación histórica de la humanidad.

 

En este “ir”, Francisco no sigue la dinámica de los cruzados, es decir, de la ideología militar que siempre lleva a una polarización aguda, sino el camino del Evangelio, que es la Buena Nueva de la paz y que ocupa un lugar importante en la vida del hermano y de la fraternidad siempre urgida de este anuncio.

 

El franciscano es siempre un enviado por los diversos caminos del mundo, esa es nuestra vocación evangélica “seguir las huellas de Nuestro Señor Jesucristo”, hasta identificarnos profundamente con los misterios de Cristo Jesús. Seguimiento y evangelización nacen de una continua contemplación, de una vida de penitencia y minoridad para anunciar a todos la paz (1Cel 23).

 

El sentido de la misión

 

Históricamente, nos encontramos con dos mundos profundamente enfrentados; el tema de las cruzadas y de la liberación de los santos lugares exigía violencia y lucha armada con el fin de reconquistarlas. Sin embargo, Francisco movido por “inspiración divina”, va con otra perspectiva, otro deseo, otra idea que es una propuesta creativa y radicalmente evangélica –cambio de estructura-, cambios que serán evidentes con una visión esperanzadora y de un sentido escatológico. San Buenaventura así lo afirma: “protegido no con el poder de las armas, sino con la coraza de la fe”[8]…

 

La condición de “ir por el mundo” como “peregrinos y forasteros” no es ir en contra o movido por un afán de conquista, de muerte y victoria, sino que plantea que la misión es el reflejo auténtico de la desapropiación y el camino para alcanzar el martirio -según San Buenaventura-, y sobre todo la paz que es la participación en el cuido de la vida, encuentro con el otro –sarracenos-, con el leproso, con el hermano lobo y con la misma creación. 

 

Las cruzadas eran una empresa militar-espiritual que los papas promovieron en la Iglesia desde el siglo XI, en oposición de los musulmanes que se habían apoderado de los santos lugares, y por esa razón, todos debían de predicar las cruzadas a sus súbditos y pedir que participaran efectivamente como soldados[9]para recuperar los santos lugares.

 

Los historiadores señalan que el Sultán Malek el-Kamel, ofrecía paz a los cruzados, sin embargo, el delegado papal de las cruzadas no estaba dispuesto a negociar la paz. Al fin, la derrota del ejército cristiano se hizo efectiva en Damieta, tal como lo predijo el santo[10]. No obstante, se establece una tregua de paz provisional entre los cristianos que habían sido derrotados y los musulmanes… durante este espacio de paz establecido, tuvo lugar el famoso y significativo encuentro[11] entre San Francisco y el Sultán en el año de 1219, en la ciudad de Damieta.

 

Cruzar a la otra orilla

 

Este episodio histórico de esta quinta cruzada ha suscitado y sigue suscitando muchas preguntas y cuestionamientos a la Iglesia. En general, hay muchos escritos e interpretaciones, sin embargo, hay que tener en cuenta la finalidad –fidelidad de Cristo hasta la muerte- con la que Francisco va entre los musulmanes y sobre todo la importancia de “ir” a dialogar con el Sultán y plantearle la necesidad de que la guerra desaparezca y crear así un mundo de paz, otro mundo posible…

 

En medio de una crisis de violencia, de guerras, Francisco actúa como un heraldo de la paz de Cristo; para San Buenaventura, Francisco es “enviado no por hombre alguno, sino por el mismo Dios altísimo”[12]. Y así, empujado por la fuerza del Evangelio, no por la espada ni por las armas, es portador de una iniciativa espiritual de paz verdadera, de reconciliación y del amor de Dios para todos.

 

En efecto, Francisco, es protagonista de una nueva misión y visión: de construir la verdadera paz y representa a la vez la importancia de contribuir siempre a la paz en medio del conflicto, inclusive para la misma Iglesia pues a través de las armas o de la guerra solo se llega a la destrucción y a generar mucha más violencia y muerte.

 

No podemos olvidar que Francisco y su compañero son recibidos por el Sultán con benevolencia, el beato Tomas de Celano afirma “lo recibió con los más encumbrados honores” (1Cel 57b); es cierto, que Francisco no va al Sultán con superioridad, como a un enemigo que hay que derrotar y tampoco el Sultán se siente amenazado, sino que observa en Francisco a un hombre auténticamente libre, sin miedos, sin prejuicios, que predica de verdad el amor -no violencia- y la paz. En realidad, es el encuentro entre dos culturas, dos formas de ver la vida y de celebrar la fe… que se esfuerzan en favor de asegurar la paz.

 

Curiosamente, entre ambas personas se genera un diálogo recíproco, fecundo, una amistad espiritual que promueve el respeto mutuo[13], un cambio genuino de estructuras. Ante todo, es un encuentro real entre dos religiones que, a través del valor de la paz como un gesto humano de buena voluntad se puede vivir sin condicionamientos y se debe evitar tanta sangre inútilmente derramada. 

 

Por último, el Papa emérito Benedicto XVI, al referirse a este tema afirma: “el encuentro de san Francisco con el sultán “es un modelo en el cual también hoy deberían inspirarse las relaciones entre cristianos y musulmanes: promover el diálogo en la verdad, en el respeto recíproco y en la mutua comprensión”[14].

Acertadamente, el Papa Francisco nos desafía a despertar del letargo y arriesgarnos más, a un continuo salir y desinstalarse, a una revisión de nuestras estructuras y de nuestras vidas para generar cambios evidentes, para dar un nuevo sentido a la evangelización y hacerla posible estando más atentos a responder a la llamada del Señor para que: “¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!” (Evangelii Gaudium n. 80).

 

Preguntas para la reflexión y conclusiones fraternas

  1. ¿Cómo me sentí con estas lecturas? ¿Cómo es mi actitud de diálogo y encuentro con los hermanos de otras confesiones religiosas? ¿Revisar si hay actitudes desproporcionadas o fundamentalistas?

  •  ¿Qué experiencias conozco del “diálogo de la vida”, de la paz, un “diálogo teológico-ecuménico”, un auténtico diálogo hecho encuentro real y concreto? ¿Estoy dispuesto a promover con todo mi esfuerzo estos signos auténticos en estos tiempos de grave peligro para la vida?

  • ¿El carisma franciscano sigue llamando para “ir entre los infieles”, para “ir por el mundo”, cómo descubrir esta idoneidad, cómo poner en práctica mi vocación misionera?

  • ¿Cómo podemos generar iniciativas de estar presente con otros creyentes que trabajan por la justicia y la paz, aun cuando no son de la Iglesia católica?

 

[1] Francisco se desbordaba en ternura por los otros, en especial por los pobres (1Cel 76; 83; 175) abraza con amor a los excluidos, a los crucificados de la historia. Es reconocer la alteridad del otro que revela la verdad del amor vinculada al misterio pascual de Jesús. A través del encuentro, Francisco desarrolla una auténtica “civilización del amor” y de la paz.

[2] El Evangelio es para Francisco un mensaje vivo de amor y de defensa de los pobres. Ante una Iglesia que se ha olvidado del Jesús pobre y crucificado, Francisco desde el seguimiento radical de las huellas de Jesús va a suscitar otras actitudes más humanas y cristianas.

[3] “Francisco, atento siempre a Jesús y al Evangelio, aprendió que ser seguidor de Jesús es vivir con alegría la reciprocidad, vivir los unos vueltos hacia los otros. No hay, pues, fraternidad por el mero hecho de estar juntos. El gozo de la fraternidad existe sólo donde hay alteridad, reciprocidad vital, relaciones interpersonales estrechas, donde los unos puedan vivir volcados hacia los otros, en fraternidad, pues el hermano enviado en misión reconoce la gracia de la fraternidad internacional que lo acoge, evangeliza en fraternidad y minoridad, mirando a todos como hermanos, descubriendo la cortesía evangélica con todos los hombres, de modo que “todos aquellos que vengan a los hermanos, amigos o enemigos, ladrones o bribones, sean recibidos con bondad” (1R VII, 14). Cfr. Manuel Corullón Fernández OFM., Francisco de Asís y el Sultán, Colección hermano francisco minor. n. 14. Ediciones Franciscanas Arantzazu, 2017. Pp. 101-102.

[4] Francisco venciendo sus propios miedos, sale al encuentro del otro: el leproso, el no occidental, el no cristiano y les brinda un abrazo fraterno y un afecto único de hermano. La misión es valorar a la persona en su condición más degradante y miserable, es en otras palabras ya no verlos de lejos, rechazarlo o evadirlo por miedo o prejuicios, es asumir una actitud audaz para derribar esos muros que nos dividen y separan (Ef 2, 14) es emprender el camino de servicio como causa de dulzura que nos conduce al amor con Dios, con el prójimo y con la naturaleza.

[5] “Ciertamente, todo el interés del varón de Dios, lo mismo pública que privadamente, se centró en la cruz del Señor. Y para que el cuerpo quedara marcado exteriormente con el signo de la cruz, impreso ya en su corazón desde el principio de su conversión, envolviéndose en la misma cruz, adoptó un hábito de penitencia en forma de cruz, y así quiso que, como su alma se había revestido interiormente de Cristo crucificado, su Señor, del mismo modo su cuerpo quedara revestido de la armadura de la cruz, y que al igual que Dios había abatido a los poderes infernales con este signo, con él militara su ejército para el Señor”. Leyenda mayor: Milagros 1, 1. San Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la época. Edición preparada por José Antonio Guerra, 2ª Ed., BAC 399, Madrid, 2013, p. 487.

[6] Francisco un día, “al oír que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante, saltando de gozo lleno del Espíritu del Señor exclamó: “¡Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica!”. 1Cel 22. San Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la época. Edición preparada por José Antonio Guerra, 2ª Ed., BAC 399, Madrid, 2013, p. 178.

[7] En 1219, Francisco peregrina a Oriente, los hagiógrafos nos relatan el encuentro de Francisco con el Sultán Malek El-Kamel en Damieta, Egipto. Cf. 1Cel 57; 2Cel 30; LM IX, 7-9. Flor 24.

[8] San Buenaventura: Leyenda Mayor XIII, 3.

[9] El Concilio lateranense IV, en 1215 tomó la decisión de emprender una cruzada armada contra los musulmanes, y así se enfrentan a muerte dos mundos: el cristiano y el islámico. Francisco promueve un cristianismo vivido en autenticidad, al servicio de la paz que va más allá de toda diferencia y respetando toda pluralidad. 

[10] 2Cel 30.

[11] El papa emérito Benedicto XVI, lo describe así: “en 1219, Francisco obtuvo el permiso de dirigirse a hablar, en Egipto, al sultán musulmán Malek-el-kamel, para predicar también allí el Evangelio de Jesús. Deseo subrayar este episodio de la vida de San Francisco, que tiene una gran actualidad. En una época en la que estaba en curso un enfrentamiento entre el cristianismo y el islam, Francisco, armado voluntariamente solo con su fe y su mansedumbre personal, recorrió con eficacia el camino del diálogo”. Francisco un auténtico gigante de la santidad, en Artemio Vítores González., Francisco de Asís y Tierra Santa, Ed PPC, Madrid, 2012, p. 35.

[12] Leyenda Mayor IX, 8. San Buenaventura narra: “Y predicó ante dicho sultán sobre Dios trino y uno, y sobre Jesucristo salvador de todos los hombres con tan gran convicción, con tanta fortaleza de ánimo y con tal fervor de espíritu, que claramente se veía cumplirse en él aquello del Evangelio: “Yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro (Lc 21, 15)”. San Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la época. Edición preparada por José Antonio Guerra, 2ª Ed., BAC 399, Madrid, 2013, pp. 453-454.  

[13] Testimonios extraños y otros fragmentos 10 y 11. San Francisco de Asís. Escritos. Biografías. Documentos de la época. Edición preparada por José Antonio Guerra, 2ª Ed., BAC 399, Madrid, 2013, pp. 967-968.  

[14] Francisco un auténtico gigante de la santidad, en Artemio Vítores González., Francisco de Asís y Tierra Santa, Ed PPC, Madrid, 2012, p. 53.

 

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